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martes, 20 de enero de 2015

Un día de una vida (II parte de “Un… un…”)

—¿Cuándo?

—Mmmm.. pues tampoco lo sé.

—Sí que lo sabes, pero no te apetece decírmelo ahora porque vamos a por la tercera.

—¿A por la tercera?

—¡Jajajajaj! Increíble, lo que pagaría por haberte hecho una foto de la cara que has puesto.

—La cara que tengo, guapa.

—Y lo que a mí me gusta esa carita.

—Ñoñerías mañaneras para empezar el día con energía, ¿eh?

—El día ya lo hemos empezado con energía.

—Y ha sido mi culpa.

—¡Lo reconoces!

—Sí.

—Vale, y tú, ¿qué excusa pones cuando llegas tarde?

—¿Yo? Pues sinceramente, ninguna. Ni siquiera se dan cuenta de que no estoy creo yo.

—¿Cómo puede ser eso?

—Bueno, algo me dijeron el otro día, creo que el jefe me estaba echando una bronca increíble por haber llegado media hora tarde y…

—¿Y ahora me lo cuentas?

—Vamos a ver, tampoco me enteré mucho de la bronca.

—¿No?

—No.

—Fue la mañana de la nata.

—La mañana de la…¡Ah! ¡Jajajajaja!

—Exacto.

—Vale, perdonado entonces, perdonado, indultado, premiado y lo que quieras, porque menuda mañanita…

—¿Y la noche? Te acuerdas de la fon…

—La fondue de chocolate después de que estos se fueran.

—Madre mía menuda nochecita, esas sábanas las tiramos, ¿no?

—No nos quedó otra.

—Buf, lo que fue esa noche eh, jugamos a Michael Jackson, nos hicimos negros y luego poco a poco…

—Poco a poco volvimos a ser blancos

—¡Jajajaja! Pero mucho mejor nuestro método, más barato que la cirugía, sin anestesia, solo con nuestras…

—¡Para que hoy no vamos a trabajar al final!

—¿Y a ti no te dicen nada?

—¿A mí? Digamos que tampoco se dan cuenta, o eso o no quieren decirme nada… Saben que trabajaré para ellos y so buena, creo que ya se lo demostré lo suficiente cuando…

—Sí, cuando tuviste que ir a trabajar. Si no les quedó claro…

—¿Y tú qué hiciste? ¿Qué hiciste mientras?

—Ya lo sabes, cosillas, no parar, te lo iba contando.

—¡Es verdad! ¿Comemos juntos?

—¿En casa? Yo salgo sobre las dos y aún no sé si iré por la tarde o…

—Nos da tiempo, pero en casa no. Me apetece restaurante, de los buenos.

—Nuestros amigos se asustan cuando te oyen decir eso.

—¡Jajajaja! Ya deberían de saber que cuando digo restaurante de los buenos es uno bueno, bonito y barato, y sobre todo tranquilo.

—¿Deberían?

—Sí.

—Sí.

—Oye.

—¿Y si nos vamos?

—¿A trabajar?

—No.

—¿A por el tercero?

—No… bueno sí, también, pero…

—¿A dónde?

—Lejos.

—Lejos, como…

—Lejos.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Un día de una vida (I partede “Un… un…”)

—¿Te acuerdas?

—Claro que me acuerdo, cada día.

—Pero, ¿sabes de lo que digo?

—Estoy pensando lo mismo que tú. Otra vez llegamos tarde.

—Es tu culpa. Siempre tardamos en salir de la cama por tu culpa.

—¿Mi culpa? Bueno… yo… es que me despierto y estás ahí… y…

—Y llegamos tarde…

—Pues sí.

—Pero entonces, ¿sabes de lo que hablaba?

—Hace un año, claro que lo sé.

—¿Un año?

—¡Exacto! Un año desde ese ascensor.

—Un año…

—¿Cómo te sientes?

—Un año…

—Y si lo dices otra vez más ya serán tres.

—¡Jajaja! Perdona, no me había dado cuenta. Sí, me refería a eso. Ya no cogemos el ascensor.

—Lo sé. ¿Para qué?

—No sé, para hablar del tiempo, para conocernos mejor, o incluso si un día se queda parado y estamos solos…

—¡Jajajajaj! Para o tendremos que volver a casa y llegaremos más tarde aún.

—Sí, mejor paro.

—¿Has dejado tú el periódico ese en la mesilla?

—¿Yo? ¿Cuál?

—Uno, abierto por una página en la que ponía algo sobre cuántas veces se hace el amor a la semana y lo que conlleva.

—No sé, ¿qué decía?

—Pues en resumen: cuanto más veces menos estrés, más inteligencia, salud y felicidad.

—Pues no lo he dejado yo, pero…

—¿Pero…?

—No sé, algo tendremos que hacer entonces.

—¡Jajajaja! Y luego dice que llegamos tarde por mi culpa.

—¡Jajajaja!

—Un año del ascensor, de ir al zoo, de tumbarse a mirar estrellas, de sorprendernos cada día, de conversaciones de locos… y de amor, mucho amor.

—Sobre todo mañanas como las de hoy.

—Y dos veces, ¡choca!

—¡Jajajajaja! ¡Idiota!

—Ya sabes que siempre lo fui, te lo advertí. Qué risa, ¿te acuerdas que me hablabas de usted?

-Vaya tela, es verdad… aunque me lo estoy replanteando…

—¿Y eso?

—¡El otro día te vi una cana!

—¡Eh! ¡Jajajajaja! Que tampoco nos llevamos tanto…

—Ni tan poco…

—…

—Te quiero.

—Y yo a ti.

—Me encanta lo bien que lo pasamos, desde el primer momento hasta hoy.

—Bueno, siempre bien…

—¿No?

—A ver…

—¿Alguna vez lo pasamos mal?

—Mal tampoco, pero…

—Madre mía, noticias frescas, a ver, ¿qué me he perdido de esta historia de peli que escribimos cada día con final feliz?

—Lo del final feliz, ya tuvimos que hablar de eso, ¿te acuerdas?

-¡Eh! No vale, esa pregunta era mía.

—Pues ahora te toca.

—Mmmmmm… no sé, ¿cuándo no lo pasamos del todo bien?

—Acuérdate, cuando…

—¿Cuando?

—…