domingo, 28 de febrero de 2016
Y en nuestro porche es más blanca la luna...
jueves, 25 de febrero de 2016
La rueca
sábado, 21 de noviembre de 2015
Miedo a morir
Muerte…
… … … … … muerte… … … … … … … … muerte
… … … … … … … … … … … muerte…
…muerte… … … … … …
¿Dónde?
Olvido, nada, blanco,
pánico, vacío…
… … muerte…
… muerte…
… … … … … … … … muerte… … …
Nadie, miedo, incomprensión,
inexistir, reencarnación,
vaquero, desaparezco.
… muerte… muerte… muerte…
Lloro, amargo,
dolor de estómago, vómito,
pasos, respiración,
taquicárdico…
MUERTE
¿Y si creo?
MUERTE
¿Por qué no puedo?
MUERTE
Solo lloro...
MUERTE…
Lloro solo…
MUERTE
Ya no puedo…
MUERTE…
Yo no quiero.
viernes, 13 de noviembre de 2015
Fugaz conjuro para ser eterno
Conjuro para ser eterno:
Llanto sin pestañeo,
ojo sin párpado,
reloj sin tiempo,
diablo sin infierno,
cuervo sin negro,
toro sin cuerno,
niño huérfano,
loco cuerdo,
llama sin fuego,
apagado deseo,
Morfeo sin sueño,
esclavos con dueño,
fregona sin suelo,
tediosos prospectos,
poeta sin versos,
cobra sin veneno,
coche sin frenos,
resaca, ibuprofeno,
mejillas, besos,
libres, presos,
volcán-hielo,
vivomuerto,
todo,
nada,
eco,
eo
.
domingo, 25 de octubre de 2015
¿Flores para tu tumba?
Cada día, durante años, llevaba flores para tu tumba,
semana tras semana, día tras día,
cada domingo, cada festivo.
Los ramos marchitos por el viento,
los pétalos, esparcidos por el tiempo.
Lágrimas camino al cementerio,
el atasco, las farolas, los paraguas fantasma.
Intermitente limpiaparabrisas, luna empañada,
sol tapado, nubes espesas, gatos no pardos.
Lloré.
Bañé.
Perdí.
Barrí.
Caminé.
Creí.
Cada día, durante años, amanecías feliz con tu sonrisa,
semana tras semana, día tras día,
cada domingo, cada festivo.
Los labios carnosos por el silencio,
las palabras malditas por tus besos.
Risas camino al cementerio,
un paseo, unas pipas, un juego.
Constante viento en tu cabello, luna malvada,
sol eterno, nubes claras, perros callejeros.
Reíste.
Besaste.
Mordiste.
Quisiste.
Engañaste.
Te creí.
miércoles, 14 de octubre de 2015
¿Tú me pides que te escriba poesía?
Tú me pides, blanca, que escriba
los versos en prosa que harán que olvides tu día.
Los mismos versos, la misma prosa,
que arderán durante toda la vida.
Tú me extiendes, temblorosa, valerosa,
tu mano que quiere saltar la verja.
Yo te acerco, noches de desenfreno,
la pala con la que taparemos la fosa.
Te quiero y te quiero llevar al sueño.
Y mi tinta, mi cuento,
lo que llamas mi talento,
te han convertido en musa,
a ti, que nunca creíste ser poesía.
Y yo sé,
desde la primera rima,
a quién se refería Bécquer con poesía.
Me invadiste con tu risa.
Eres suave, eres brisa.
Rozar tu pelo mi mejilla era todo lo que quería.
Y dejé, dejé de escribir poesía,
y empecé, empecé a escribir poesía.
En el cuarto, con los pies dolidos
y cada centímetro de mi espalda molido,
no paraba, aún seguía,
aun viviendo en habitaciones separadas,
yo quería estar contigo,
que me susurraras al oído
que odias la música de Sabina.
Es tarde, por favor,
solo te pido,
que nunca más me pidas que escriba poesía.
Nunca más hagas eso,
no antes sin mirar al espejo
y preguntar al reflejo
dónde está la poesía
pura esencia de mi vida.
martes, 28 de julio de 2015
Tocado y hundido. (II)
Quizás debería de haberos dicho que escribo todo esto mientras decido si meter en la bañera la medusa cofre que compré hace exactamente un mes y trece días. Sí, si habéis visto Siete almas sabréis a qué me refiero. Si no lo habéis hecho, creo que estáis tardando en hacerlo, porque es algo más que una película llena de sentimentalismo —o tal vez no, sois libres de juzgarla como queráis—. Todavía no he sido capaz ni de atreverme a acercarme a llenar la bañera. Necesito tiempo para decidir. El caso es que empecé a colarme en clases. Recuerdo que una de las primeras fue una a la que asistía un amigo que conocí el otoño que pasé estudiando inglés en Bognor. Creo que trataba sobre normas ortográficas o algo así y tuve la mala suerte de que era básicamente práctica. La profesora era un tanto peculiar, daba clase en la universidad, pero vestía con una blanca, como si fuera una doctora, pero de las de verdad, de las que curan, y no de esas otras tantas personas que se hacen llamar doctores por tener un doctorado. Me fastidia mucho ese engaño. Vale, es cierto, pero para la gran mayoría cuando alguien nos habla de un doctor, esperamos que sea capaz de salvar al piloto que se ha atragantado con la aceituna rellena de anchoa y al que la azafata mira y zarandea mientras reclama ayuda. Esta profesora disfrazada de doctora estaba ante una clase de unos ochenta alumnos, uno de ellos era yo, que simplemente me colé, olvidando preguntar antes si podía asistir como oyente. Me integré entre el grupo de los chicos, al lado de mi amigo, aparentando ser un alumno más. Estaba claro, si te cuelas en una asignatura práctica corres el riesgo de que te pregunten y casi fue así. Empezó a interrogar uno a uno a cada uno de esos universitarios y universitarias primerizos, que como buenos principiantes llevaban hechos los deberes. Para mi desgracia preguntaba siguiendo la fila con la mirada y no por los nombres de la lista. Se acercaba mi turno, el chico de al lado contestó y… Y una chica al fondo no tenía muy claro el por qué de la respuesta. Fue mi salvación. Hubo al menos cinco minutos de explicación y cuando dijo que continuáramos corrigiendo, di el testigo a mi colega y conseguí pasar totalmente desapercibido. (Ahora mismo me doy cuenta de que no debería haber desvelado tan pronto lo de la medusa, he quitado bastante tensión y suspense a una historia que aún no puedo ni podríais catalogar en un género concreto sin la posibilidad de equivocaros). La verdad es que los nervios hicieron que me rugiera el estómago y cada vez con más frecuencia. Soy un tipo muy nervioso, por fuera suelo aparentar seriedad —sin ser yo nada de eso— pero cualquier cosa institucional y más relacionada con los estudios académicos me hace temblar, puede que me hayan inculcado demasiado la importancia que puede llegar a tener pasar una prueba con un papel y un bolígrafo y obtener la máxima puntuación. Me preocupaba demasiado por mi expediente, al menos lo había hecho hasta ese momento. Os reiréis si os cuento que pensaba que aquellos que hacían los exámenes con bolígrafo de color negro eran unos locos, porque había leído que según ciertos estudios, el color, el impacto visual importa a la hora de recibir el documento, y el azul creaba relax, disminuía el estrés y no era tan monótono como el negro, vamos, que entra mejor por la vista… En definitiva, tras rugidos y sudores fríos esa clase acabó y no tuve que volver —tampoco tenía ganas— a pasar por aquel sufrimiento de colarme en una clase práctica.
La siguiente clase en la que me colé —también con mi amigo de Bognor— fue una clase de verdad. El profesor, era un profesor de verdad. Creo que trataba sobre literatura, tampoco estuve muy atento a la materia y el profesor tampoco, así que no se puede decir que le faltara al respeto colándome en su clase, porque os puedo prometer que jamás en la vida estuve tan atento. Era un buen profesor, ahora, además, es un buen amigo. Con buen profesor me refiero al profesor que te da consejos para la vida y que puedes decidir cogerlos o dejarlos si te das cuenta de la importancia que tienen, porque a veces, la mayoría, pensamos que ya nos están contando otro cuento, otra historieta, y lo comentamos después entre todos, y nos reímos. Pero no, el profesor, suele saber más que la mayoría de los alumnos. Y no es que me considere del porcentaje de los alumnos que superan al maestro, pero… bueno, es que lo soy, no solo me lo considero. ¿Por qué acabé haciéndome amigo de él? Me entendía, sabía de lo que hablaba y pocas personas en el mundo son capaces de acercarse a esta cabeza loca y sin control que solo puede acabar de una manera. Fue en esa clase, en esa clase me cambió la vida por lo que dijo, por lo que recomendó. Invitó a todo el mundo a llevar siempre con él una libreta y un bolígrafo porque lo que pensamos, lo que se nos ocurre, aparece en nuestra mente en un momento, pero luego vuela, vuela y cuando queremos darnos cuenta ya no es igual. Unos buenos versos, la forma en la que te declararás a esa chica que te gusta, el mejor de los pensamientos y la forma en la que lo desarrollarás… quizás la teoría del todo… cualquier cosa. Cualquier cosa aparece en nuestra mente y si no la materializamos desaparece, ya no es igual, se pierde en ese mundo ficticio en el que todo vive antes de que seamos capaces de transformarlo en realidad. Esa misma tarde, mientras acompañaba a mis padres a hacer la compra, me fui a la sección de papelería de aquellos grandes almacenes y me compré mi primera libreta de bolsillo. Era negra, con las tapas de cuero y las hojas de un amarillo blanquecino y además, llevaba una gomita para que no se abriera. Era perfecta, pero también necesitaba un bolígrafo, para empezar de cero una nueva etapa necesitaba que la base fuera sólida y nueva: compré un bolígrafo negro que ahora siempre está sujeto en la goma de la libreta —todavía inacabada—. Estaba claro, dejaba atrás esa etapa en la que me di cuenta que pensar era una mierda, acabar en el pozo de la desesperación, la tristeza y el sinsentido y empezaba una nueva era, una nueva forma de ver el mundo en el que pocas cosas se me escaparían y en el que podría mirar el mundo con la seguridad de que pocas cosas se me escaparían… También es cierto que en parte se convirtió en mi diario y es que hay momentos, premomentos incluso, que necesitas ver escritos para tener todo más claro o incluso para creértelos, quizás o lea —o mejor dicho, os escriba— algunos de esos desvaríos antes de abrir el grifo…
También hay páginas arrancadas. La primera vez que arranqué una página fue para protegerme de ella… para protegerla o… no sé, para proteger todo lo que nunca fue… Recuerdo aquella página porque la arranqué entre lloros y sollozos y es por eso que aún la conservo, porque intenté quemarla, pero no ardió.
lunes, 1 de junio de 2015
Siempre gana lo cierto
tirando a medio lleno.
Vi la luna plena,
caída, desaparecida, ausencia.
Bebí de la copa de veneno,
asesino, revitalizante.
Volé la cometa
y me cortaron el hilo.
Puse la última carta
del castillo de naipes que se llevó el viento.
Tiro el dado,
siempre sale el tercer seis traicionero.
Y la verdad es que miento,
y el engaño lo cierto.
Nada más contradictorio que tener sentimientos.
Nada más patético que quien es mierda por dentro.
Y el petardo de la caca,
no quieres encenderlo.
Se piensan que es un juego,
se creen dueños de tu tiempo.
Y la máscara sonríe,
mientras por bajo arde el infierno.
Y le hacen vudú a tus muertos.
No eres más, no sois más
que el juguete que pronto olvidan.
Estamos bajo la lupa,
en el punto de mira,
somos aquellas dos hormigas.
Una reina, un obrero,
intentando escribir el cuento.
Y del fondo, del grito, del lamento,
surge la princesa,
surge el príncipe,
no gana el gigante,
no gana el enano,
porque al final
el veneno no hace efecto,
siempre gana el amor,
siempre gana lo cierto.
sábado, 23 de mayo de 2015
La libretita de cuero con goma elástica
jueves, 30 de abril de 2015
Todavía aún recuerdo…
en que cosimos la marioneta favorita de Enare,
con aquel calcetín agujereado
que siempre asegurabas que era tu favorito.
Con aguja, dos botones e hilo,
pronto tuvimos protagonista para tus cuentos.
Y necesitábamos un nombre,
y Enare ni siquiera caminaba,
y tú lógica absurda quiso que le llamásemos Guantes.
Y tú lo movías,
yo cantaba
y ella se quedaba dormida.
Y pestañeamos y ya nos pedía los cuentos,
con sus princesas, sus héroes,
príncipes, castillos y heroínas.
Y volvimos a pestañear
y vinieron esas madrugadas,
en que leía bajo las sábanas
y yo le decía que apagara la luz,
y tú llegabas y, sin que me enterara,
le decías que un poquito más.
Todavía aún recuerdo aquellas tardes
en las que aparecías con ramos de rosas
y me besabas, a traición, por la espalda,
y luego me abrazabas.
Y cambiábamos todas las flores del jarrón
excepto una, azul esperanza,
azul calma.
Todavía aún recuerdo cómo me mirabas,
cómo reías y cómo llorabas
mientras me decías que me querías,
que estabas siempre y estarías,
que siempre nos cuidarías.
Todavía recuerdo nuestro primer beso,
en el que el caballero se quitó el yelmo
para besar a su amada.
Todavía tus latidos en la armadura
y mirarnos y pasear de la mano
por el cauce de aquel río nada vacío.
Todavía recuerdo cómo alquilamos nuestra primera casa
y nos repartimos las cenas,los baños y las escobas…
y el sofá y las primeras películas,
y el fin para siempre de tus noches de insomnio,
y el comienzo de noches locas,
noches de sueños.
Todavía recuerdo aquella primera cosecha,
de un huerto, en el jardín,
junto al árbol que plantamos juntos,
el día que nació Enare.
Todavía recuerdo aquellas noches,
en las que venías a recogerme del trabajo
y traías la cena y acabábamos en las estrellas.
Todavía recuerdo el día en que me dijiste que no me asustara,
que tú no tenías miedo,
que aunque no te viera,
siempre ardería tu fuego.
Todavía recuerdo el día en el que encontré tu libreta,
en la que anticipabas lo que pasaría
y creías vivir diciendo una mentira,
porque sabías, sabías que te irías,
que tu hora llegaría antes que la mía
y me mentías, me mentías a la cara,
diciéndome que siempre estarías.
Y viviste creyendo que me contabas una gran mentira,
a la vez que intentabas buscar la medicina.
Y buscabas la fórmula,
y nos sonreías, nos hacías felices,
nos contabas historias,
nos abrazabas, cosías tus calcetines,
nos apagabas la luz, nos mirabas,
nos querías.
Todavía recuerdo tu última sonrisa,
tu último mal chiste y que nosotros plantamos
un domingo, las flores para tu tumba,
que todos los meses cambiamos,
todas, excepto una.
Todavía recuerdo cómo me enseñaste a escribir poesía
y que me hiciste ver que para algo sí servía,
porque siempre fue tu cura,
tu manera de estar,
de perdurar,
de vivir nuestra inmortalidad.
Todavía recuerdo cómo te miraba cuando me leías
y pensabas que lo hacías mal,
que era una afición absurda.
Todavía hoy aún nos mira,
Guantes, con una sonrisa bien cosida
y te fuiste,
te fuiste sin saber que no nos contaste ninguna mentira,
porque aún estás,
porque ahora,
ahora que soy yo la que escribo poesía,
he de decir, que no nos querías,
que decir eso sería una mentira,
porque lo que tú sentías,
lo que sentías,
nunca fue pasado,
ayer, ahora, y mañana todavía,
digo que nos quieres,
que no mentías,
que ahora y siempre,
eres el amor de mi vida.
lunes, 6 de abril de 2015
Hacer nuestro el tiempo…
Hay veces que queremos parar el mundo,
otras necesitamos acelerar cada segundo,
intentamos hacer nuestro el tiempo,
pero no podemos...
Y nos sentimos perdidos, sin rumbo,
vagabundos sin dueño,
vestidos de duelo,
siguiendo mil sueños.
Perdiendo el norte,
acercando el imán a la brújula,
volviéndola loca,
del norte al sur,
ahora al oeste,
luego al este,
otra vez al sur,
y no hace más que dibujar corazones,
corazones y suspiros helados,
que se calientan,
suspiros hirviendo que se congelan,
y nos dejamos flotar en las mansas aguas de un lago helado,
y nos dejamos quemar en el vivaz fuego del bosque ardiendo,
y tumbados, tirados,
flotando, ardiendo,
consumiéndonos,
aún tenemos fuerza y
entreabrimos nuestros ciegos ojos,
ciegos de lágrimas,
las mismas que congelan el lago
y encienden el fuego,
las mismas que ríen en el infierno
y hacen llorar en el cielo.
Y entonces,
náufrago sin barca,
a la deriva,
dejas de lado a Caronte,
estás por encima
o por debajo,
pero eres algo más
o algo menos,
no lo sabes,
pero no eres eso.
Te dejas llevar, llevar por la corriente,
por el viento, por el hielo,
por el fuego,
por el cielo y por el infierno,
te dejas llevar porque sabes, que al final,
al final no caerás, no hay precipicio,
hay tierra firme y dejarás de ser esclavo del tiempo,
esclavo sin reloj y con cadenas,
las fundirás, lo dominarás,
aunque ahora te dejes llevar,
aunque tengas que dejar el tiempo a lo suyo,
que se dedique a pasar,
al final, al final tu tirarás los granos de arena,
tú llenarás el reloj de cristal,
tú harás la tierra firme y no,
no serás tú, la tierra firme,
la tierra firme sabes dónde está.
sábado, 28 de febrero de 2015
El prospecto. 1
“Pensamientos de suicidio y empeoramiento de su depresión o trastorno de ansiedad. Si usted está deprimido y/o tiene un trastorno de ansiedad, a veces puede tener pensamientos de hacerse daño o suicidarse. Esto puede aumentar al principio de comenzar a tomar antidepresivos, debido a que todos estos medicamentos tardan un tiempo en hacer efecto, normalmente unas dos semanas pero a veces puede ser más tiempo.”
No paraba de releer una y otra vez aquel párrafo de aquel prospecto de aquellas pastillas que le había recetado el médico. Estaba tirado en el suelo, solo, con la espalda contra la pared, una mano apoyada en la cabeza, las gafas en su regazo y la caja de pastillas, en las que solo faltaba una, en su otra mano. El prospecto arropaba su pantalón y le gritaba diciéndole que su estado anímico, que al lugar donde había llegado, hoy en día se le llama depresión y si tomaba aquellas pequeñitas pastillas azules, podría salir de allí. Depresión, de-pre-sión. No era posible, no podía estar metido en esa mierda, él no, a él no le podía pasar eso. Pero ahí estaba, tirado en el suelo, sin recordar cuándo fue la última vez que se duchó o cambió de pijama. Ni siquiera le quedaban platos limpios, la nevera vacía, con medio limón de testigo. El buzón lleno, lo miraba cada día, en busca de aquella carta que le diera algo a lo que acogerse para seguir, pero nada, facturas y publicidad, ni siquiera se molestaba en sacar las cartas del buzón. Llevaba semanas, casi meses, siendo impuntual e ineficaz en el trabajo y ya le habían dado varios toque s de atención, afortunadamente siempre supo disimular muy bien y hacer lo justo para que siguiera pareciendo ante todos que no era de esa clase de personas que necesitaban esas pastillas.
Lo peor de todo era el bloqueo, el bloqueo de todo. Había decidido no destruirse. La primera opción, no recordaba cuándo, pero en el momento en que toda esa mierda comenzó, lo primero que hizo fue darse a la bebida. Se pasaba los días bebiendo y las noches cerrando los bares hasta volver a casa sabiendo que debía de tumbarse de lado porque tarde o temprano vomitaría. No era imbécil y pronto se dio cuenta de no estar solucionando nada. Fue fácil para él dejar de beber, coincidiendo con dejar de dormir. De repente las noches en la cama eran insoportables, necesitaba salir, salir y no parar de caminar. La peor noche fue aquella en la que empezó a caminar y llegó a aquel peñasco, con unas vistas increíbles, unas vistas que dejaron de ser vistas para ver solo la profundidad y que llegaran a su cabeza preguntas como qué pasaría ahora si estuviera él en el fondo del peñasco. Se lo preguntaba constantemente. Cada noche, durante tres meses, estuvo acudiendo allí, pero no supo, nunca supo encontrar una respuesta, el bloqueo seguía, estaba en un punto muerto, su problema, sin embargo, era que estaba vivo.
lunes, 26 de enero de 2015
Y ahora otra vez no sé que hacer
Y ahora otra vez no sé qué hacer,
sentado en el metro,
la mirada perdida,
una mirada que no mira.
Solo sé que no puedo caer,
pero si caigo, me arrastraré,
porque hay veces que no puedes vivir de pie.
¿Vivir en la depresión otra vez?
Y las voces son ruidos que rebotan,
rebotan en mí,
tan absorto en la nada.
Y mis ojos rojos sollozan,
sollozan y lloran un veneno amargo,
tan amargo y tan dulce al probarlo.
Y te viene la pregunta, la premonición,
de si todo será igual,
de si lo vas a poder soportar.
Y me bloqueo,
me ahogo congelado en el hielo,
cuando todo arde,
cuando la cabeza estalla,
el cuerpo pesa
y el corazón se para.
Y todo a mi alrededor,
todo pero no hay nada.
y lo miro y lo veo pero no hay nada.
Es todo tan aparente,
tan falso, tan injusto…
y no hay nada que duela más en el mundo,
que la incomprensión del alma,
que te hagan sentirte solo,
rodeado de gente extraña,
gente rara que parece ser lo normal,
pero gente mala,
envenenada.
Y una y otra vez te dan golpes,
en una mejilla, en la otra,
en toda la cara. ´
Y cuando no hay más que magullar,
empiezan con el resto del alma.
Y no paran,
una y otra vez,
te quieren destrozar
desde una presunta tolerancia,
de lo que llaman ser modernos,
y lo que yo pienso que es no tener valores
y critican y rechazan,
una moral que ellos llaman cristiana.
Tan idiotas que no saben que no importa la etiqueta,
cuando el amor, el sentimiento puro,
es bueno y sincero.
Que por encima de todo prima una forma de ser,
que prima una verdad.
y que yo, que creía en las personas,
me confieso descreído,
y ahora creo en los sentimientos,
en los sentimientos que me ofrecen lo vivido.
Y siento dejar de creer en vosotros,
egocéntricos de vuestro ombligo,
con valores que no entiendo,
que son en realidad tan falsos y vacíos,
y desde allí, veis los míos,
y envidiosos no reconocidos,
os burláis, me atacáis,
creéis hacerme un favor
y lo hacéis,
porque me apartáis,
me apartáis cada vez de un mundo fingido,
un mundo que llamáis real,
realidad, y sin embargo construís dejándoos llevar,
siendo el uno y el otro igual,
igual de vacíos, igual de sinsentidos,
igual de dolidos, igual de podridos.
y aún así, no sé si lloro por vosotros y por mí,
porque habéis construido ese mundo en ruinas a mi alrededor,
intentáis que crea que es real,
que pensar diferente es querer escapar.
Enhorabuena,
lo habéis conseguido:
quiero escapar, huir lejos,
encontrar mi verdadero hogar.
Hacerlo yo,
que nunca nadie más me diga que deje de soñar,
que mientras siga vivo yo,
juro y prometo,
que habrá en este mundo un soñador.
jueves, 22 de enero de 2015
A mí me gusta
Y ahora ya eres dueño de allá donde pisan tus pies,
y tus huellas dejan un rastro que va borrando el viento,
y tus ojos miran hacia las estrellas
mientras caminas hacia ninguna parte,
y tus recuerdos son rastrojos que se arrastran por el desierto,
y tus lágrimas se secan
y en la mochila solo llevas sonrisas, besos y abrazos,
nada más, vas con lo puesto,
pero con el corazón lleno.
Porque desaparecer ya no es,
porque no quieres,
porque justamente lo que quieres es estar solo,
pero solo con ella,
que todo lo demás te dé igual,
que el reloj siga implacable con un tictac que no cesa,
que el rayo caiga de la tormenta y nos iluminé,
que nos devuelva esas fuerzas que nunca perdimos,
que nos devuelva esa sonrisa que siempre tuvimos,
y que cuando el charco de nuestras lágrimas inunde la tierra,
nademos en ellas hasta juntar nuestros cuerpos.
Y que cuando nuestros gritos de ayuda inunden los cielos,
escuchemos cerca, al oído, cómo susurramos te quieros.
Y que por fin, ahora ya no miras atrás
y ves el futuro, pero en presente
y por fin ves algo que no te asusta,
por fin ves todo claro, aunque el mundo se ría,
sabes que acabaréis de la mano,
tú y ella,
siendo una misma sonrisa
que grita al mundo:
A mí me gusta.
domingo, 7 de septiembre de 2014
Princesa de cielo y tierra
Ella, princesa de cielo y tierra,
remitente de mis mensajes en botella.
Bella como la luna,
azules ardientes ojos de estrellas.
Yo, vasallo arrodillado
que cada día pide su mano.
Loco enamorado
que nada entre cielo y tierra.
En la más alta torre del más alejado castillo
estaba encerrada libre,
pues solo ella tenía la llave
del más inmortal corazón.
Era libre en una torre,
y yo, esclavo de sus besos,
prisionero sin cadenas,
anhelaba a la princesa,
reina de mis huesos,
diosa de mis rezos.
Joyas y vestidos se peleaban por tocarla,
relinchaban los caballos,
por llevarla en sus carrozas,
y los peines se morían por peinarla.
A cada brazada me sentía más cerca,
llegaba a su reino,
moría por verla.
Mojado del mar llegaba a los guardias,
medio ahogado, borracho de olas,
buscaba mi droga.
Asomaba ella por su ventana,
era ahora llena luna
con ojos azules de estrellas.
Ardía entonces mi sangre.
Su aroma helaba a los guardias.
Loco de mí,
maltrecho y malherido, pensaba en mirarla
y me sentía vivo.
Su sonrisa, una constelación,
me guío a la alto del castillo.
Estás aquí.
Estoy aquí.
¿Por qué?
Dije que siempre estaría.
¿Por qué?
Dije que te seguiría?
Nadie me ha seguido.
Yo te dije que lo haría.
¿Por qué?
Te di mi palabrita.
Lo sé.
Aquí estoy. Pareces sorprendida.
Lo estoy.
No deberías.
Nadie me ha seguido.
Lo sé.
¿Y tú?
Te dije que siempre estaría.
Solo soy princesa.
Eres mi reina.
¿Y qué?
Te sigo entre cielo y tierra.
¿Por qué?
¿Hace falta que lo diga?
¿El qué?
Que eres mi vida,
que sin ti cada día moría.
No lo entiendo.
No quiero que lo entiendas.
¿Por qué?
Quiero que lo sientas.
¿El qué?
Que contigo vuelo, que soy inmortal.
¿Por qué yo?
Porque eres mi reina
y yo solo un princeso.
Me has seguido.
Nunca me he ido.
¿Por qué?
Porque te quiero
y es lo único que tiene sentido.
Caca.
Caca.
domingo, 2 de febrero de 2014
El idiota
“Lluvia entre nube y nube,
tormenta de sol a sol”
Ya eran varias las semanas que estos versos encabezaban una página en blanco de mi cuaderno. ¿Por qué? No lo sé. Cuando doy con unos versos, los otros simplemente aparecen, la historia, el poema, se cuenta solo. Pero no puedo, no ahora. Soy incapaz de encontrar los versos perfectos, las restantes piezas del puzle. ¿Y si ya está? ¿Son suficientes esos dos versos? ¿Qué quieren decir? Los leo y me dicen todo, pero no puedo continuarlos, no puedo… ¿Puede llover entre nube y nube? No lo sé, pero me gustaría. Me gusta la lluvia. Me gustan las nubes. Eso sí lo sé. Tormenta de sol a sol, ¿es una tormenta que dura un día? Y la tormenta, ¿me gusta? Sí, supongo que también. Pero, ¿más o menos que la lluvia? No lo sé, es diferente.
Sé que ahora estoy contento, tengo ganas, entusiasmo. Ganas de vivir, entusiasmo por la vida. ¿No lo tenía antes? Sí, sí que lo tenía. Siempre he tendido a ser bastante feliz. Pero ahora es diferente. Miro estos versos y sigo sin poder seguirlos. No puedo continuarlos. Y el caso es que me siento más feliz y siento que cada vez lo seré más. Pero cuanto más profunda es esa sensación, más difícil veo acabar esos versos. Conforme me siento más feliz, empiezo a perder la capacidad de escribir. ¿Por qué? No lo sé. Hubo momentos en los que escribir era a causa de ser feliz. Otros en los que era la única manera de aguantar, pero ahora; ahora empiezo a no poder hablar, ni siquiera me apetece. Ahora tengo ganas de pararme en medio de la calle y mirar, fijarme en todo, respirar profundo y que no importe nada porque me sentiré feliz. Imaginar sin mirar, oír sin leer, hablar sin escribir, simplemente: sentir. Es raro, es diferente, pero solo sé que es así.
viernes, 10 de enero de 2014
Lloro porque reí…
Lloro en el recuerdo de aquel niño feliz,
ese momento en el que reír no bastaba,
necesitabas gritar,
gritar a los siete vientos
lo contento que estabas.
Porque sentirlo no era suficiente,
lo tenías que decir,
como dices hoy que lloras
por el recuerdo de aquel día
en que fuiste feliz.
lunes, 23 de diciembre de 2013
jueves, 12 de diciembre de 2013
Allí donde vivo
Donde habita mi cuerpo,
pero no el tuyo.
Donde el silencioso murmullo
yace en el olvido.
Donde perdimos el recuerdo
para encontrar el vacío
de tu cuerpo y el mío.
Donde voló el blanco cuervo
dejando su nido.
Donde caen tus suspiros,
no los recogen los míos,
estiro el alma.
Llego. Han desaparecido.
Donde van mis abrazos
y se esconden los tuyos.
Niebla, sombra, olvido,
todo se ha perdido,
allí es donde vivo.