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lunes, 7 de marzo de 2016

El de cuando soy humano

¿Se acuerdan? ¿Se acuerdan de cuándo las farmacias vendían medicinas? Antes vendían productos para curar enfermedades y ahora... Echo de menos un anuncio de Hemoal o de pastillas para la epilepsia. Pero estáis locos, exhibicionistas. Ya no puedo hablar de usted a nadie, ya no quieren, ya no quiero. ¿Qué anunciáis? Ya ni siquiera podéis tener bebés, no queréis. Me sobrecogí, me sobrecogí mucho cuando escuché la noticia de que en Japón incluso las parejas y matrimonios preferían tener hijos en la probeta antes que hacerlos como toca. Me volvéis loco. Queréis curar enfermedades que no tenéis, no queréis estar sanos, queréis ser divinos y divinas, aburridos, aburridas... Pocas cosas me dan más asco que un cirujano plástico, de esos que "arreglan" lo innecesario. Opino, ataco y critico... pero es que os habéis pasado de rosca. Intentáis curaros tantas cosas que no sois más que hipocondríacos exhibicionistas, quizás con buen corazón, pero con una cabeza que a veces tengo y no querría...
Por favor, parad un momento y miradnos. Imaginen, imaginad un guepardo, va a cazar una gacela. Pero esperad un segundo, es supinador y antes de salir, se pone colonia. ¿Qué pasa? ¿Tú no te aseas? Sí, me aseo, pero me gusta correr a pelo. Nos hemos vuelto tan exquisitos. No, no, no hablo de imagen, yo me peino, me pongo colonia, me visto lo mejor que sé y me gusta, aunque tampoco me importa. No estoy hablando de eso, hablo de pasarse de rosca. ¿Os acordáis cuando íbamos a la playa con bañador y sin calzoncillos? (yo sí, todavía me niego a acabar siendo de estos que no).  Me preocupa, me preocupa que curemos las enfermedades y no sabiendo qué hacer nos dé por buscar otras. Mentes intranquilas, inconformistas... No sabemos estar quietos y buscamos todas las maneras de hacerlo, pero al encontrarlas, es imposible, como la incomodidad de una cama que no te deja dormir, y te mueves y te mueves... Te vas al sofá y ahora lo que te molesta es la luz de la farola que entra por los resquicios que deja la persiana... luego vas a la cocina, pero claro, la vitrocerámica es fría y dura para dormir encima. Y acabas mandando al perro a la cama y durmiendo tú en su cojín que, cómo no, está nuevo, sin usar, y es extrañamente cómodo.
Me niego, me niego, me niego. Dentro de los años que sea, me da igual, cuando sea, no quiero buscar más enfermedades, pero sobre todo, sobre todo me niego a que lo que puedo hacer por mí mismo, sea una cosa de laboratorio por mi propia voluntad. Si necesito medicina, la tomaré, si puedo respirar por mi cuenta, respiraré por mi cuenta, si puedo tener un hijo o una hija, los tendré, si puedo andar dos mil kilómetros, los andaré... Por favor, no lo haga, no hagan la especie inútil, no nos hagan tan artificiales, porque no puedo, necesito un poco de alegre realidad, porque lleváis demasiado tiempo hablando de la triste realidad. Yo quiero la alegre realidad. Quiero que usemos nuestras capacidades, quiero que nos aprovechemos de lo que sabemos, pero no quiero que eso sirva para atrofiarnos. Por favor, daos cuenta, os lo ruego. No quiero llegar a ese momento en el que estamos, ese momento en que lo humano es tan metálico, de plástico, prefabricado, y tan poco orgánico... Quiero lo órganico, lo sentido, lo amoroso, lo humano, hagamos las cosas como tocan, vivamos, por favor, por favor. Me enfado, me enciendo y poco a poco me dan tantas ganas y tanta pena... Pero me enciendo, estoy vivo, palpito, pienso, ahora existo, respiro, bebo, creo, como, meo, cago, amo, escupo, quiero, siento, follo, envejezco, río, lloro, sueño, muero... sea como sea, soy humano.

domingo, 28 de febrero de 2016

Y en nuestro porche es más blanca la luna...

Guárdate estos versos:
"Y en nuestro porche 
es más blanca la luna".
¡Qué bonito!
¿Vas a escribir?
Habrá una poesía que empiece así.
Me encanta.
Y que termine también así, porfa.
Te quiero tanto.
Vale.
También terminará así.
Es precioso el verso.
Es que es verdad,
es nuestro porche.
¿A que allí es más blanca la luna?
Sí.
Es más blanca.
Brilla más.
Y alimenta a los cipreses.
Y hace sombra a los farolillos.
Y dibuja la silueta de la araña 
en la pared blanca.
Sí.
Jajajaja.
Difumina el humo de la chimenea.
Te quiero.
Y enciende la pupila de los gatos.
Pero sobre todo,
sé que no es el Sol lo que la hace brillar,
sé que la luz
sale de tu blanca piel desnuda
que toco y acaricio
y hace de la muerte la vida.
Eres genial.
Sé que en nuestro porche, 
es más blanca la luna.

Vendo tiempo

Vendo tiempo,
coste cero.
Bebed mi sangre,
tomad mi cuerpo.
Usad mis versos,
roed mis huesos,
sed mi eco.
Ya no quiero ser mío,
me reniego,
todo vuestro.
Coged mis zapatos,
que a partir de ahora,
a partir de ahora,
ando descalzo.

jueves, 25 de febrero de 2016

La rueca

Con traje y
casco espacial,
son nuestros sueños
alas para volar.
Ícaros de bajos vuelos,
el Sol empieza a quemar.

Un mirar,
caricias,
risas y cosquillas,
recetas para no llorar.

Un esfíngico enigma,
una rueda, una hoz,
un telar.
Ser maná,
comer, amar,
vivir, pasar,
morir.
Soñar.

In memoriam,
no se acaba,
lex innata,
cíclico,
pendular.

Hicieron con mis restos
una estatua de arena,
hicieron con mis versos,
candela para la hoguera.
Me deshizo la lluvia,
la ceniza: el olvido.

Deshecho, subterráneo,
agua de ratas,
veneno de humanos.
Cóctel de carbón y barro:
polvo, versos; restos.

Dédalo, mira al cielo.
Dame alas,
para soñar.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Papel, tela, seda...

Eres un juguete.
Tarde o temprano
nos damos cuenta
de que a nadie más que a nosotros
le importan nuestros deseos.
Nos damos cuenta
de que para los demás,
para el otro,
somos pañuelos.
Eres un juguete.
Y no les importamos,
siempre nos llenan de mocos.
Si nos quieren un poco
seremos pañuelo de tela,
se sonarán lo justo
para que sigamos con ellos.
Y si son como todos,
seremos de papel,
desechables, olvidables...
Eres un juguete.
Yo lo sé,
soy pañuelo,
pero no sé de qué.
¿Soy de tela?
¿de papel?
No os importan mis deseos,
te dan igual mis sueños,
todo es puro puto interés.
Eres un juguete.
Y me machaca tanto
ser un clínex con corazón.
Absorbo mi propio llanto,
me deshago...
¿Y vosotros por qué sois humanos?
¿Mentís porque sois personas?
No queda ya nadie sobre la tierra
que no me haya engañado,
nadie ya que no me deje de lado.
Eres un juguete.
Y estoy roto, hecho trizas,
deshojado.
Y todavía hay quien me recicla,
quien me quiere pañuelo de tela,
quizás pañuelo de seda,
pero es mentira,
ya no confía.
Soy un juguete a tu vera.

sábado, 31 de octubre de 2015

Sí, estoy llorando.

Sí, estoy llorando.

Hoy sé que no te importo,

que mi corazón calmado está agotado,

cansado de hablar para no ser escuchado.

Destruido, vacío,

pero lleno de nada,

el resto de un dolor,

de una ruinosa jaqueca asesina

que corroe de arriba abajo mis entrañas.

Y siento que soy un juguete que tienes a mano,

que a la mínima oportunidad cogerías algo nuevo,

que no pudiste alcanzar el dorado

y te conformaste con el plastidecor blanco.

Abandonado, huérfano de ti,

perdido y peor aún, engañado.

Te alías con tus perros,

me haces ver que llevas bozal,

que todo se ha acabado,

me prometes fidelidad

pero sé que es mentira…

Ya no me puedo fiar,

mi corazón, decepcionado,

desilusionado, insultado.

No siento enfado, ni siquiera rabia.

Solo quiero dejarme morir,

morir y que acabe ya tanta mentira,

porque no lo soporto.

Me besabas, me abrazabas

y me daba la vuelta y ya no me pensabas.

Todo por soñar,

mientras tú vivías en una realidad que nunca acepté.

Y ya no sé de quién hablo,

ni siquiera de qué.

Pero me has traicionado.

Enhorabuena,

te di mi vida.

Enhorabuena,

te quise,

te quise y me has matado.

Sí, estoy llorando.

Lloro cansado.

domingo, 25 de octubre de 2015

¿Flores para tu tumba?

Cada día, durante años, llevaba flores para tu tumba,

semana tras semana, día tras día,

cada domingo, cada festivo.

Los ramos marchitos por el viento,

los pétalos, esparcidos por el tiempo.

Lágrimas camino al cementerio,

el atasco, las farolas, los paraguas fantasma.

Intermitente limpiaparabrisas, luna empañada,

sol tapado, nubes espesas, gatos no pardos.

Lloré.

Bañé.

Perdí.

Barrí.

Caminé.

Creí.

Cada día, durante años, amanecías feliz con tu sonrisa,

semana tras semana, día tras día,

cada domingo, cada festivo.

Los labios carnosos por el silencio,

las palabras malditas por tus besos.

Risas camino al cementerio,

un paseo, unas pipas, un juego.

Constante viento en tu cabello, luna malvada,

sol eterno, nubes claras, perros callejeros.

Reíste.

Besaste.

Mordiste.

Quisiste.

Engañaste.

Te creí.

miércoles, 14 de octubre de 2015

¿Tú me pides que te escriba poesía?

Tú me pides, blanca, que escriba

los versos en prosa que harán que olvides tu día.

Los mismos versos, la misma prosa,

que arderán durante toda la vida.

Tú me extiendes, temblorosa, valerosa,

tu mano que quiere saltar la verja.

Yo te acerco, noches de desenfreno,

la pala con la que taparemos la fosa.

Te quiero y te quiero llevar al sueño.

Y mi tinta, mi cuento,

lo que llamas mi talento,

te han convertido en musa,

a ti, que nunca creíste ser poesía.

Y yo sé,

desde la primera rima,

a quién se refería Bécquer con poesía.

Me invadiste con tu risa.

Eres suave, eres brisa.

Rozar tu pelo mi mejilla era todo lo que quería.

Y dejé, dejé de escribir poesía,

y empecé, empecé a escribir poesía.

En el cuarto, con los pies dolidos

y cada centímetro de mi espalda molido,

no paraba, aún seguía,

aun viviendo en habitaciones separadas,

yo quería estar contigo,

que me susurraras al oído

que odias la música de Sabina.

Es tarde, por favor,

solo te pido,

que nunca más me pidas que escriba poesía.

Nunca más hagas eso,

no antes sin mirar al espejo

y preguntar al reflejo

dónde está la poesía

pura esencia de mi vida.

lunes, 1 de junio de 2015

Siempre gana lo cierto

Vi el vaso medio vacío,
tirando a medio lleno.
Vi la luna plena,
caída, desaparecida, ausencia.
Bebí de la copa de veneno,
asesino, revitalizante.
Volé la cometa
y me cortaron el hilo.
Puse la última carta
del castillo de naipes que se llevó el viento.
Tiro el dado,
siempre sale el tercer seis traicionero.
Y la verdad es que miento,
y el engaño lo cierto.
Nada más contradictorio que tener sentimientos.
Nada más patético que quien es mierda por dentro.
Y el petardo de la caca,
no quieres encenderlo.
Se piensan que es un juego,
se creen dueños de tu tiempo.
Y la máscara sonríe,
mientras por bajo arde el infierno.
Y le hacen vudú a tus muertos.
No eres más, no sois más
que el juguete que pronto olvidan.
Estamos bajo la lupa,
en el punto de mira,
somos aquellas dos hormigas.
Una reina, un obrero,
intentando escribir el cuento.
Y del fondo, del grito, del lamento,
surge la princesa,
surge el príncipe,
no gana el gigante,
no gana el enano,
porque al final
el veneno no hace efecto,
siempre gana el amor,
siempre gana lo cierto.

sábado, 23 de mayo de 2015

La libretita de cuero con goma elástica

Recuerdo aquel día perfectamente porque  fue el día en el que empecé aquella libreta que guardaba mis poemas más nuevos. Me gustan las libretitas, sobre todo esas pequeñas, de tapas de cuero negras y una goma elástica para que queden bien cerradas y no se les escape ni una sola palabra. Siempre me gustaba poner la fecha en que las compraba en la tapa delantera, por la parte interior, claro. Luego a lo mejor se pasaba días, semanas o incluso meses en el cajón o encima del escritorio, hasta que un día, después de cogerla, mirarla, tocarla por cada rincón, olerla y acariciarla, se me ocurría una frase que pondría justo encima de esa fecha que puse al principio. Casi siempre ponía frases que perfectamente podrían ser uno de mis muchos mandamientos, o, si preferís idos por el lado más trágico, uno de mis epitafios (porque tengo pensado morirme muchas veces, pero eso es otro tema que aún no os puedo contar, dejadme acabar con lo de la libretita y lo de aquel día). Muchas veces eran frases célebres de algunos escritores famosos,pero otras, la mayoría, eran mías, que si bien hace un par de semanas que escribí el primer párrafo del primer éxito de ventas que escribiré, aún no me puedo considerar un escritor famoso. Mi producción literaria deja mucho que desear… muchas historias comenzadas, una breve, que acabé pero decidí hacer una segunda parte, muchísimos poemas, y algún que otro artículo de ensayo que quedará en el olvido o tal vez saquen a la luz algún día los enemigos que consiga con esto de escribir y mi futura fama. Sé que me llamarán contradictorio, sé que no sabré explicarme cuando hagan referencia a alguno de mis textos, así como encontrarán sentidos que jamás en la vida imaginaría haber podido escribir. Pero sinceramente, me da un poco igual… Y claro, me acabo de dar cuenta de que estaría mal si yo, en lugar de haber dicho “me da un poco igual”, hubiera dicho que me importa una mierda. Pero el caso es que quiero que me puedan leer sin escandalizarse y si para eso necesito meterme en un registro más neutro y formalito… pues me importa una mierda, porque voy a contar mi día y os lo cuento con mis palabras. Si os parece bien, seguid leyendo (por cierto, espero que sepáis que no estoy haciendo nada raro, todos los escritores hacen pactos con los lectores, lo que pasa que a veces saben engañarnos, lo esconden más porque son muy inteligentes y así tienen a sus lectores… yo no, yo me considero profundamente idiota, no solo como lector, como escritor novato o como lo que sea, me considero idiota en todos los sentidos de mi existencia, pero ese vuelve a ser otro tema), si no os parece bien, aún no sé si ha salido o no mi best seller, pero si no lo hubiera publicado aún, leeros algún clásico, si puede ser de Cervantes o Paul Auster (casi que prefiero este último, porque siempre me pregunto cuánto se lleva Cervantes cuando alguna editorial vende su obra… ). Que quede claro desde el primer momento que yo os vendo mi historia para ganar dinero, así que ahora mismo estoy maldiciendo a todos aquellos que me leen en algún formato electrónico y me han conseguido por torrent o algún servidor de descarga directa. Así que si voy en el metro y os veo leyendo mi libro en un ebook y os pregunto y me decís que lo habéis conseguido gratis, probablemente os robe la cartera.Pero no me culpéis a mí, simplemente es que me da mucha rabia el metro, ¿cómo podéis hacer algo tan orgásmico como leer en un lugar tan irritante? Bueno, a lo que iba… ¿que cómo empezaba esta libreta? “Nunca nadie escribió estos versos”.

domingo, 3 de mayo de 2015

Cuánto…

¿Cuánto ha que te fuiste?

¿Cuánto ha que dejamos de decir ha?

¿Cuánto que dejamos de escribir poesía?

¿Cuánto que dejamos de mirarnos?

¿Cuánto hace que no ves una estrella fugaz?

¿Cuánto que no te abanicas con el aleteo de las mariposas?

¿Es cuánto hace de algo la actual pregunta completa?

¿Cuánto tiempo hace desde que…?

¿Desde hace cuánto tiempo que no…?

¿Cuánto ha que no se llena la luna?

¿Cuánto de que tu boca no besa a la mía?

¿Cuánto ha que no eructas?

¿Cuánto que hablas de eructos por no haber pedos en poesía?

¿Cuánto hace desde la última vez que te comiste la punta de la barra de pan antes de llegar a casa?

¿Cuánto de que la abrazaste desnuda?

¿Cuánto ha desde que cambiaste el geranio de tiesto?

¿Cuánto tiempo de la última vez que rascaste una tostada quemada?

¿Cuánto de que te preguntaste por qué escribías?

¿Cuánto desde la última vez que chupaste la patilla de las gafas?

¿Cuánto hace desde que te sacaste el pantalón de entre las nalgas?

¿Cuánto tiempo hace desde la última vez que pronunciaste mal una palabra?

¿Cuánto de la nostalgia de cerrar el libro tras la última página?

¿Cuánto de que te daban la merienda mientras jugabas?

¿Cuánto ha desde que volviste empapado de lluvia buscando toalla?

¿Cuánto desde que te diste cuenta de que la querías?

¿Cuánto seguiremos contestando con más preguntas?

¿Cuánto más apariencia de un lleno vacío?

¿Cuánto ha que respiramos el mismo aliento?

¿Cuánto que nuestro sudor fue uno?

¿Cuándo escribiré mi última poesía?

¿Cuánto ha?

¿Cuánto hace?

¿Cuánto tiempo?

¿Cuándo?

jueves, 30 de abril de 2015

Todavía aún recuerdo…

Todavía recuerdo aquella tarde
en que cosimos la marioneta favorita de Enare,
con aquel calcetín agujereado
que siempre asegurabas que era tu favorito.
Con aguja, dos botones e hilo,
pronto tuvimos protagonista para tus cuentos.
Y necesitábamos un nombre,
y Enare ni siquiera caminaba,
y tú lógica absurda quiso que le llamásemos Guantes.
Y tú lo movías,
yo cantaba
y ella se quedaba dormida.
Y pestañeamos y ya nos pedía los cuentos,
con sus princesas, sus héroes,
príncipes, castillos y heroínas.
Y volvimos a pestañear
y vinieron esas madrugadas,
en que leía bajo las sábanas
y yo le decía que apagara la luz,
y tú llegabas y, sin que me enterara,
le decías que un poquito más.
Todavía aún recuerdo aquellas tardes
en las que aparecías con ramos de rosas
y me besabas, a traición, por la espalda,
y luego me abrazabas.
Y cambiábamos todas las flores del jarrón
excepto una, azul esperanza,
azul calma.
Todavía aún recuerdo cómo me mirabas,
cómo reías y cómo llorabas
mientras me decías que me querías,
que estabas siempre y estarías,
que siempre nos cuidarías.
Todavía recuerdo nuestro primer beso,
en el que el caballero se quitó el yelmo
para besar a su amada.
Todavía tus latidos en la armadura
y mirarnos y pasear de la mano
por el cauce de aquel río nada vacío.
Todavía recuerdo cómo alquilamos nuestra primera casa
y nos repartimos las cenas,los baños y las escobas…
y el sofá y las primeras películas,
y el fin para siempre de tus noches de insomnio,
y el comienzo de noches locas,
noches de sueños.
Todavía recuerdo aquella primera cosecha,
de un huerto, en el jardín,
junto al árbol que plantamos juntos,
el día que nació Enare.
Todavía recuerdo aquellas noches,
en las que venías a recogerme del trabajo
y traías la cena y acabábamos en las estrellas.
Todavía recuerdo el día en que me dijiste que no me asustara,
que tú no tenías miedo,
que aunque no te viera,
siempre ardería tu fuego.
Todavía recuerdo el día en el que encontré tu libreta,
en la que anticipabas lo que pasaría
y creías vivir diciendo una mentira,
porque sabías, sabías que te irías,
que tu hora llegaría antes que la mía
y me mentías, me mentías a la cara,
diciéndome que siempre estarías.
Y viviste creyendo que me contabas una gran mentira,
a la vez que intentabas buscar la medicina.
Y buscabas la fórmula,
y nos sonreías, nos hacías felices,
nos contabas historias,
nos abrazabas, cosías tus calcetines,
nos apagabas la luz, nos mirabas,
nos querías.
Todavía recuerdo tu última sonrisa,
tu último mal chiste y que nosotros plantamos
un domingo, las flores para tu tumba,
que todos los meses cambiamos,
todas, excepto una.
Todavía recuerdo cómo me enseñaste a escribir poesía
y que me hiciste ver que para algo sí servía,
porque siempre fue tu cura,
tu manera de estar,
de perdurar,
de vivir nuestra inmortalidad.
Todavía recuerdo cómo te miraba cuando me leías
y pensabas que lo hacías mal,
que era una afición absurda.
Todavía hoy aún nos mira,
Guantes, con una sonrisa bien cosida
y te fuiste,
te fuiste sin saber que no nos contaste ninguna mentira,
porque aún estás,
porque ahora,
ahora que soy yo la que escribo poesía,
he de decir, que no nos querías,
que decir eso sería una mentira,
porque lo que tú sentías,
lo que sentías,
nunca fue pasado,
ayer, ahora, y mañana todavía,
digo que nos quieres,
que no mentías,
que ahora y siempre,
eres el amor de mi vida.

sábado, 18 de abril de 2015

Gracias.

Y nos quitan la capa

en pleno vuelo:

nos metemos en la tormenta.

Nos arrojan, nos empujan,

no sabemos reaccionar.

Las nubes y las estrellas

ahora son truenos, centellas,

rayos y centellas.

Nuestra fuerza de repente,

siete veces menor a la de un gnomo

y un llanto seco

nos estrella.

Y siento la impotencia

y miento para que no me crean

y solo es cierto que no hay certeza,

no hay cielo claro,

solo una dura,

angustiosa,

angustiosa dura corteza

que nos revuelve el estómago

y lo más que podemos hacer

es aguantar,

aguantar esas ganas de vomitar

a la realidad,

a una realidad imperfecta,

de golpes, de zarzas,

de espinas,

sin rosas.

Ya murió la mariposa,

ya llora, desconsolada,

la princesa.

Ya susurra aquella sombra,

rastrojo que arrastra tristeza.

Y mi medicina es la ponzoña

que me mata y me envenena.

Y mis lágrimas son sucias,

ya no filtran,

no confían.

Intranquilas se desprenden,

saltan al vacío

desde mi ciega retina,

rutina diaria, rutinaria,

nos sentimos ángeles

con las alas cortadas.

Y sabemos que pudimos volar,

añoramos el cielo que contamina la realidad.

Caídos, perdidos,

bebidos, vividos, vívidos,

enjaulados, atados,

nos gastaron los suspiros…

Y se nos vuelve olvidar,

el arco friega la cuerda,

da una nota de esperanza,

de brío, de valor y brillo.

Nos tiramos de cabeza al sueño,

nuestras alas rotas pueden volar.

Y en el paredón del cielo,

nos dan, esquivamos las balas,

bailamos en la tormenta,

atormentamos la realidad,

le damos dosis de la nuestra.

Y nuestra sangre riega los campos

y nuestro vómito

es el sustrato donde crece la rosa,

nuestro aire,

el mismo donde crecen las mariposas.

La princesa ríe, alegre,

en nuestra cama.

Y me devuelve la capa,

me da las alas.

Gracias.

lunes, 6 de abril de 2015

Hacer nuestro el tiempo…

Hay veces que queremos parar el mundo,

otras necesitamos acelerar cada segundo,

intentamos hacer nuestro el tiempo,

pero no podemos...

Y nos sentimos perdidos, sin rumbo,

vagabundos sin dueño,

vestidos de duelo,

siguiendo mil sueños.

Perdiendo el norte,

acercando el imán a la brújula,

volviéndola loca,

del norte al sur,

ahora al oeste,

luego al este,

otra vez al sur,

y no hace más que dibujar corazones,

corazones y suspiros helados,

que se calientan,

suspiros hirviendo que se congelan,

y nos dejamos flotar en las mansas aguas de un lago helado,

y nos dejamos quemar en el vivaz fuego del bosque ardiendo,

y tumbados, tirados,

flotando, ardiendo,

consumiéndonos,

aún tenemos fuerza y

entreabrimos nuestros ciegos ojos,

ciegos de lágrimas,

las mismas que congelan el lago

y encienden el fuego,

las mismas que ríen en el infierno

y hacen llorar en el cielo.

Y entonces,

náufrago sin barca,

a la deriva,

dejas de lado a Caronte,

estás por encima

o por debajo,

pero eres algo más

o algo menos,

no lo sabes,

pero no eres eso.

Te dejas llevar, llevar por la corriente,

por el viento, por el hielo,

por el fuego,

por el cielo y por el infierno,

te dejas llevar porque sabes, que al final,

al final no caerás, no hay precipicio,

hay tierra firme y dejarás de ser esclavo del tiempo,

esclavo sin reloj y con cadenas,

las fundirás, lo dominarás,

aunque ahora te dejes llevar,

aunque tengas que dejar el tiempo a lo suyo,

que se dedique a pasar,

al final, al final tu tirarás los granos de arena,

tú llenarás el reloj de cristal,

tú harás la tierra firme y no,

no serás tú, la tierra firme,

la tierra firme sabes dónde está.

Sabía que era Pascua… II

Nos acabamos las monas y declaramos empate entre Nerea y su hermano, afortunadamente la competición acabó sin ningún chichón. Empezaba a atardecer y entonces era nuestro turno, ahora nosotros volaríamos aquella cometa de papel de periódico y cañas. Yo sabía que era cuestión de paciencia, esperar la corriente de aire adecuada, soltarla y simplemente ir tirando en los momentos adecuados… aún así no conseguí volarla. Ahora era su turno, siempre esperaba que no me ganara, es más, yo estaba acostumbrada a ganarle y él era competitivo también y bueno en algunas cosas, pero tenía la habilidad para parecer que no le importaba perder y eso me sacaba de quicio y me gustaba, sobre todo en los juegos de mesa… Era un poco bruto, una vez incluso subió la cometa al tejado y luego tiró desde abajo. Creo que fue la vez que menos voló, de hecho tuvo que ajustarla un poco y apretar las cuerdas que se cruzaban en los cruces de las cañas. Pero hoy, en este día de Pascua él tenía esa confianza que aparecía en ciertas ocasiones en sus ojos, la confianza de un alocado enamorado que sabe y está plenamente convencido de que todo saldrá bien. Y así fue, lo consiguió, corrió un poco, tiró de la cuerda y encontró la corriente de aire que llevó la cometa a las nubes. Me miró sonriendo, se acercó a nosotros y me dio un beso al mismo tiempo que le pasaba la cometa a Nerea y le decía que la compartiera también con su hermano.
La cometa empezó a subir y subir y subir y cada vez había más cuerda suelta, cada vez era más libre. Yo les avisé, cuando cayera se engancharía en algún sitio, pero él dijo que no pasaba nada e incitó a los chicos a soltar más y más cuerda. Ellos se reían, locos de emoción, quizás pensaran que podían volar y eso es parte del sentimiento de la Pascua, cómo a través del hilo, todos nos transportamos al cielo más alto y respiramos esa vieja nueva primavera. Efectivamente, tenía yo razón y cuando intentaron bajar la cometa, bajó poco a poco, al principio todo bien, pero al final, a unos quince metros del suelo, se perdió esa corriente de aire y cayó en ese árbol que plantamos en nuestro jardín el día que compramos la casa. Gracias a Dios, todavía no era muy alto, pero la cuerda supo engancharse bien y la poca paciencia llevó a que alguna hojilla cayese… Al final, tras una media horilla de desenredos (en los que no intervine, a ver si aprendía así para la próxima), consiguió recoger la cometa. Estaba anocheciendo, nos tocaba de las mejores partes del día, uno aquí con los niños para que se ducharan y cambiaran, el otro que si la cena… Aún no había cerrado la puerta del jardín y ya pensaba en todo eso, entonces la vi, la luna sonreía, le devolví la sonrisa, me giré y “Mamá, venga, hoy nos bañas tú”. Entonces un abrazo por detrás y un beso en la mejilla, y su bromista y seria voz “pues hoy les bañas tú, mami”. Sonreímos a la luna y no cerramos la puerta, la dejamos abierta, bien abierta, para que nunca nos faltara la Pascua.

domingo, 5 de abril de 2015

Sabía que era Pascua… I

Sabía que era Pascua porque los chicos corrían por el jardín intentando volar la cometa. Cada año habían procurado buscar el método idóneo, pero no, ya llevaban seis años y todavía no habían conseguido hacer que aquella cometa volara. Esta vez, Nerea había dado a su hermano la cometa y le había dicho que la sujetara, subido en una silla, alzándola lo más alto que pudiera. Habían dejado un poco de cuerda y ella se había subido a su bicicleta, sosteniendo con su mano izquierda aquella cuerda a la vez que se apoyaba con ambas manos en el manillar para poder arrancar. Se giró, miró hacia atrás y advirtió a su hermano para que estuviera atento. Entonces, miró al cielo con sus ojos azules, en busca de una corriente de viento que le diera pie a iniciar su carrera. Una última mirada fugaz a su hermano y un grito dando la salida, entonces pedaleó con todas sus fuerzas, levantando la mano con la cuerda de la cometa y por un momento parecía que lo conseguirían, los chicos iban a conseguir por primera vez volar la cometa que su abuelo les fabricó y regaló con tanto cariño. Y voló, voló a trompicones, juraría que a unos cinco metros del suelo, pero entonces, entonces, Nerea tuvo que girar para no darse con la cerca del jardín y nuestro jardín se convirtió en un velódromo. Las ganas y empeño que ponía pedaleando luchaban contra la resignación que conllevaba tener que ir en otra dirección que no fuera la que le permitiera mantener la cometa en esa corriente de viento que había hecho que ascendiera. Subió un par de metros más, mientras Nerea seguía su maratón dando una y otra vuelta mientras su hermano la animaba: “¡Vamos, Nere”. Pero de pronto empezó a sobrarles cuerda, la cometa no subía más y en cuanto pudo, dejó la bici y empezó a recoger cuerda para poder tirar y que subiera, pero nada, era imposible, ya no pudo levantarla más. “¡Ha volado! ¿Lo has visto, mami? ¡La hemos volado!”. Eran increíbles, sabía que siempre podrían hacer lo que soñaran. “Corre, Nere, ves a contárselo al papi y dile que saque la merienda”.
Esa era la otra cosa que me decía que estábamos en Pascua. Cada año él me regalaba una mona, una mona única, de bizcocho, rematada con un huevo de chocolate de esos con sorpresa. No sé cómo, pero lo convirtió en una especie de tradición y hasta que no me daba esa mona, que tampoco es que estuviera tan buena, pero significaba tantas cosas… hasta que no me la daba, la Pascua no empezaba. Pero las monas de hoy eran de las más tradicionales, coronadas con un huevo duro. Era divertido porque Nerea y su hermano discutían para ver quién era el que mejor se había reventado el huevo en la cabeza. A veces eran unos bestias de cuidado, pero en el fondo, tras esa preocupación que todas tenemos, nos divierten cosas así, porque nosotros también hemos disfrutado de ellas alguna vez. Por fin llegó él, con Nerea cargada al hombro, bocabajo, mientras bromeaba con ella diciendo con voz grave “aquí llevo un saco de patatitas” y en la otra mano llevaba una bolsa con las monas. Descargó a Nerea, que rápidamente cogió la bolsa y sacó y empezó a repartir las monas. Primero me la dio a mí, luego a su hermano, luego a su papi y finalmente cogió la suya. “¡La mía tiene forma de mariposa!”. “Pues la mía es una llagaltija”. Era una risa ver cómo aún le bailaban algunas palabras y su hermana le corregía y entonces una empezaba a decir que era una mariposa y podía volar, mientras corría batiendo los brazos por todo el jardín y mientras el otro se arrastraba y sacaba la lengua, intentando hacer un ruido como de lagartija, ruido que aún no acabamos de comprender. Acto seguido empezaba la competición por ver quién se acercaba más al chichón rompiéndose el huevo duro en la frente. Ambos luchaban por el segundo y tercer puesto, porque el año anterior, sentados comiendo mona, a su padre no se le ocurrió otra cosa que hacerlo muy fuerte y el huevo se deshizo por completo y se espachurró en la frente de lo fuerte que lo hizo. Todos nos empezamos a reír y él se hizo el tontito, dejándose caer en el jardín, mientras los chicos se reían encima de él y le gritaban “gorro de huevo”. Él no tardó en empezar a reírse también y cogerles y no parar de hacerles cosquillas y perseguirlos por el jardín. Bueno, también me persiguió a mí y acabamos los cuatro tirados en el suelo, riéndonos y agotados.

miércoles, 4 de marzo de 2015

De lirios…

—Hola, buenas, ¿querías algo?

—Hola, solo estaba mirando…

—Si tienes alguna idea de lo que querías…

—A ver… ¿estas qué son?

—Lirios, lirios morados.

—Mmmm, ¿y cuánto valen?

—Estas, a uno cincuenta la unidad.

—Vale, pues me voy a llevar dos.

—Perfecto, ahora mismo te los pongo.

—¡Vale!

Y entonces nos cogieron. El chico ese tenía cierto aire desaliñado y había estado mirándonos a mí y a las demás durante unos minutos, indeciso, sabiendo que haría algo que le haría sonreír, pero con un punto de preocupación en esa sonrisa.

—¿Quieres que las corte?

—Sí, un poquito por favor, a ver si así puedo meterlas en la mochila…

—¿Por aquí?

—¿Un poquito más se puede?

—¿Así?

—Sí, por ahí perfecto.

—Vale.

Habíamos sido más altas en otros tiempo. Entonces con todo el cuidado del mundo nos vistieron con un bonito estampado con motivos florales morados, azules y verdes, la verdad, nos quedaba muy bien ese vestido, casi se nos olvida que nos acababan de amputar un poquito de nosotras. Para que no se nos cayera ese nuevo vestido, nos puso, a la altura de la cintura un cordel, anudado con un bonito lazo. El chico mientras observaba cómo nos vestían, miraba en la pantalla de su móvil y sonreía como alguien que acababa de hacer una trastada sorpresa.

—Pues aquí las tienes, son tres euros.

—Tome. Muchas gracias.

—A ti.

—Vale, hasta luego.

—Hasta luego.

Y empezamos a recorrer aquella transitada ciudad. Nuestro miedo por quedar encerradas en la anteriormente mencionada mochila se fue yendo cuando vimos que el chico nos llevaba en la mano. Ruidos del tráfico, gente de un lado para otro, obras, campanas, relojes… qué distinto era aquello de nuestro jardín botánico… tan gris y llena de humo, frente a nuestros colores limpios… Fuimos y entramos a una estación, íbamos a ir en tren. El chico corrió un poco porque creía que no llegaba. Consiguió un sitio para sentarse y nos miró pensativo. Sonriendo y con toda la delicadeza del mundo acabó por meternos en la mochila. Estábamos bastante bien, aunque la luz se echaba bastante en falta y cada vez más, poco a poco el agua. El roce de las vías, los nombres de las paradas…

—Es abanico.

—¿Qué? ¿Perdón?

—Abanico, la palabra que tienes que poner, es abanico.

—Ah, vale, gracias.

Alguien le había hablado y parecía despistado, como que no se esperaba que le hablaran. No volvió a hablar más en todo el camino, llegamos y notamos cómo nos cargaba a la espalda. Afortunadamente su paso era rápido pero estable. De repente empezó a hablar…

—¡Hola, guapa!

—…

—Sí, ja estic así.

—…

—¿Voy allí? Sé ir, no hace falta que vengas aposta…

—…

—Vale, sí, pues voy hasta la Iglesia.

—…

—¡Jajaja!

—…

—Vale, te veig ara guapa. ¡Te vull!

Igual que empezó a hablar se calló y siguió caminando. Pero pronto paró.

—Hola, guapaaa.

—Hola, jope, no te encontraba, ¿por qué parte has rodeado la Iglesia?

—Culpa mía, pensaba que vendrías de allí y… bueno, que por fin he acabado, soy libre. Buas, oye, qué guapa que estás. ¿Com estás?

—Qué voy a estar…

—Qué sí y punto.

—Vale, vale, si insiste el señor.

—¿Señor? Eh que solo nos llevam…

—Qué es broma… Estoy bien, un poco cansada y bueno, pero bien.

—Te vas a enfadar conmigo…

—¿Qué has hecho?

—Jajaja.

—¿Sabes que ya lo sabía?

—Los dos lo sabíamos.

Seguían hablando, juntos, parecía que no paraban de mirarse y reírse, se notaba felicidad enamorada. Tras un rato subimos unas escaleras y luego en algo así como un ascensor. En el ascensor dejaron de hablar y se escucharon algunos besos.

—Buf, a vore si ara deixe la mochila…

—Sí, ara passem i…

—¡Hola!

—Hola, ¿qué tal?

—Bé, bé, así…

De repente tras ese ruido de llaves y de cerrar de puerta, había más gente. El paso era ahora más tranquilo. Nos llevaron por el silencioso pasillo y paramos en algún sitio.

—¿La dejo aquí?

—Sí, donde quieras.

—Donde menos moleste, a ver… sí, la pongo aquí. Ah, espera, me vas a matar… ¡Jajajaja!

—Sí te voy a matar, a ver…

—A ver, no vull que t’enfades, pero yo es que las he visto y… a ver, no es tan raro y…

—Jope, sabes que no…

—Lo sé, pero es que después te veo la cara que… y yo…

Oímos el ruido de la cremallera y…

miércoles, 25 de febrero de 2015

El sábado te veo

La radio encendida. Se había dejado la radio encendida. Esa fue una de las claves, una de las cosas que desencadenó todo.
Acababa de hablar con ella y me preparaba algo caliente en la cocina, pero en mi cabeza resonaba ese “se ha dejado la radio encendida”. Yo le contesté que la bajara y no le di más importancia. Pero ahora no paraba de aparecer en mi cabeza una y otra vez. Entonces todo encajó. La radio encendida, claro. ¿Quién deja la radio encendida y se va? Lo hacen muchas personas, más de las que imaginamos. Y poco a poco fue surgiendo el resto de la historia. Además, tenía ya treinta y tres años. Trabajaba en una agencia inmobiliaria y acogía a jóvenes que visitaran la ciudad. Estaba todo tan claro. Se sentía solo de algún modo, era alguien que seguramente requiriera siempre de alguien cerca. ¿Trauma de la infancia? ¿Alguna pérdida? No, habría sido lógico pensar eso, pero no, no pensé eso. Me fui más al trabajo. Enseñar casas. Acompañar cada día a las distintas personas en busca de una casa, no, mejor, un hogar. Ver como toda esa gente conseguía vivir junta, un proyecto de vida, uno detrás de otro, esas parejas que formarían familias, verlo cada día para acabar volviendo solo a casa. Estaba muy claro. Sentí algo de compasión, ganas de darle una palmadita en la espalda.Pero la historia seguía.
Acabé mi té echando un buen chorreón de miel. Pero quemaba demasiado, así que, como cada noche, bajé a pasear mientras se enfriaba mi taza de té con miel. Mientras bajaba las escaleras todo tenía más sentido. Sentía un vacío, pero no era triste al revés, había encontrado la manera de llenarlo y seguir sonriendo cada día. La radio encendida… pensé que seguramente dormía con la radio encendida o escuchando música o algo por el estilo. Yo mismo he sido testigo de esas noches en las que la gente, gente que está sola, o simplemente se siente, llama a la radio para contar algo o únicamente para oír a alguien. Una simple voz, aunque lejana, es mucho mejor que el silencio del insomnio noche tras noche. Pero yo, yo estaba alegre. Él había sabido remediarlo, aunque yo había descubierto todo, estaba muy claro como para no ser verdad. Entonces pensé por qué estaría solo. No era su culpa, bueno sí. No siempre había estado solo, pero simplemente no funcionó. Unas veces la culpa fue de ella, otras, de él, unas cuantas la culpa no la tuvo nadie y otras tantas la tuvieron los dos. El caso es que él no estaba mal, era feliz así.
De repente me di cuenta, él no sabía nada, él no sabía que yo sabía, ni siquiera sabía que existía. Ahí estaba yo, sabiendo todo, recomponiendo y componiendo su historia, haciendo de aquella persona un personaje. Seguía paseando, el cielo estaba clarísimo, se veía cada estrella y esa media luna en la que no paraba de verla a ella… La echo tanto de menos… pero una vida, la vida, la voy a pasar junto a ella y soy feliz. Me acerqué al final de aquel descampado, junto a una pared con grafitis, de espaldas a un campo y sobre una acequia, miré a los lados y empecé a mear. Tenía muchas ganas, mientras seguía mirando a las estrellas. Acabé, tres sacudidas y seguí, mi té me esperaba. Había desmontado y montado toda su vida, lo sabía todo y la radio seguía resonando en mi cabeza y lo pensé cada vez con más ganas. Él no sabía nada y yo, yo había convertido a la persona en personaje, sería un personaje de una de mis historias, le pasarían cosas, no sé cuales, y seguramente, tras superar cualquier problemilla, acabaría siendo feliz, porque habría hecho algo para merecérselo. Me reía, caminaba por la calle y me reía, lo había convertido en un personaje y él no tenía la más mínima idea. Y un rayo relampagueó en mi cabeza. Espera… y si todos los personajes… ¿y si todos los personajes son personas que no saben que alguien en algún lugar está contando su historia? Había descubierto algo, tenía una frase, algo que escribir, estaba deseando llegar a casa para contárselo a ella. Subí, me quité la chaqueta y, mientras, seguía pensando. Vale, es muy bonita esa frase que se me ha aparecido y dice que todos los personajes son personas, pero… mi cabeza le dio la vuelta… ¿y si todas las personas somos personajes? ¡¡¡Boom!!! ¿Había descubierto algo? Ni idea, no lo sabía, pero me sentí, os lo puedo asegurar, por un momento me sentí un personaje y era todo tan…
Y llegué, y el té estaba casi frío, pero yo tenía que hablar con ella, decirle que una vez más me había inspirado para escribir, o simplemente decirle que escribiría y me sentí escritor por primera vez. La sensación de llegar a casa y decirle: tengo algo, voy corriendo a escribirlo, esa sensación despertó en mí una posibilidad de futuro, algo más que veía claro, algo que ocurriría junto a ella y que sería una entre todas esas millones de sensaciones buenas que me hacía sentir ella. Y con el último sorbo de té frío dejé la taza, mientras ella se me acercaba por la espalda, me daba un beso y yo la miraba mientras me decía que nos íbamos a dormir. La besé, me levanté y me fui con ella a la cama.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Vein-ti-dós

Veintidós, vein-ti-dós. Menuda mierda más grande. Creí que no llegaría. No me gusta, no me gusta cumplir veintidós años. Y no puedo hacer nada. Hoy veintiuno y mañana el golpe. Me suena tan tremendamente mal. Solo quiero que pase, que pase… ¿Qué he hecho en estos veintidós años? Poco, poco o nada, y sin embargo demasiado. Todos lo sabemos, a veces estamos años y años, pasan cosas y más cosas, y te das cuenta, o no, simplemente pasan y ahí estás, viviendo al día, al ritmo del paso del tiempo, como toca, como tiene que ser y como es para todos. Pero otras veces… otras veces llega un segundo, o un minuto, por si me leen algunos escépticos o que me acusen de exagerado… Pero a veces, en esa milésima (que se fastidien los que piensen que soy un exagerado, sin ánimo de ofender, bueno, o con él, lo que veáis…), en esa milésima, por fin todo es diferente, por fin pasan cosas, por fin hay sentido, por fin te sientes vivo de verdad. Ya no es el que pasen más o menos cosas, es que pasa algo que de repente te hace estar vivo en un mundo… (¿mundo? No sé por qué lo he escrito, quería escribir “modo”, tampoco sé por qué lo dejo y me obligo a explicar mi fallo ante vuestros ojos)… Y aquí estáis, y aquí estoy, escribiendo como un loco, pero peor es lo vuestro, que leéis a aquel que nunca estuvo cuerdo, que pensáis que podéis encontrar algo, alguna clase de… no sé, no sé explicarlo. Empezaba a escribir porque me apetecía, pero como veis, no sabía qué ni cómo y todavía no lo sé. Llevo tiempo pensando en escribir una nota de suicidio. A ver, a lo mejor me he explicado mal… o simplemente no lo he hecho. No es que me vaya a… ni siquiera puedo decirlo. No. Escribirla, pero fingida. A ver, fingida no para fingir lo que viene siendo mi… que NO. Bueno que me imaginaba un texto que simulara una nota de suicidio pero el suicida fuera tan tonto que acabara realizando un canto a la vida. Y ahora miradme, no sabía qué escribir, pero sabía que cuando pasa alguna cosa mínimamente importante o que así la veo, pues me da por escribir algún post… no sé, algún año nuevo, algún sentimiento que no puedo aguantar ni retener dentro de mí… no sé, cualquier cosilla… Y el año pasado, si no recuerdo mal, por estas fechas también escribí un post… Se ve que veo el tener más y más años como algo lo suficientemente importante como para escribir… No tiene sentido, aunque pocas cosas lo tienen… ¿Algo lo tiene? No lo sé… Muchas veces, demasiadas… De eso os daréis cuenta con los años, tiene gracia que lo diga yo, que aún con veintiuno no puedo haber sido capaz de no sé… ver ese sentido que todo el mundo parece encontrar a todo. Y no paro de ver ahora en mi discurso algo que tiene tanto de diario… Pero yo no escribo diarios, al menos no los leeréis, mis diarios están escritos a manos. Pero espera, ¿nos está diciendo que esto verdad? Si nos cuenta algo de él que es verdad… todo lo que escribe es cierto… oh, Dios, nos está contando lo que le pasa… Cumple veintidós años y además está perdido o algo, quería escribir nosequé y… Y se acaba de dar cuenta de que él lematiza “no sé qué” aunque no es correcto… Pero… Y ahora nos quita la voz y vuelve a ser él, y nos vuelve a poner en la duda de lo que es ficción y de lo que se está inventando y ahora mismo pensaba que acabaría todo esto con un “mañana cumplo veintidós años”.

lunes, 26 de enero de 2015

Y ahora otra vez no sé que hacer

Y ahora otra vez no sé qué hacer,

sentado en el metro,

la mirada perdida,

una mirada que no mira.

Solo sé que no puedo caer,

pero si caigo, me arrastraré,

porque hay veces que no puedes vivir de pie.

¿Vivir en la depresión otra vez?

Y las voces son ruidos que rebotan,

rebotan en mí,

tan absorto en la nada.

Y mis ojos rojos sollozan,

sollozan y lloran un veneno amargo,

tan amargo y tan dulce al probarlo.

Y te viene la pregunta, la premonición,

de si todo será igual,

de si lo vas a poder soportar.

Y me bloqueo,

me ahogo congelado en el hielo,

cuando todo arde,

cuando la cabeza estalla,

el cuerpo pesa

y el corazón se para.

Y todo a mi alrededor,

todo pero no hay nada.

y lo miro y lo veo pero no hay nada.

Es todo tan aparente,

tan falso, tan injusto…

y no hay nada que duela más en el mundo,

que la incomprensión del alma,

que te hagan sentirte solo,

rodeado de gente extraña,

gente rara que parece ser lo normal,

pero gente mala,

envenenada.

Y una y otra vez te dan golpes,

en una mejilla, en la otra,

en toda la cara. ´

Y cuando no hay más que magullar,

empiezan con el resto del alma.

Y no paran,

una y otra vez,

te quieren destrozar

desde una presunta tolerancia,

de lo que llaman ser modernos,

y lo que yo pienso que es no tener valores

y critican y rechazan,

una moral que ellos llaman cristiana.

Tan idiotas que no saben que no importa la etiqueta,

cuando el amor, el sentimiento puro,

es bueno y sincero.

Que por encima de todo prima una forma de ser,

que prima una verdad.

y que yo, que creía en las personas,

me confieso descreído,

y ahora creo en los sentimientos,

en los sentimientos que me ofrecen lo vivido.

Y siento dejar de creer en vosotros,

egocéntricos de vuestro ombligo,

con valores que no entiendo,

que son en realidad tan falsos y vacíos,

y desde allí, veis los míos,

y envidiosos no reconocidos,

os burláis, me atacáis,

creéis hacerme un favor

y lo hacéis,

porque me apartáis,

me apartáis cada vez de un mundo fingido,

un mundo que llamáis real,

realidad, y sin embargo construís dejándoos llevar,

siendo el uno y el otro igual,

igual de vacíos, igual de sinsentidos,

igual de dolidos, igual de podridos.

y aún así, no sé si lloro por vosotros y por mí,

porque habéis construido ese mundo en ruinas a mi alrededor,

intentáis que crea que es real,

que pensar diferente es querer escapar.

Enhorabuena,

lo habéis conseguido:

quiero escapar, huir lejos,

encontrar mi verdadero hogar.

Hacerlo yo,

que nunca nadie más me diga que deje de soñar,

que mientras siga vivo yo,

juro y prometo,

que habrá en este mundo un soñador.