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domingo, 28 de febrero de 2016

Y en nuestro porche es más blanca la luna...

Guárdate estos versos:
"Y en nuestro porche 
es más blanca la luna".
¡Qué bonito!
¿Vas a escribir?
Habrá una poesía que empiece así.
Me encanta.
Y que termine también así, porfa.
Te quiero tanto.
Vale.
También terminará así.
Es precioso el verso.
Es que es verdad,
es nuestro porche.
¿A que allí es más blanca la luna?
Sí.
Es más blanca.
Brilla más.
Y alimenta a los cipreses.
Y hace sombra a los farolillos.
Y dibuja la silueta de la araña 
en la pared blanca.
Sí.
Jajajaja.
Difumina el humo de la chimenea.
Te quiero.
Y enciende la pupila de los gatos.
Pero sobre todo,
sé que no es el Sol lo que la hace brillar,
sé que la luz
sale de tu blanca piel desnuda
que toco y acaricio
y hace de la muerte la vida.
Eres genial.
Sé que en nuestro porche, 
es más blanca la luna.

Vendo tiempo

Vendo tiempo,
coste cero.
Bebed mi sangre,
tomad mi cuerpo.
Usad mis versos,
roed mis huesos,
sed mi eco.
Ya no quiero ser mío,
me reniego,
todo vuestro.
Coged mis zapatos,
que a partir de ahora,
a partir de ahora,
ando descalzo.

jueves, 25 de febrero de 2016

La rueca

Con traje y
casco espacial,
son nuestros sueños
alas para volar.
Ícaros de bajos vuelos,
el Sol empieza a quemar.

Un mirar,
caricias,
risas y cosquillas,
recetas para no llorar.

Un esfíngico enigma,
una rueda, una hoz,
un telar.
Ser maná,
comer, amar,
vivir, pasar,
morir.
Soñar.

In memoriam,
no se acaba,
lex innata,
cíclico,
pendular.

Hicieron con mis restos
una estatua de arena,
hicieron con mis versos,
candela para la hoguera.
Me deshizo la lluvia,
la ceniza: el olvido.

Deshecho, subterráneo,
agua de ratas,
veneno de humanos.
Cóctel de carbón y barro:
polvo, versos; restos.

Dédalo, mira al cielo.
Dame alas,
para soñar.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Papel, tela, seda...

Eres un juguete.
Tarde o temprano
nos damos cuenta
de que a nadie más que a nosotros
le importan nuestros deseos.
Nos damos cuenta
de que para los demás,
para el otro,
somos pañuelos.
Eres un juguete.
Y no les importamos,
siempre nos llenan de mocos.
Si nos quieren un poco
seremos pañuelo de tela,
se sonarán lo justo
para que sigamos con ellos.
Y si son como todos,
seremos de papel,
desechables, olvidables...
Eres un juguete.
Yo lo sé,
soy pañuelo,
pero no sé de qué.
¿Soy de tela?
¿de papel?
No os importan mis deseos,
te dan igual mis sueños,
todo es puro puto interés.
Eres un juguete.
Y me machaca tanto
ser un clínex con corazón.
Absorbo mi propio llanto,
me deshago...
¿Y vosotros por qué sois humanos?
¿Mentís porque sois personas?
No queda ya nadie sobre la tierra
que no me haya engañado,
nadie ya que no me deje de lado.
Eres un juguete.
Y estoy roto, hecho trizas,
deshojado.
Y todavía hay quien me recicla,
quien me quiere pañuelo de tela,
quizás pañuelo de seda,
pero es mentira,
ya no confía.
Soy un juguete a tu vera.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Miedo a morir

Muerte…

… … … … … muerte… … … … … … … … muerte

… … … … … … … … … … … muerte…

…muerte… … … … … …

¿Dónde?

Olvido, nada, blanco,

pánico, vacío…

… … muerte…

… muerte…

… … … … … … … … muerte… … …

Nadie, miedo, incomprensión,

inexistir, reencarnación,

vaquero, desaparezco.

… muerte… muerte… muerte…

Lloro, amargo,

dolor de estómago, vómito,

pasos, respiración,

taquicárdico…

MUERTE

¿Y si creo?

MUERTE

¿Por qué no puedo?

MUERTE

Solo lloro...

MUERTE…

Lloro solo…

MUERTE

Ya no puedo…

MUERTE…

Yo no quiero.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Fugaz conjuro para ser eterno

Conjuro para ser eterno:

Llanto sin pestañeo,

ojo sin párpado,

reloj sin tiempo,

diablo sin infierno,

cuervo sin negro,

toro sin cuerno,

niño huérfano,

loco cuerdo,

llama sin fuego,

apagado deseo,

Morfeo sin sueño,

esclavos con dueño,

fregona sin suelo,

tediosos prospectos,

poeta sin versos,

cobra sin veneno,

coche sin frenos,

resaca, ibuprofeno,

mejillas, besos,

libres, presos,

volcán-hielo,

vivomuerto,

todo,

nada,

eco,

eo

.

sábado, 31 de octubre de 2015

Sí, estoy llorando.

Sí, estoy llorando.

Hoy sé que no te importo,

que mi corazón calmado está agotado,

cansado de hablar para no ser escuchado.

Destruido, vacío,

pero lleno de nada,

el resto de un dolor,

de una ruinosa jaqueca asesina

que corroe de arriba abajo mis entrañas.

Y siento que soy un juguete que tienes a mano,

que a la mínima oportunidad cogerías algo nuevo,

que no pudiste alcanzar el dorado

y te conformaste con el plastidecor blanco.

Abandonado, huérfano de ti,

perdido y peor aún, engañado.

Te alías con tus perros,

me haces ver que llevas bozal,

que todo se ha acabado,

me prometes fidelidad

pero sé que es mentira…

Ya no me puedo fiar,

mi corazón, decepcionado,

desilusionado, insultado.

No siento enfado, ni siquiera rabia.

Solo quiero dejarme morir,

morir y que acabe ya tanta mentira,

porque no lo soporto.

Me besabas, me abrazabas

y me daba la vuelta y ya no me pensabas.

Todo por soñar,

mientras tú vivías en una realidad que nunca acepté.

Y ya no sé de quién hablo,

ni siquiera de qué.

Pero me has traicionado.

Enhorabuena,

te di mi vida.

Enhorabuena,

te quise,

te quise y me has matado.

Sí, estoy llorando.

Lloro cansado.

domingo, 25 de octubre de 2015

¿Flores para tu tumba?

Cada día, durante años, llevaba flores para tu tumba,

semana tras semana, día tras día,

cada domingo, cada festivo.

Los ramos marchitos por el viento,

los pétalos, esparcidos por el tiempo.

Lágrimas camino al cementerio,

el atasco, las farolas, los paraguas fantasma.

Intermitente limpiaparabrisas, luna empañada,

sol tapado, nubes espesas, gatos no pardos.

Lloré.

Bañé.

Perdí.

Barrí.

Caminé.

Creí.

Cada día, durante años, amanecías feliz con tu sonrisa,

semana tras semana, día tras día,

cada domingo, cada festivo.

Los labios carnosos por el silencio,

las palabras malditas por tus besos.

Risas camino al cementerio,

un paseo, unas pipas, un juego.

Constante viento en tu cabello, luna malvada,

sol eterno, nubes claras, perros callejeros.

Reíste.

Besaste.

Mordiste.

Quisiste.

Engañaste.

Te creí.

viernes, 3 de julio de 2015

Un texto diferente como siempre

Paseaba el bolígrafo entre sus dedos con una delicadeza bastante tosca. Estaba hecho de contradicciones. Amaba y odiaba, reía y lloraba, chillaba y susurraba, pero todo a la vez. Era una contradicción andante. Seguía con sus torpes expertos malabarismos con el boli a la vez que escribía en el teclado. Y el teclado donde escribía solo tenía cinco octavas y acababa escribiendo a la novena pasada de bolígrafo entre el pulgar y el meñique de diferente mano, de diferente pie, de diferente extremidad. Y se sentó en un banco, sobre la vieja griega que intentaba sacar dinero, dinero de una pensión casi inexistente para comprar sus pastillas, pastillas de alegría que le pasaría su camello en el que venían montados los reyes magos. Uno robaba oro, otro incienso y el otro birra. Conocidos alcohólicos anónimos, entraban al grito de policía no tan secreta. Mientras la discreta luz de los neones de aquella tienda de ropa de bebé iluminaba los probadores llenos de octagenarios que apenas tenían diez meses. E intentaba causar la risa, pero gritaba sufriendo del divertido dolor que suponía imaginar el fino y grueso borde de un folio cortando la córnea del ojo, del ojo de la cara, que el del culo es ojete, por grande que sea y ojazos son los suyos, por cerrados que los tenga. ¿Y si bajo en el ascensor? ¿Y si subo en el descensor? ¿Y si tiro de la cadena y aparece el perro? ¿Y si dice cuidado con el gato? ¿Y si me río de la obsesión? ¿Me puedo contestar una pregunta retórica? No. La gracia… ¿cuánto más para encontrar la desgracia? ¿Cuánto menos? ¿Y el sentido? ¿No es fingido? ¿Y lo morido? ¿Y lo vivido? En un momento dejó la tercera persona o la cuarta o la quinta, se pasó a la primera y desveló que escondía en secreto a voces el callar que hablaba de él… ¿Y la basura que se encuentra escrita? Y darse cuenta de que la gente escribe por obsesión… que cuando no sabe qué hacer y no puede no hacer nada coge algo, se vuelca en ello, se aprende el día en el que se cortan las uñas de los pies, se vuelcan y se dedican a ello… ¿Fanatismo? Puta locura cuerda para evitar caer en el éxito de la miseria. Enfermos curados, como un queso, como un jamón de cinco jotas aragonesas, si os quedáis demasiado, en el futuro estaréis pasados. Abrid la puerta, dejad encendido el ordenador, apagad la ventana. Se le cae, se le cae el bolígrafo verde de las manos… ¿No era verde? ¿Habéis leído bien? Vale ya, vivid, morid ahora, ya podéis, sí, sois locos cuerdos, dejaos de bellas mierdas. Morid. Ya. Ahora. Dejad de ser como sois, nunca cambiéis. Os lo pido, sed alguien, pero no seáis vosotros. De momento, ahora ya no, el bolígrafo rojo sigue paseando entre sus dedos, de una forma toscamente delicada.

sábado, 23 de mayo de 2015

La libretita de cuero con goma elástica

Recuerdo aquel día perfectamente porque  fue el día en el que empecé aquella libreta que guardaba mis poemas más nuevos. Me gustan las libretitas, sobre todo esas pequeñas, de tapas de cuero negras y una goma elástica para que queden bien cerradas y no se les escape ni una sola palabra. Siempre me gustaba poner la fecha en que las compraba en la tapa delantera, por la parte interior, claro. Luego a lo mejor se pasaba días, semanas o incluso meses en el cajón o encima del escritorio, hasta que un día, después de cogerla, mirarla, tocarla por cada rincón, olerla y acariciarla, se me ocurría una frase que pondría justo encima de esa fecha que puse al principio. Casi siempre ponía frases que perfectamente podrían ser uno de mis muchos mandamientos, o, si preferís idos por el lado más trágico, uno de mis epitafios (porque tengo pensado morirme muchas veces, pero eso es otro tema que aún no os puedo contar, dejadme acabar con lo de la libretita y lo de aquel día). Muchas veces eran frases célebres de algunos escritores famosos,pero otras, la mayoría, eran mías, que si bien hace un par de semanas que escribí el primer párrafo del primer éxito de ventas que escribiré, aún no me puedo considerar un escritor famoso. Mi producción literaria deja mucho que desear… muchas historias comenzadas, una breve, que acabé pero decidí hacer una segunda parte, muchísimos poemas, y algún que otro artículo de ensayo que quedará en el olvido o tal vez saquen a la luz algún día los enemigos que consiga con esto de escribir y mi futura fama. Sé que me llamarán contradictorio, sé que no sabré explicarme cuando hagan referencia a alguno de mis textos, así como encontrarán sentidos que jamás en la vida imaginaría haber podido escribir. Pero sinceramente, me da un poco igual… Y claro, me acabo de dar cuenta de que estaría mal si yo, en lugar de haber dicho “me da un poco igual”, hubiera dicho que me importa una mierda. Pero el caso es que quiero que me puedan leer sin escandalizarse y si para eso necesito meterme en un registro más neutro y formalito… pues me importa una mierda, porque voy a contar mi día y os lo cuento con mis palabras. Si os parece bien, seguid leyendo (por cierto, espero que sepáis que no estoy haciendo nada raro, todos los escritores hacen pactos con los lectores, lo que pasa que a veces saben engañarnos, lo esconden más porque son muy inteligentes y así tienen a sus lectores… yo no, yo me considero profundamente idiota, no solo como lector, como escritor novato o como lo que sea, me considero idiota en todos los sentidos de mi existencia, pero ese vuelve a ser otro tema), si no os parece bien, aún no sé si ha salido o no mi best seller, pero si no lo hubiera publicado aún, leeros algún clásico, si puede ser de Cervantes o Paul Auster (casi que prefiero este último, porque siempre me pregunto cuánto se lleva Cervantes cuando alguna editorial vende su obra… ). Que quede claro desde el primer momento que yo os vendo mi historia para ganar dinero, así que ahora mismo estoy maldiciendo a todos aquellos que me leen en algún formato electrónico y me han conseguido por torrent o algún servidor de descarga directa. Así que si voy en el metro y os veo leyendo mi libro en un ebook y os pregunto y me decís que lo habéis conseguido gratis, probablemente os robe la cartera.Pero no me culpéis a mí, simplemente es que me da mucha rabia el metro, ¿cómo podéis hacer algo tan orgásmico como leer en un lugar tan irritante? Bueno, a lo que iba… ¿que cómo empezaba esta libreta? “Nunca nadie escribió estos versos”.

jueves, 30 de abril de 2015

Todavía aún recuerdo…

Todavía recuerdo aquella tarde
en que cosimos la marioneta favorita de Enare,
con aquel calcetín agujereado
que siempre asegurabas que era tu favorito.
Con aguja, dos botones e hilo,
pronto tuvimos protagonista para tus cuentos.
Y necesitábamos un nombre,
y Enare ni siquiera caminaba,
y tú lógica absurda quiso que le llamásemos Guantes.
Y tú lo movías,
yo cantaba
y ella se quedaba dormida.
Y pestañeamos y ya nos pedía los cuentos,
con sus princesas, sus héroes,
príncipes, castillos y heroínas.
Y volvimos a pestañear
y vinieron esas madrugadas,
en que leía bajo las sábanas
y yo le decía que apagara la luz,
y tú llegabas y, sin que me enterara,
le decías que un poquito más.
Todavía aún recuerdo aquellas tardes
en las que aparecías con ramos de rosas
y me besabas, a traición, por la espalda,
y luego me abrazabas.
Y cambiábamos todas las flores del jarrón
excepto una, azul esperanza,
azul calma.
Todavía aún recuerdo cómo me mirabas,
cómo reías y cómo llorabas
mientras me decías que me querías,
que estabas siempre y estarías,
que siempre nos cuidarías.
Todavía recuerdo nuestro primer beso,
en el que el caballero se quitó el yelmo
para besar a su amada.
Todavía tus latidos en la armadura
y mirarnos y pasear de la mano
por el cauce de aquel río nada vacío.
Todavía recuerdo cómo alquilamos nuestra primera casa
y nos repartimos las cenas,los baños y las escobas…
y el sofá y las primeras películas,
y el fin para siempre de tus noches de insomnio,
y el comienzo de noches locas,
noches de sueños.
Todavía recuerdo aquella primera cosecha,
de un huerto, en el jardín,
junto al árbol que plantamos juntos,
el día que nació Enare.
Todavía recuerdo aquellas noches,
en las que venías a recogerme del trabajo
y traías la cena y acabábamos en las estrellas.
Todavía recuerdo el día en que me dijiste que no me asustara,
que tú no tenías miedo,
que aunque no te viera,
siempre ardería tu fuego.
Todavía recuerdo el día en el que encontré tu libreta,
en la que anticipabas lo que pasaría
y creías vivir diciendo una mentira,
porque sabías, sabías que te irías,
que tu hora llegaría antes que la mía
y me mentías, me mentías a la cara,
diciéndome que siempre estarías.
Y viviste creyendo que me contabas una gran mentira,
a la vez que intentabas buscar la medicina.
Y buscabas la fórmula,
y nos sonreías, nos hacías felices,
nos contabas historias,
nos abrazabas, cosías tus calcetines,
nos apagabas la luz, nos mirabas,
nos querías.
Todavía recuerdo tu última sonrisa,
tu último mal chiste y que nosotros plantamos
un domingo, las flores para tu tumba,
que todos los meses cambiamos,
todas, excepto una.
Todavía recuerdo cómo me enseñaste a escribir poesía
y que me hiciste ver que para algo sí servía,
porque siempre fue tu cura,
tu manera de estar,
de perdurar,
de vivir nuestra inmortalidad.
Todavía recuerdo cómo te miraba cuando me leías
y pensabas que lo hacías mal,
que era una afición absurda.
Todavía hoy aún nos mira,
Guantes, con una sonrisa bien cosida
y te fuiste,
te fuiste sin saber que no nos contaste ninguna mentira,
porque aún estás,
porque ahora,
ahora que soy yo la que escribo poesía,
he de decir, que no nos querías,
que decir eso sería una mentira,
porque lo que tú sentías,
lo que sentías,
nunca fue pasado,
ayer, ahora, y mañana todavía,
digo que nos quieres,
que no mentías,
que ahora y siempre,
eres el amor de mi vida.

sábado, 18 de abril de 2015

Gracias.

Y nos quitan la capa

en pleno vuelo:

nos metemos en la tormenta.

Nos arrojan, nos empujan,

no sabemos reaccionar.

Las nubes y las estrellas

ahora son truenos, centellas,

rayos y centellas.

Nuestra fuerza de repente,

siete veces menor a la de un gnomo

y un llanto seco

nos estrella.

Y siento la impotencia

y miento para que no me crean

y solo es cierto que no hay certeza,

no hay cielo claro,

solo una dura,

angustiosa,

angustiosa dura corteza

que nos revuelve el estómago

y lo más que podemos hacer

es aguantar,

aguantar esas ganas de vomitar

a la realidad,

a una realidad imperfecta,

de golpes, de zarzas,

de espinas,

sin rosas.

Ya murió la mariposa,

ya llora, desconsolada,

la princesa.

Ya susurra aquella sombra,

rastrojo que arrastra tristeza.

Y mi medicina es la ponzoña

que me mata y me envenena.

Y mis lágrimas son sucias,

ya no filtran,

no confían.

Intranquilas se desprenden,

saltan al vacío

desde mi ciega retina,

rutina diaria, rutinaria,

nos sentimos ángeles

con las alas cortadas.

Y sabemos que pudimos volar,

añoramos el cielo que contamina la realidad.

Caídos, perdidos,

bebidos, vividos, vívidos,

enjaulados, atados,

nos gastaron los suspiros…

Y se nos vuelve olvidar,

el arco friega la cuerda,

da una nota de esperanza,

de brío, de valor y brillo.

Nos tiramos de cabeza al sueño,

nuestras alas rotas pueden volar.

Y en el paredón del cielo,

nos dan, esquivamos las balas,

bailamos en la tormenta,

atormentamos la realidad,

le damos dosis de la nuestra.

Y nuestra sangre riega los campos

y nuestro vómito

es el sustrato donde crece la rosa,

nuestro aire,

el mismo donde crecen las mariposas.

La princesa ríe, alegre,

en nuestra cama.

Y me devuelve la capa,

me da las alas.

Gracias.

lunes, 6 de abril de 2015

Hacer nuestro el tiempo…

Hay veces que queremos parar el mundo,

otras necesitamos acelerar cada segundo,

intentamos hacer nuestro el tiempo,

pero no podemos...

Y nos sentimos perdidos, sin rumbo,

vagabundos sin dueño,

vestidos de duelo,

siguiendo mil sueños.

Perdiendo el norte,

acercando el imán a la brújula,

volviéndola loca,

del norte al sur,

ahora al oeste,

luego al este,

otra vez al sur,

y no hace más que dibujar corazones,

corazones y suspiros helados,

que se calientan,

suspiros hirviendo que se congelan,

y nos dejamos flotar en las mansas aguas de un lago helado,

y nos dejamos quemar en el vivaz fuego del bosque ardiendo,

y tumbados, tirados,

flotando, ardiendo,

consumiéndonos,

aún tenemos fuerza y

entreabrimos nuestros ciegos ojos,

ciegos de lágrimas,

las mismas que congelan el lago

y encienden el fuego,

las mismas que ríen en el infierno

y hacen llorar en el cielo.

Y entonces,

náufrago sin barca,

a la deriva,

dejas de lado a Caronte,

estás por encima

o por debajo,

pero eres algo más

o algo menos,

no lo sabes,

pero no eres eso.

Te dejas llevar, llevar por la corriente,

por el viento, por el hielo,

por el fuego,

por el cielo y por el infierno,

te dejas llevar porque sabes, que al final,

al final no caerás, no hay precipicio,

hay tierra firme y dejarás de ser esclavo del tiempo,

esclavo sin reloj y con cadenas,

las fundirás, lo dominarás,

aunque ahora te dejes llevar,

aunque tengas que dejar el tiempo a lo suyo,

que se dedique a pasar,

al final, al final tu tirarás los granos de arena,

tú llenarás el reloj de cristal,

tú harás la tierra firme y no,

no serás tú, la tierra firme,

la tierra firme sabes dónde está.

miércoles, 4 de marzo de 2015

De lirios…

—Hola, buenas, ¿querías algo?

—Hola, solo estaba mirando…

—Si tienes alguna idea de lo que querías…

—A ver… ¿estas qué son?

—Lirios, lirios morados.

—Mmmm, ¿y cuánto valen?

—Estas, a uno cincuenta la unidad.

—Vale, pues me voy a llevar dos.

—Perfecto, ahora mismo te los pongo.

—¡Vale!

Y entonces nos cogieron. El chico ese tenía cierto aire desaliñado y había estado mirándonos a mí y a las demás durante unos minutos, indeciso, sabiendo que haría algo que le haría sonreír, pero con un punto de preocupación en esa sonrisa.

—¿Quieres que las corte?

—Sí, un poquito por favor, a ver si así puedo meterlas en la mochila…

—¿Por aquí?

—¿Un poquito más se puede?

—¿Así?

—Sí, por ahí perfecto.

—Vale.

Habíamos sido más altas en otros tiempo. Entonces con todo el cuidado del mundo nos vistieron con un bonito estampado con motivos florales morados, azules y verdes, la verdad, nos quedaba muy bien ese vestido, casi se nos olvida que nos acababan de amputar un poquito de nosotras. Para que no se nos cayera ese nuevo vestido, nos puso, a la altura de la cintura un cordel, anudado con un bonito lazo. El chico mientras observaba cómo nos vestían, miraba en la pantalla de su móvil y sonreía como alguien que acababa de hacer una trastada sorpresa.

—Pues aquí las tienes, son tres euros.

—Tome. Muchas gracias.

—A ti.

—Vale, hasta luego.

—Hasta luego.

Y empezamos a recorrer aquella transitada ciudad. Nuestro miedo por quedar encerradas en la anteriormente mencionada mochila se fue yendo cuando vimos que el chico nos llevaba en la mano. Ruidos del tráfico, gente de un lado para otro, obras, campanas, relojes… qué distinto era aquello de nuestro jardín botánico… tan gris y llena de humo, frente a nuestros colores limpios… Fuimos y entramos a una estación, íbamos a ir en tren. El chico corrió un poco porque creía que no llegaba. Consiguió un sitio para sentarse y nos miró pensativo. Sonriendo y con toda la delicadeza del mundo acabó por meternos en la mochila. Estábamos bastante bien, aunque la luz se echaba bastante en falta y cada vez más, poco a poco el agua. El roce de las vías, los nombres de las paradas…

—Es abanico.

—¿Qué? ¿Perdón?

—Abanico, la palabra que tienes que poner, es abanico.

—Ah, vale, gracias.

Alguien le había hablado y parecía despistado, como que no se esperaba que le hablaran. No volvió a hablar más en todo el camino, llegamos y notamos cómo nos cargaba a la espalda. Afortunadamente su paso era rápido pero estable. De repente empezó a hablar…

—¡Hola, guapa!

—…

—Sí, ja estic así.

—…

—¿Voy allí? Sé ir, no hace falta que vengas aposta…

—…

—Vale, sí, pues voy hasta la Iglesia.

—…

—¡Jajaja!

—…

—Vale, te veig ara guapa. ¡Te vull!

Igual que empezó a hablar se calló y siguió caminando. Pero pronto paró.

—Hola, guapaaa.

—Hola, jope, no te encontraba, ¿por qué parte has rodeado la Iglesia?

—Culpa mía, pensaba que vendrías de allí y… bueno, que por fin he acabado, soy libre. Buas, oye, qué guapa que estás. ¿Com estás?

—Qué voy a estar…

—Qué sí y punto.

—Vale, vale, si insiste el señor.

—¿Señor? Eh que solo nos llevam…

—Qué es broma… Estoy bien, un poco cansada y bueno, pero bien.

—Te vas a enfadar conmigo…

—¿Qué has hecho?

—Jajaja.

—¿Sabes que ya lo sabía?

—Los dos lo sabíamos.

Seguían hablando, juntos, parecía que no paraban de mirarse y reírse, se notaba felicidad enamorada. Tras un rato subimos unas escaleras y luego en algo así como un ascensor. En el ascensor dejaron de hablar y se escucharon algunos besos.

—Buf, a vore si ara deixe la mochila…

—Sí, ara passem i…

—¡Hola!

—Hola, ¿qué tal?

—Bé, bé, así…

De repente tras ese ruido de llaves y de cerrar de puerta, había más gente. El paso era ahora más tranquilo. Nos llevaron por el silencioso pasillo y paramos en algún sitio.

—¿La dejo aquí?

—Sí, donde quieras.

—Donde menos moleste, a ver… sí, la pongo aquí. Ah, espera, me vas a matar… ¡Jajajaja!

—Sí te voy a matar, a ver…

—A ver, no vull que t’enfades, pero yo es que las he visto y… a ver, no es tan raro y…

—Jope, sabes que no…

—Lo sé, pero es que después te veo la cara que… y yo…

Oímos el ruido de la cremallera y…

sábado, 28 de febrero de 2015

El prospecto. 1

“Pensamientos de suicidio y empeoramiento de su depresión o trastorno de ansiedad. Si usted está deprimido y/o tiene un trastorno de ansiedad, a veces puede tener pensamientos de hacerse daño o suicidarse. Esto puede aumentar al principio de comenzar a tomar antidepresivos, debido a que todos estos medicamentos tardan un tiempo en hacer efecto, normalmente unas dos semanas pero a veces puede ser más tiempo.”

No paraba de releer una y otra vez aquel párrafo de aquel prospecto de aquellas pastillas que le había recetado el médico. Estaba tirado en el suelo, solo, con la espalda contra la pared, una mano apoyada en la cabeza, las gafas en su regazo y la caja de pastillas, en las que solo faltaba una, en su otra mano. El prospecto arropaba su pantalón y le gritaba diciéndole que su estado anímico, que al lugar donde había llegado, hoy en día se le llama depresión y si tomaba aquellas pequeñitas pastillas azules, podría salir de allí. Depresión, de-pre-sión. No era posible, no podía estar metido en esa mierda, él no, a él no le podía pasar eso. Pero ahí estaba, tirado en el suelo, sin recordar cuándo fue la última vez que se duchó o cambió de pijama. Ni siquiera le quedaban platos limpios, la nevera vacía, con medio limón de testigo. El buzón lleno, lo miraba cada día, en busca de aquella carta que le diera algo a lo que acogerse para seguir, pero nada, facturas y publicidad, ni siquiera se molestaba en sacar las cartas del buzón. Llevaba semanas, casi meses, siendo impuntual e ineficaz en el trabajo y ya le habían dado varios toque s de atención, afortunadamente siempre supo disimular muy bien y hacer lo justo para que siguiera pareciendo ante todos que no era de esa clase de personas que necesitaban esas pastillas.

Lo peor de todo era el bloqueo, el bloqueo de todo. Había decidido no destruirse. La primera opción, no recordaba cuándo, pero en el momento en que toda esa mierda comenzó, lo primero que hizo fue darse a la bebida. Se pasaba los días bebiendo y las noches cerrando los bares hasta volver a casa sabiendo que debía de tumbarse de lado porque tarde o temprano vomitaría. No era imbécil y pronto se dio cuenta de no estar solucionando nada. Fue fácil para él dejar de beber, coincidiendo con dejar de dormir. De repente las noches en la cama eran insoportables, necesitaba salir, salir y no parar de caminar. La peor noche fue aquella en la que empezó a caminar y llegó a aquel peñasco, con unas vistas increíbles, unas vistas que dejaron de ser vistas para ver solo la profundidad y que llegaran a su cabeza preguntas como qué pasaría ahora si estuviera él en el fondo del peñasco. Se lo preguntaba constantemente. Cada noche, durante tres meses, estuvo acudiendo allí, pero no supo, nunca supo encontrar una respuesta, el bloqueo seguía, estaba en un punto muerto, su problema, sin embargo, era que estaba vivo.

miércoles, 25 de febrero de 2015

El sábado te veo

La radio encendida. Se había dejado la radio encendida. Esa fue una de las claves, una de las cosas que desencadenó todo.
Acababa de hablar con ella y me preparaba algo caliente en la cocina, pero en mi cabeza resonaba ese “se ha dejado la radio encendida”. Yo le contesté que la bajara y no le di más importancia. Pero ahora no paraba de aparecer en mi cabeza una y otra vez. Entonces todo encajó. La radio encendida, claro. ¿Quién deja la radio encendida y se va? Lo hacen muchas personas, más de las que imaginamos. Y poco a poco fue surgiendo el resto de la historia. Además, tenía ya treinta y tres años. Trabajaba en una agencia inmobiliaria y acogía a jóvenes que visitaran la ciudad. Estaba todo tan claro. Se sentía solo de algún modo, era alguien que seguramente requiriera siempre de alguien cerca. ¿Trauma de la infancia? ¿Alguna pérdida? No, habría sido lógico pensar eso, pero no, no pensé eso. Me fui más al trabajo. Enseñar casas. Acompañar cada día a las distintas personas en busca de una casa, no, mejor, un hogar. Ver como toda esa gente conseguía vivir junta, un proyecto de vida, uno detrás de otro, esas parejas que formarían familias, verlo cada día para acabar volviendo solo a casa. Estaba muy claro. Sentí algo de compasión, ganas de darle una palmadita en la espalda.Pero la historia seguía.
Acabé mi té echando un buen chorreón de miel. Pero quemaba demasiado, así que, como cada noche, bajé a pasear mientras se enfriaba mi taza de té con miel. Mientras bajaba las escaleras todo tenía más sentido. Sentía un vacío, pero no era triste al revés, había encontrado la manera de llenarlo y seguir sonriendo cada día. La radio encendida… pensé que seguramente dormía con la radio encendida o escuchando música o algo por el estilo. Yo mismo he sido testigo de esas noches en las que la gente, gente que está sola, o simplemente se siente, llama a la radio para contar algo o únicamente para oír a alguien. Una simple voz, aunque lejana, es mucho mejor que el silencio del insomnio noche tras noche. Pero yo, yo estaba alegre. Él había sabido remediarlo, aunque yo había descubierto todo, estaba muy claro como para no ser verdad. Entonces pensé por qué estaría solo. No era su culpa, bueno sí. No siempre había estado solo, pero simplemente no funcionó. Unas veces la culpa fue de ella, otras, de él, unas cuantas la culpa no la tuvo nadie y otras tantas la tuvieron los dos. El caso es que él no estaba mal, era feliz así.
De repente me di cuenta, él no sabía nada, él no sabía que yo sabía, ni siquiera sabía que existía. Ahí estaba yo, sabiendo todo, recomponiendo y componiendo su historia, haciendo de aquella persona un personaje. Seguía paseando, el cielo estaba clarísimo, se veía cada estrella y esa media luna en la que no paraba de verla a ella… La echo tanto de menos… pero una vida, la vida, la voy a pasar junto a ella y soy feliz. Me acerqué al final de aquel descampado, junto a una pared con grafitis, de espaldas a un campo y sobre una acequia, miré a los lados y empecé a mear. Tenía muchas ganas, mientras seguía mirando a las estrellas. Acabé, tres sacudidas y seguí, mi té me esperaba. Había desmontado y montado toda su vida, lo sabía todo y la radio seguía resonando en mi cabeza y lo pensé cada vez con más ganas. Él no sabía nada y yo, yo había convertido a la persona en personaje, sería un personaje de una de mis historias, le pasarían cosas, no sé cuales, y seguramente, tras superar cualquier problemilla, acabaría siendo feliz, porque habría hecho algo para merecérselo. Me reía, caminaba por la calle y me reía, lo había convertido en un personaje y él no tenía la más mínima idea. Y un rayo relampagueó en mi cabeza. Espera… y si todos los personajes… ¿y si todos los personajes son personas que no saben que alguien en algún lugar está contando su historia? Había descubierto algo, tenía una frase, algo que escribir, estaba deseando llegar a casa para contárselo a ella. Subí, me quité la chaqueta y, mientras, seguía pensando. Vale, es muy bonita esa frase que se me ha aparecido y dice que todos los personajes son personas, pero… mi cabeza le dio la vuelta… ¿y si todas las personas somos personajes? ¡¡¡Boom!!! ¿Había descubierto algo? Ni idea, no lo sabía, pero me sentí, os lo puedo asegurar, por un momento me sentí un personaje y era todo tan…
Y llegué, y el té estaba casi frío, pero yo tenía que hablar con ella, decirle que una vez más me había inspirado para escribir, o simplemente decirle que escribiría y me sentí escritor por primera vez. La sensación de llegar a casa y decirle: tengo algo, voy corriendo a escribirlo, esa sensación despertó en mí una posibilidad de futuro, algo más que veía claro, algo que ocurriría junto a ella y que sería una entre todas esas millones de sensaciones buenas que me hacía sentir ella. Y con el último sorbo de té frío dejé la taza, mientras ella se me acercaba por la espalda, me daba un beso y yo la miraba mientras me decía que nos íbamos a dormir. La besé, me levanté y me fui con ella a la cama.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Vein-ti-dós

Veintidós, vein-ti-dós. Menuda mierda más grande. Creí que no llegaría. No me gusta, no me gusta cumplir veintidós años. Y no puedo hacer nada. Hoy veintiuno y mañana el golpe. Me suena tan tremendamente mal. Solo quiero que pase, que pase… ¿Qué he hecho en estos veintidós años? Poco, poco o nada, y sin embargo demasiado. Todos lo sabemos, a veces estamos años y años, pasan cosas y más cosas, y te das cuenta, o no, simplemente pasan y ahí estás, viviendo al día, al ritmo del paso del tiempo, como toca, como tiene que ser y como es para todos. Pero otras veces… otras veces llega un segundo, o un minuto, por si me leen algunos escépticos o que me acusen de exagerado… Pero a veces, en esa milésima (que se fastidien los que piensen que soy un exagerado, sin ánimo de ofender, bueno, o con él, lo que veáis…), en esa milésima, por fin todo es diferente, por fin pasan cosas, por fin hay sentido, por fin te sientes vivo de verdad. Ya no es el que pasen más o menos cosas, es que pasa algo que de repente te hace estar vivo en un mundo… (¿mundo? No sé por qué lo he escrito, quería escribir “modo”, tampoco sé por qué lo dejo y me obligo a explicar mi fallo ante vuestros ojos)… Y aquí estáis, y aquí estoy, escribiendo como un loco, pero peor es lo vuestro, que leéis a aquel que nunca estuvo cuerdo, que pensáis que podéis encontrar algo, alguna clase de… no sé, no sé explicarlo. Empezaba a escribir porque me apetecía, pero como veis, no sabía qué ni cómo y todavía no lo sé. Llevo tiempo pensando en escribir una nota de suicidio. A ver, a lo mejor me he explicado mal… o simplemente no lo he hecho. No es que me vaya a… ni siquiera puedo decirlo. No. Escribirla, pero fingida. A ver, fingida no para fingir lo que viene siendo mi… que NO. Bueno que me imaginaba un texto que simulara una nota de suicidio pero el suicida fuera tan tonto que acabara realizando un canto a la vida. Y ahora miradme, no sabía qué escribir, pero sabía que cuando pasa alguna cosa mínimamente importante o que así la veo, pues me da por escribir algún post… no sé, algún año nuevo, algún sentimiento que no puedo aguantar ni retener dentro de mí… no sé, cualquier cosilla… Y el año pasado, si no recuerdo mal, por estas fechas también escribí un post… Se ve que veo el tener más y más años como algo lo suficientemente importante como para escribir… No tiene sentido, aunque pocas cosas lo tienen… ¿Algo lo tiene? No lo sé… Muchas veces, demasiadas… De eso os daréis cuenta con los años, tiene gracia que lo diga yo, que aún con veintiuno no puedo haber sido capaz de no sé… ver ese sentido que todo el mundo parece encontrar a todo. Y no paro de ver ahora en mi discurso algo que tiene tanto de diario… Pero yo no escribo diarios, al menos no los leeréis, mis diarios están escritos a manos. Pero espera, ¿nos está diciendo que esto verdad? Si nos cuenta algo de él que es verdad… todo lo que escribe es cierto… oh, Dios, nos está contando lo que le pasa… Cumple veintidós años y además está perdido o algo, quería escribir nosequé y… Y se acaba de dar cuenta de que él lematiza “no sé qué” aunque no es correcto… Pero… Y ahora nos quita la voz y vuelve a ser él, y nos vuelve a poner en la duda de lo que es ficción y de lo que se está inventando y ahora mismo pensaba que acabaría todo esto con un “mañana cumplo veintidós años”.

lunes, 26 de enero de 2015

Y ahora otra vez no sé que hacer

Y ahora otra vez no sé qué hacer,

sentado en el metro,

la mirada perdida,

una mirada que no mira.

Solo sé que no puedo caer,

pero si caigo, me arrastraré,

porque hay veces que no puedes vivir de pie.

¿Vivir en la depresión otra vez?

Y las voces son ruidos que rebotan,

rebotan en mí,

tan absorto en la nada.

Y mis ojos rojos sollozan,

sollozan y lloran un veneno amargo,

tan amargo y tan dulce al probarlo.

Y te viene la pregunta, la premonición,

de si todo será igual,

de si lo vas a poder soportar.

Y me bloqueo,

me ahogo congelado en el hielo,

cuando todo arde,

cuando la cabeza estalla,

el cuerpo pesa

y el corazón se para.

Y todo a mi alrededor,

todo pero no hay nada.

y lo miro y lo veo pero no hay nada.

Es todo tan aparente,

tan falso, tan injusto…

y no hay nada que duela más en el mundo,

que la incomprensión del alma,

que te hagan sentirte solo,

rodeado de gente extraña,

gente rara que parece ser lo normal,

pero gente mala,

envenenada.

Y una y otra vez te dan golpes,

en una mejilla, en la otra,

en toda la cara. ´

Y cuando no hay más que magullar,

empiezan con el resto del alma.

Y no paran,

una y otra vez,

te quieren destrozar

desde una presunta tolerancia,

de lo que llaman ser modernos,

y lo que yo pienso que es no tener valores

y critican y rechazan,

una moral que ellos llaman cristiana.

Tan idiotas que no saben que no importa la etiqueta,

cuando el amor, el sentimiento puro,

es bueno y sincero.

Que por encima de todo prima una forma de ser,

que prima una verdad.

y que yo, que creía en las personas,

me confieso descreído,

y ahora creo en los sentimientos,

en los sentimientos que me ofrecen lo vivido.

Y siento dejar de creer en vosotros,

egocéntricos de vuestro ombligo,

con valores que no entiendo,

que son en realidad tan falsos y vacíos,

y desde allí, veis los míos,

y envidiosos no reconocidos,

os burláis, me atacáis,

creéis hacerme un favor

y lo hacéis,

porque me apartáis,

me apartáis cada vez de un mundo fingido,

un mundo que llamáis real,

realidad, y sin embargo construís dejándoos llevar,

siendo el uno y el otro igual,

igual de vacíos, igual de sinsentidos,

igual de dolidos, igual de podridos.

y aún así, no sé si lloro por vosotros y por mí,

porque habéis construido ese mundo en ruinas a mi alrededor,

intentáis que crea que es real,

que pensar diferente es querer escapar.

Enhorabuena,

lo habéis conseguido:

quiero escapar, huir lejos,

encontrar mi verdadero hogar.

Hacerlo yo,

que nunca nadie más me diga que deje de soñar,

que mientras siga vivo yo,

juro y prometo,

que habrá en este mundo un soñador.

jueves, 22 de enero de 2015

A mí me gusta

Y ahora ya eres dueño de allá donde pisan tus pies,

y tus huellas dejan un rastro que va borrando el viento,

y tus ojos miran hacia las estrellas

mientras caminas hacia ninguna parte,

y tus recuerdos son rastrojos que se arrastran por el desierto,

y tus lágrimas se secan

y en la mochila solo llevas sonrisas, besos y abrazos,

nada más, vas con lo puesto,

pero con el corazón lleno.

Porque desaparecer ya no es,

porque no quieres,

porque justamente lo que quieres es estar solo,

pero solo con ella,

que todo lo demás te dé igual,

que el reloj siga implacable con un tictac que no cesa,

que el rayo caiga de la tormenta y nos iluminé,

que nos devuelva esas fuerzas que nunca perdimos,

que nos devuelva esa sonrisa que siempre tuvimos,

y que cuando el charco de nuestras lágrimas inunde la tierra,

nademos en ellas hasta juntar nuestros cuerpos.

Y que cuando nuestros gritos de ayuda inunden los cielos,

escuchemos cerca, al oído, cómo susurramos te quieros.

Y que por fin, ahora ya no miras atrás

y ves el futuro, pero en presente

y por fin ves algo que no te asusta,

por fin ves todo claro, aunque el mundo se ría,

sabes que acabaréis de la mano,

tú y ella,

siendo una misma sonrisa

que grita al mundo:

A mí me gusta.