Mostrando entradas con la etiqueta democracia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta democracia. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de noviembre de 2015

Miedo a morir

Muerte…

… … … … … muerte… … … … … … … … muerte

… … … … … … … … … … … muerte…

…muerte… … … … … …

¿Dónde?

Olvido, nada, blanco,

pánico, vacío…

… … muerte…

… muerte…

… … … … … … … … muerte… … …

Nadie, miedo, incomprensión,

inexistir, reencarnación,

vaquero, desaparezco.

… muerte… muerte… muerte…

Lloro, amargo,

dolor de estómago, vómito,

pasos, respiración,

taquicárdico…

MUERTE

¿Y si creo?

MUERTE

¿Por qué no puedo?

MUERTE

Solo lloro...

MUERTE…

Lloro solo…

MUERTE

Ya no puedo…

MUERTE…

Yo no quiero.

viernes, 3 de julio de 2015

Un texto diferente como siempre

Paseaba el bolígrafo entre sus dedos con una delicadeza bastante tosca. Estaba hecho de contradicciones. Amaba y odiaba, reía y lloraba, chillaba y susurraba, pero todo a la vez. Era una contradicción andante. Seguía con sus torpes expertos malabarismos con el boli a la vez que escribía en el teclado. Y el teclado donde escribía solo tenía cinco octavas y acababa escribiendo a la novena pasada de bolígrafo entre el pulgar y el meñique de diferente mano, de diferente pie, de diferente extremidad. Y se sentó en un banco, sobre la vieja griega que intentaba sacar dinero, dinero de una pensión casi inexistente para comprar sus pastillas, pastillas de alegría que le pasaría su camello en el que venían montados los reyes magos. Uno robaba oro, otro incienso y el otro birra. Conocidos alcohólicos anónimos, entraban al grito de policía no tan secreta. Mientras la discreta luz de los neones de aquella tienda de ropa de bebé iluminaba los probadores llenos de octagenarios que apenas tenían diez meses. E intentaba causar la risa, pero gritaba sufriendo del divertido dolor que suponía imaginar el fino y grueso borde de un folio cortando la córnea del ojo, del ojo de la cara, que el del culo es ojete, por grande que sea y ojazos son los suyos, por cerrados que los tenga. ¿Y si bajo en el ascensor? ¿Y si subo en el descensor? ¿Y si tiro de la cadena y aparece el perro? ¿Y si dice cuidado con el gato? ¿Y si me río de la obsesión? ¿Me puedo contestar una pregunta retórica? No. La gracia… ¿cuánto más para encontrar la desgracia? ¿Cuánto menos? ¿Y el sentido? ¿No es fingido? ¿Y lo morido? ¿Y lo vivido? En un momento dejó la tercera persona o la cuarta o la quinta, se pasó a la primera y desveló que escondía en secreto a voces el callar que hablaba de él… ¿Y la basura que se encuentra escrita? Y darse cuenta de que la gente escribe por obsesión… que cuando no sabe qué hacer y no puede no hacer nada coge algo, se vuelca en ello, se aprende el día en el que se cortan las uñas de los pies, se vuelcan y se dedican a ello… ¿Fanatismo? Puta locura cuerda para evitar caer en el éxito de la miseria. Enfermos curados, como un queso, como un jamón de cinco jotas aragonesas, si os quedáis demasiado, en el futuro estaréis pasados. Abrid la puerta, dejad encendido el ordenador, apagad la ventana. Se le cae, se le cae el bolígrafo verde de las manos… ¿No era verde? ¿Habéis leído bien? Vale ya, vivid, morid ahora, ya podéis, sí, sois locos cuerdos, dejaos de bellas mierdas. Morid. Ya. Ahora. Dejad de ser como sois, nunca cambiéis. Os lo pido, sed alguien, pero no seáis vosotros. De momento, ahora ya no, el bolígrafo rojo sigue paseando entre sus dedos, de una forma toscamente delicada.

sábado, 23 de mayo de 2015

La libretita de cuero con goma elástica

Recuerdo aquel día perfectamente porque  fue el día en el que empecé aquella libreta que guardaba mis poemas más nuevos. Me gustan las libretitas, sobre todo esas pequeñas, de tapas de cuero negras y una goma elástica para que queden bien cerradas y no se les escape ni una sola palabra. Siempre me gustaba poner la fecha en que las compraba en la tapa delantera, por la parte interior, claro. Luego a lo mejor se pasaba días, semanas o incluso meses en el cajón o encima del escritorio, hasta que un día, después de cogerla, mirarla, tocarla por cada rincón, olerla y acariciarla, se me ocurría una frase que pondría justo encima de esa fecha que puse al principio. Casi siempre ponía frases que perfectamente podrían ser uno de mis muchos mandamientos, o, si preferís idos por el lado más trágico, uno de mis epitafios (porque tengo pensado morirme muchas veces, pero eso es otro tema que aún no os puedo contar, dejadme acabar con lo de la libretita y lo de aquel día). Muchas veces eran frases célebres de algunos escritores famosos,pero otras, la mayoría, eran mías, que si bien hace un par de semanas que escribí el primer párrafo del primer éxito de ventas que escribiré, aún no me puedo considerar un escritor famoso. Mi producción literaria deja mucho que desear… muchas historias comenzadas, una breve, que acabé pero decidí hacer una segunda parte, muchísimos poemas, y algún que otro artículo de ensayo que quedará en el olvido o tal vez saquen a la luz algún día los enemigos que consiga con esto de escribir y mi futura fama. Sé que me llamarán contradictorio, sé que no sabré explicarme cuando hagan referencia a alguno de mis textos, así como encontrarán sentidos que jamás en la vida imaginaría haber podido escribir. Pero sinceramente, me da un poco igual… Y claro, me acabo de dar cuenta de que estaría mal si yo, en lugar de haber dicho “me da un poco igual”, hubiera dicho que me importa una mierda. Pero el caso es que quiero que me puedan leer sin escandalizarse y si para eso necesito meterme en un registro más neutro y formalito… pues me importa una mierda, porque voy a contar mi día y os lo cuento con mis palabras. Si os parece bien, seguid leyendo (por cierto, espero que sepáis que no estoy haciendo nada raro, todos los escritores hacen pactos con los lectores, lo que pasa que a veces saben engañarnos, lo esconden más porque son muy inteligentes y así tienen a sus lectores… yo no, yo me considero profundamente idiota, no solo como lector, como escritor novato o como lo que sea, me considero idiota en todos los sentidos de mi existencia, pero ese vuelve a ser otro tema), si no os parece bien, aún no sé si ha salido o no mi best seller, pero si no lo hubiera publicado aún, leeros algún clásico, si puede ser de Cervantes o Paul Auster (casi que prefiero este último, porque siempre me pregunto cuánto se lleva Cervantes cuando alguna editorial vende su obra… ). Que quede claro desde el primer momento que yo os vendo mi historia para ganar dinero, así que ahora mismo estoy maldiciendo a todos aquellos que me leen en algún formato electrónico y me han conseguido por torrent o algún servidor de descarga directa. Así que si voy en el metro y os veo leyendo mi libro en un ebook y os pregunto y me decís que lo habéis conseguido gratis, probablemente os robe la cartera.Pero no me culpéis a mí, simplemente es que me da mucha rabia el metro, ¿cómo podéis hacer algo tan orgásmico como leer en un lugar tan irritante? Bueno, a lo que iba… ¿que cómo empezaba esta libreta? “Nunca nadie escribió estos versos”.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Un día de una vida (I partede “Un… un…”)

—¿Te acuerdas?

—Claro que me acuerdo, cada día.

—Pero, ¿sabes de lo que digo?

—Estoy pensando lo mismo que tú. Otra vez llegamos tarde.

—Es tu culpa. Siempre tardamos en salir de la cama por tu culpa.

—¿Mi culpa? Bueno… yo… es que me despierto y estás ahí… y…

—Y llegamos tarde…

—Pues sí.

—Pero entonces, ¿sabes de lo que hablaba?

—Hace un año, claro que lo sé.

—¿Un año?

—¡Exacto! Un año desde ese ascensor.

—Un año…

—¿Cómo te sientes?

—Un año…

—Y si lo dices otra vez más ya serán tres.

—¡Jajaja! Perdona, no me había dado cuenta. Sí, me refería a eso. Ya no cogemos el ascensor.

—Lo sé. ¿Para qué?

—No sé, para hablar del tiempo, para conocernos mejor, o incluso si un día se queda parado y estamos solos…

—¡Jajajajaj! Para o tendremos que volver a casa y llegaremos más tarde aún.

—Sí, mejor paro.

—¿Has dejado tú el periódico ese en la mesilla?

—¿Yo? ¿Cuál?

—Uno, abierto por una página en la que ponía algo sobre cuántas veces se hace el amor a la semana y lo que conlleva.

—No sé, ¿qué decía?

—Pues en resumen: cuanto más veces menos estrés, más inteligencia, salud y felicidad.

—Pues no lo he dejado yo, pero…

—¿Pero…?

—No sé, algo tendremos que hacer entonces.

—¡Jajajaja! Y luego dice que llegamos tarde por mi culpa.

—¡Jajajaja!

—Un año del ascensor, de ir al zoo, de tumbarse a mirar estrellas, de sorprendernos cada día, de conversaciones de locos… y de amor, mucho amor.

—Sobre todo mañanas como las de hoy.

—Y dos veces, ¡choca!

—¡Jajajajaja! ¡Idiota!

—Ya sabes que siempre lo fui, te lo advertí. Qué risa, ¿te acuerdas que me hablabas de usted?

-Vaya tela, es verdad… aunque me lo estoy replanteando…

—¿Y eso?

—¡El otro día te vi una cana!

—¡Eh! ¡Jajajajaja! Que tampoco nos llevamos tanto…

—Ni tan poco…

—…

—Te quiero.

—Y yo a ti.

—Me encanta lo bien que lo pasamos, desde el primer momento hasta hoy.

—Bueno, siempre bien…

—¿No?

—A ver…

—¿Alguna vez lo pasamos mal?

—Mal tampoco, pero…

—Madre mía, noticias frescas, a ver, ¿qué me he perdido de esta historia de peli que escribimos cada día con final feliz?

—Lo del final feliz, ya tuvimos que hablar de eso, ¿te acuerdas?

-¡Eh! No vale, esa pregunta era mía.

—Pues ahora te toca.

—Mmmmmm… no sé, ¿cuándo no lo pasamos del todo bien?

—Acuérdate, cuando…

—¿Cuando?

—…

martes, 30 de abril de 2013

El de cuando el post 100

Cien posts ya. Cien posts en los que he hablado de mí, de mi vida personal (si es que realmente tengo), en los que he dado mi opinión, en los que he intentado dar voz a personajes que tenían una historia que contar, una historia que muchos podéis haber confundido con la mía o incluso con la vuestra y la verdad es… la verdad es que… sinceramente, no sé cuál es la verdad.

Llega un punto en que ficción y realidad son lo mismo, nos da igual una cosa que la otra, ¿por qué? Pues simplemente porque toda realidad antes de serlo es ficción y a su vez toda ficción necesita de la realidad para serlo. No es tan complicado y creo que hay un ejemplo en el que se ve bastante claro lo que intento decir. Como no, para variar un poco mis temas, hablaré sobre un Él y una Ella. Él, la vio a Ella por primera vez una tarde cualquiera, mientras paseaba. Ese choque de su mirada con Ella fue en el mundo real, pero, después de eso, él empezó a imaginar. ¿Qué le iba a decir? ¿Cómo la abordaría? ¿Sería capaz de hablar con ella? Y Ella, ¿le contestaría? ¿Estaría dispuesta a hablar con alguien tan corriente como Él? Todo, todo lo que pensaba era ficción, nada era real. Pero esa ficción estaba viva, la idea no se podía estar quieta en la mente, necesitaba salir, necesitaba realizarse y para eso, necesitaba volver al plano de la realidad. Necesitaba aplicar toda esa ficción, transformarla en acción. Él, por fin, un día, se atrevió a hablarle. Dio rienda suelta a todo aquello que antes había imaginado, puso en contacto ficción y realidad, los fusionó, porque se necesitaban mutuamente. Tras hablar con Ella, después de que Ella aceptara a quedar, Él volvió a su casa, solo, como siempre. Y fue otra vez cuando esa realidad que había vivido hace a penas unos instantes, volvió a ser ficción. ¿Debería haber dicho esto en vez de aquello otro que dije? ¿Quizás debería haberle preguntado esto…?

No pretendo escribir algo filosófico, eso es algo que me aburriría profundamente. Solo quiero dejar claro que me importa bien poco si lo que escribo os lo tomáis como algo ficticio o como algo real, para mí, no hay una verdadera diferencia entre realidad y ficción, son lo mismo. Ahora bien, cuando escribo, cuando invento un personaje, no todo lo que le pasa me ha tenido que pasar a mí, no tengo por qué sentirme como se siente él o ella, para nada. Afortunadamente la realidad nos da muchos datos, muchas historias sueltas, muchas acciones y, la imaginación nos da la posibilidad de mezclarlas y expresarlas como queramos. Es verdad que será más fácil escribir sobre un tipo que está enamorado o loco, si quien escribe está loco o enamorado (si es que hay alguna diferencia), pero no tiene por qué. Es un poco también lo bueno de escribir, que te permite sentirte un poco como quieres, te permite crear estados de ánimo y eso, en ciertas ocasiones, cuando nada ni nadie más es capaz de dártelos, es reconfortante y, muchas veces lo único que nos queda.

Y para acabar esta chapa que os acabo de dar en unas cuantas líneas, os diré que seguiré mareando a aquellos y aquellas que os paséis por aquí, de vez en cuando, sin fechas fijas, simplemente cuando me apetezca o necesite urgentemente contar o sentir algo… Gracias por leer y si queréis compartir vuestra ficción, vuestra realidad, en un comentario o lo que sea, no dudéis, todo vale, nunca os privéis de decir lo que tenéis en mente o, probablemente, acabaréis tan mal como yo.

jueves, 25 de abril de 2013

Duda 1: ¿Se gasta el amor?

Las dudas le invadían. Estaba bien con ella, todo era casi perfecto, pero ¿quería eso para siempre? El resto de su vida con una misma persona, la misma sonrisa cada día, las mismas discusiones por las mismas cosas, un lloro, una reconciliación, unos primeros besos fugaces seguidos de otro eterno y otra vez, la misma sonrisa.
El primer año de relación había sido mágico, inolvidable, divertido… El ir conociéndose poco a poco, descubrir los gustos del otro, aquello que no le gusta, lo compartido, no poder parar de pensar en ella, descubrir cada rincón de su cuerpo y memorizarlo mejor que la palma de su propia mano… Cuando estaban juntos el tiempo volaba, solo querían que se parara y cuando estaban separados las manecillas del reloj aumentaban su peso y se desplazaban a la velocidad de un caracol… Él y ella eran parte de una misma cosa, se necesitaban, se querían. Las discusiones eran algo también habitual… alguna que otra vez pensó que a veces discutían solo para poder reconciliarse más tarde. El primer año también fue el año de los miedos e inseguridades. ¿Cómo una chica como ella podía estar con un tipo como él? Seguro que en cuanto apareciera otro ella se iría de cabeza con él, porque en realidad, sabía que él no podía darle todo lo que se merecía. La había divinizado y cuando divinizas a alguien, todo es poco, eres un mero súbdito que nunca acaba de poder cumplir las expectativas tan altas propias de una diosa.
El segundo año fue el de la estabilidad. Todo algo más tranquilo, más rutinario, más monótono. La pasión inicial había dejado paso a un estado de equilibrio. Ya no se reían tanto, ya no discutían tanto, todo lo hacían en un término medio, y cuando haces algo en término medio solo puedes ser medianamente feliz, que es mucho más de lo que tantas otras personas conseguirán en su vida. La inseguridad había desaparecido. La diosa ya no era tal, ahora eran iguales. A ella le sentó bastante mal perder su posición divina, pero nunca lo hablaron, supuso que era algo inevitable con el tiempo. Él perdió su miedo a perderla, eso le dio cierta tranquilidad y, de algún modo, fue una de las cosas que más directamente los abocó a una vida tranquila y rutinaria.
El tercer año, la rutina se hizo rutina. Seguían siendo medianamente felices. Simplemente discutían cuando cualquier situación del trabajo o de sus amistades causaba algún problema, ya no discutían por ellos, se conocían demasiado bien, era una tontería. Él volvió a experimentar el miedo a perderla. Ella tenía una nueva amistad. En el trabajo había conocido a una persona y cada vez que le contaba algo, él la veía volver a sonreír como lo hacía aquel primer año, su sonrisa de diosa había vuelto y a causa de una tercera persona. Fue entonces cuando volvieron a discutir y, en plena reconciliación, él no se lo pensó dos veces antes de pedirle matrimonio, asegurándose estar con ella para siempre, volviendo a recuperar a su diosa que dejaría de serlo en cuanto le pusiera el anillo en el dedo.
Ahora, en el cuarto año, a una semana de la boda, él se planteaba la proposición. Cuando le pidió matrimonio, ella reaccionó llorando y él pensó que eran lágrimas de alegría, pero la verdad es que no fue así, la verdad es que nunca volvió a sonreír como una diosa, la última vez que lo hizo fue al conocer a ese tipo del trabajo. Él empezó a sentirse culpable porque, siendo sincero, sabía que serían simplemente medianamente felices por su culpa, él se había sentenciado y la había arrastrado a ella. Había sido un egoísta. Ahora no sabía qué hacer. ¿Eran todas las relaciones así? ¿Un buen primer año y luego ser medianamente felices? ¿No deberían de ser todos los años como el primero? Las dudas le invadían.

jueves, 24 de noviembre de 2011

El de cuando la ley antitabaco

Todavía hoy recuerdo aquellas semanas en las que la polémica ley antitabaco parecía ser el tema de moda en todos los telediarios. Dueños de bares que protestaban por haber tenido que hacer reformas en sus bares por una ordenanza anterior que les hizo habilitar zonas para fumadores y no fumadores. Fumadores quejándose de que no había derecho, que iba contra la libertad de la persona misma. Dueños otra vez diciendo que se arruinarían si no les dejaban permitir fumar a sus clientes. Bares que pasaban a transformarse en clubes (o algo por el estilo). Denuncias por no cumplir la mencionada ley. Y, en menor medida, siempre aparecía algún no fumador alegre, contento por su salud y las de los demás. Tras dos semanas de verlo a diario en todos los noticieros, el tema parecía haberse calmado, parecía haber quedado en el fondo de un cajón, en lo más profundo del olvido, si se me permite.

Unos meses después, recuerdo haber leído artículos y haber visto encuestas en las que decían que miles de personas habían dejado de fumar ante la situación cada vez más restrictiva. Además, también emitieron pequeños reportajes de dueños de bares que afirmaban mantener la misma clientela de siempre. Y, cómo no, ahí estaba el no fumador, más alegre si cabe que las primeras veces que le entrevistaron y respaldaba la ley. Estaba contento porque por fin algo impulsado desde nuestro gobierno había “funcionado”.

El otro día, leyendo la prensa digital, encontré un artículo donde aparecía que, el entonces candidato a la presidencia de nuestro país por parte del PP y, a día de hoy nuestro presidente, don Mariano Rajoy, quiere meter mano a la ley antitabaco para “suavizarla”. Ante tal noticia solo he podido reírme resignado. Cuando esta ley, que tan polémica fue al instaurarse, había conseguido sus propósitos y, la gente ya la había aceptado y asumido, es momento de “suavizarla”. La verdad que yo aquí solo veo la búsqueda del beneficio que se consigue con los altos impuestos del estado sobre el tabaco. Me parece genial que se busquen formas de donde sacar dinero pero, veo como una gran calamidad hacerlo a costa de la salud de las personas. No hay que olvidar que el tabaco es una droga y las numerosas enfermedades respiratorias que causa y, por encima de todo, no hay que olvidar que no únicamente afecta al fumador, a ese “amigo” de la nicotina, también afecta a aquellos que están cerca del fumador. Pero bueno, no pasa nada, a los fumadores que enferman a causa del tabaco siempre se les puede negar la sanidad pública y, así, incentivaremos la sanidad privada ya que, parece ser que tan solo importa el trabajo. El trabajo y el dinero es lo realmente importante. ¿Para qué nos vamos a preocupar de temas tan triviales cómo la salud de las personas o la educación, por ejemplo?

Sinceramente, espero que muchas de las promesas y de lo que han dicho muchos políticos no se cumplan, cosa que suele pasar.

martes, 8 de noviembre de 2011

El de cuando el lenguaje es machista

En el post anterior acabé haciendo referencia al machismo del lenguaje. Si bien puede dar mucho de lo que hablar, intentaré ser bastante conciso y exponer algunas verdades bastante obvias y que seguro que alguna vez os han dado qué pensar (y si no es así espero que tras leer este breve texto así sea).

Únicamente si nos fijamos en el propio valor que tiene una palabra, o más bien, en el valor que le damos y, si esta palabra es masculina o femenina, observaremos lo machista que es el lenguaje. Pensemos en palabras como “zorra” y como se contrapone con “zorro”. Mientras que la primera la entendemos como “prostituta” o “guarra”, la segunda se aplica cuando queremos decir que alguien es “astuto”. Podría enumerar muchos más ejemplos, sin salir si quiera del campo de los animales: perro/perra, gallina/gallo, etc. Pero no me gustaría centrarme sólo en los sustantivos y en el significado despectivo que suelen tener los femeninos y el significado afectivo o no despectivo que alcanza el masculino del mismo.

Me gustaría permitirme el lujo de contar una anécdota propia, una conversación que tuve con unos amigos mientras comía. En la conversación empezamos a hablar sobre la situación imaginaria de que, si hubiera un millón de personas y entre estas solamente hubiera un hombre, si nos quisiéramos dirigir a la totalidad del grupo lo haríamos mediante el pronombre “vosotros”. Ante esta reflexión recuerdo que uno de mis amigos dijo que esto quería decir que un solo hombre es mucho más importante que 999.999 mujeres. Lógicamente, mi compañero lo dijo de manera sarcástica. Pero si pensamos un poco en esto, veremos claramente la raíz de lo que hoy llamamos el machismo en el lenguaje. No soy historiador y no sabría dar fechas exactas pero, por todos es bien sabido que la mujer ha tenido una importancia, o mejor dicho, siempre se la ha dado un papel inferior, se la ha menospreciado y considerado inferior al hombre. Digo hasta hace bien poco siendo consciente de que, hay en lugares donde todavía sigue considerándose inferior (o más bien la consideran inferior) y, países donde legalmente son iguales pero, todavía quedan síntomas de esa discriminación que ha sufrido durante tantos años, véase en el lenguaje o en ciertas personas retrógradas incapaces de asumir la igualdad que hay entre hombres y mujeres. Sólo hay que pensar que, antiguamente (digo antiguamente porque no sabría decir la época exacta) los hombres tenían casa, perro, campos y mujer. Vemos que la mujer se consideraba una propiedad más. Mirando hacia atrás en la historia, encontramos pues, la razón de que el lenguaje de hoy sea machista. Y es que, la misma sociedad que ha hablado el lenguaje, es (o ha sido) machista.

Tras haber escrito esto, me gustaría que quedara bien claro que mi posición no es una posición feminista pero, esto no conlleva que sea una posición machista, no. Creo que queda claro. Me sitúo en un lugar en el que pretendo que tanto el valor de un hombre como el de una mujer sea igual, es decir, en una posición igualitarista. Me gustaría pensar que, algún día, en el ejemplo que he citado del millón de personas, nos pudiéramos referir al grupo como “vosotras”, esto es, que nos refiriéramos de forma democrática, por lo que nos dicte la mayoría. 

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El de cuando todos se indignan

Empezaré este post como tantos otros periodistas y personas han hablado en algún momento últimamente. Estamos asistiendo a un cambio único en la historia, a una revolución que no sabremos como acabará pero que parece apostar por un mundo mejor y más libre. Pues bien, siento contradecir a tanta gente pero me parece de lo más normal el proceso que estamos viviendo. Es normal que la gente se indigne y se queje, es normal ahora y lo ha sido toda la vida lo que pasa es que quizás estemos en un momento, en una época, donde más libertad parece haber para quejarse. La revueltas en el norte de África son preciosas, con sus miles de muertos y heridos pero claro, hay que pensar que el fin de la dictadura y vivir con más libertad por lo tanto, justifica estas revueltas, sino ¿porqué iba a estar gente dispuesta a morir por los suyos, por un futuro mejor? Sinceramente veo innecesarias tantas muertes, nunca las podré justificar. Las cosas se han estado haciendo mal desde ya hace mucho tiempo y parece mentira que todavía no hayamos aprendido el modo correcto de hacerlas. A mi desde luego lo que me queda bien claro es que si se les permite a ciertos países estar en guerra es porque a otros pocos les importa bastante todo el beneficio que sacarán y muy poco todas las vidas que se perderán. Pero no nos pongamos dramáticos, la historia nos ha mostrado que para la busca de una “mejora” son necesarias las muertes y de nada sirve la diplomacia, los protocolos. Triste pero cierto.  En nuestro mundo, en nuestro planeta, es tremendamente necesario que haya ricos y pobres. Es tan simple como que, para que haya alguien rico tiene que haber bastantes pobres. No digo que esto me guste pero es la cruda realidad, tiene que ser así. Por este motivo cuando veo a tantos indignados en las noticias (pero ojo, no indignados que están matándose por el norte de África en busca de una democracia no, hablo de indignados de los nuestros que piden una democracia real), me doy cuenta otra vez de la hipocresía del mundo. Lo primero, no nos engañemos, la democracia es lo que tenemos en España, lo que tienen en Reino Unido y demás países que conocemos como democráticos. Es así, ni más ni menos. Esa es la realidad de la democracia, el sistema en el que vivimos. Nos puede gustar o no, pero es lo que hay. ¿Que está mal que unos pocos se llenen los bolsillos a costa de otros? Claro que sí. Pero también está mal que cuando vayamos a un restaurante nos dejemos comida en el plato mientras que hay otras personas que matarían o, mejor dicho, mueren por esa comida. Pero bueno, esas personas están muy lejos, preocupémonos por que nuestros políticos no nos roben y tengamos un trabajo, preocupémonos de nuestro propio bien, del bien de nuestra clase media que del bien de los de la clase baja ya se ocuparán ellos mismos, cada uno que se ocupe de sus problemas que con eso ya hay suficiente.

Triste pero cierto. No nos engañemos, a nosotros la gente de otros países nos importa bien poco. Ahora yo estoy hablando de ella y puedo provocar cierto mal estar en las conciencias, puedo sentirme molesto y apesadumbrado por tales injusticias pero, seguramente, volveré a un restaurante y me dejaré algo en el plato bien porque ya estoy lleno bien porque no me gusta. Pero es que es así. Hace tiempo pasamos de vivir en un mundo de “infraproducción” en el que no se producía lo suficiente, a un mundo de sobreproducción donde se produce demasiado. Las consecuencias: ricos, clase media y pobres. Claro que ricos, clase media y pobres siempre ha habido, pues claro, es que de otro modo es impensable (aunque si a alguien se le ocurriera que me lo diga).

Acabo ya con el post que espero no me cause la aversión de muchas personas y, con la finalidad de que la gente se de cuenta que una democracia, es en lo que vivimos, que lo asuman, que querer cambiar el mundo está muy bien, de hecho ojalá algún día se demuestre que un sistema mejor es posible. La democracia es esto, el gobierno de unos pocos elegidos por una mayoría por eso, yo veo una analogía clara con el sistema con el que funciona nuestro planeta, el gobierno de unos pocos países sobre los otros, sobre una gran mayoría (muchos pensaréis que esa gran mayoría de países no han elegido a los que les “gobiernan”, bien, os invito a reflexionar). Y ahora sí que concluyo a la espera de las críticas.

Hoy, 2 de noviembre de 2011edito esta entrada. He estado releyendo y me he dado cuenta de que quizás no quede clara mi posición respecto a lo que trato o incluso lo que trato. He hablado de hechos evidentes que ocurren en la actualidad. Y he hablado contrastando cosas que pasan en países más pobres y más ricos. El mensaje que de verdad quería transmitir es que, nos quejamos pidiendo una democracia real cuando la democracia es lo que tenemos (que se esté usando mal es otra cosa) y que, no me acaba de gustar tanto indignado ya que, si bien, tiene motivos para indignarse, me parece que hay gente que tiene muchos más,que está en peores condiciones y que tiene muchísimos más motivos para indignarse. Pero por ellos nadie se indigna y, los pocos que lo hacen no consiguen nada exactamente por el motivo de que son sólo unos pocos. Espero haber aclarado mi desordenado artículo en cierta medida.