domingo, 28 de febrero de 2016
Y en nuestro porche es más blanca la luna...
Vendo tiempo
jueves, 25 de febrero de 2016
La rueca
sábado, 21 de noviembre de 2015
Miedo a morir
Muerte…
… … … … … muerte… … … … … … … … muerte
… … … … … … … … … … … muerte…
…muerte… … … … … …
¿Dónde?
Olvido, nada, blanco,
pánico, vacío…
… … muerte…
… muerte…
… … … … … … … … muerte… … …
Nadie, miedo, incomprensión,
inexistir, reencarnación,
vaquero, desaparezco.
… muerte… muerte… muerte…
Lloro, amargo,
dolor de estómago, vómito,
pasos, respiración,
taquicárdico…
MUERTE
¿Y si creo?
MUERTE
¿Por qué no puedo?
MUERTE
Solo lloro...
MUERTE…
Lloro solo…
MUERTE
Ya no puedo…
MUERTE…
Yo no quiero.
miércoles, 14 de octubre de 2015
¿Tú me pides que te escriba poesía?
Tú me pides, blanca, que escriba
los versos en prosa que harán que olvides tu día.
Los mismos versos, la misma prosa,
que arderán durante toda la vida.
Tú me extiendes, temblorosa, valerosa,
tu mano que quiere saltar la verja.
Yo te acerco, noches de desenfreno,
la pala con la que taparemos la fosa.
Te quiero y te quiero llevar al sueño.
Y mi tinta, mi cuento,
lo que llamas mi talento,
te han convertido en musa,
a ti, que nunca creíste ser poesía.
Y yo sé,
desde la primera rima,
a quién se refería Bécquer con poesía.
Me invadiste con tu risa.
Eres suave, eres brisa.
Rozar tu pelo mi mejilla era todo lo que quería.
Y dejé, dejé de escribir poesía,
y empecé, empecé a escribir poesía.
En el cuarto, con los pies dolidos
y cada centímetro de mi espalda molido,
no paraba, aún seguía,
aun viviendo en habitaciones separadas,
yo quería estar contigo,
que me susurraras al oído
que odias la música de Sabina.
Es tarde, por favor,
solo te pido,
que nunca más me pidas que escriba poesía.
Nunca más hagas eso,
no antes sin mirar al espejo
y preguntar al reflejo
dónde está la poesía
pura esencia de mi vida.
lunes, 1 de junio de 2015
Siempre gana lo cierto
tirando a medio lleno.
Vi la luna plena,
caída, desaparecida, ausencia.
Bebí de la copa de veneno,
asesino, revitalizante.
Volé la cometa
y me cortaron el hilo.
Puse la última carta
del castillo de naipes que se llevó el viento.
Tiro el dado,
siempre sale el tercer seis traicionero.
Y la verdad es que miento,
y el engaño lo cierto.
Nada más contradictorio que tener sentimientos.
Nada más patético que quien es mierda por dentro.
Y el petardo de la caca,
no quieres encenderlo.
Se piensan que es un juego,
se creen dueños de tu tiempo.
Y la máscara sonríe,
mientras por bajo arde el infierno.
Y le hacen vudú a tus muertos.
No eres más, no sois más
que el juguete que pronto olvidan.
Estamos bajo la lupa,
en el punto de mira,
somos aquellas dos hormigas.
Una reina, un obrero,
intentando escribir el cuento.
Y del fondo, del grito, del lamento,
surge la princesa,
surge el príncipe,
no gana el gigante,
no gana el enano,
porque al final
el veneno no hace efecto,
siempre gana el amor,
siempre gana lo cierto.
sábado, 23 de mayo de 2015
La libretita de cuero con goma elástica
sábado, 18 de abril de 2015
Gracias.
Y nos quitan la capa
en pleno vuelo:
nos metemos en la tormenta.
Nos arrojan, nos empujan,
no sabemos reaccionar.
Las nubes y las estrellas
ahora son truenos, centellas,
rayos y centellas.
Nuestra fuerza de repente,
siete veces menor a la de un gnomo
y un llanto seco
nos estrella.
Y siento la impotencia
y miento para que no me crean
y solo es cierto que no hay certeza,
no hay cielo claro,
solo una dura,
angustiosa,
angustiosa dura corteza
que nos revuelve el estómago
y lo más que podemos hacer
es aguantar,
aguantar esas ganas de vomitar
a la realidad,
a una realidad imperfecta,
de golpes, de zarzas,
de espinas,
sin rosas.
Ya murió la mariposa,
ya llora, desconsolada,
la princesa.
Ya susurra aquella sombra,
rastrojo que arrastra tristeza.
Y mi medicina es la ponzoña
que me mata y me envenena.
Y mis lágrimas son sucias,
ya no filtran,
no confían.
Intranquilas se desprenden,
saltan al vacío
desde mi ciega retina,
rutina diaria, rutinaria,
nos sentimos ángeles
con las alas cortadas.
Y sabemos que pudimos volar,
añoramos el cielo que contamina la realidad.
Caídos, perdidos,
bebidos, vividos, vívidos,
enjaulados, atados,
nos gastaron los suspiros…
Y se nos vuelve olvidar,
el arco friega la cuerda,
da una nota de esperanza,
de brío, de valor y brillo.
Nos tiramos de cabeza al sueño,
nuestras alas rotas pueden volar.
Y en el paredón del cielo,
nos dan, esquivamos las balas,
bailamos en la tormenta,
atormentamos la realidad,
le damos dosis de la nuestra.
Y nuestra sangre riega los campos
y nuestro vómito
es el sustrato donde crece la rosa,
nuestro aire,
el mismo donde crecen las mariposas.
La princesa ríe, alegre,
en nuestra cama.
Y me devuelve la capa,
me da las alas.
Gracias.
lunes, 6 de abril de 2015
Hacer nuestro el tiempo…
Hay veces que queremos parar el mundo,
otras necesitamos acelerar cada segundo,
intentamos hacer nuestro el tiempo,
pero no podemos...
Y nos sentimos perdidos, sin rumbo,
vagabundos sin dueño,
vestidos de duelo,
siguiendo mil sueños.
Perdiendo el norte,
acercando el imán a la brújula,
volviéndola loca,
del norte al sur,
ahora al oeste,
luego al este,
otra vez al sur,
y no hace más que dibujar corazones,
corazones y suspiros helados,
que se calientan,
suspiros hirviendo que se congelan,
y nos dejamos flotar en las mansas aguas de un lago helado,
y nos dejamos quemar en el vivaz fuego del bosque ardiendo,
y tumbados, tirados,
flotando, ardiendo,
consumiéndonos,
aún tenemos fuerza y
entreabrimos nuestros ciegos ojos,
ciegos de lágrimas,
las mismas que congelan el lago
y encienden el fuego,
las mismas que ríen en el infierno
y hacen llorar en el cielo.
Y entonces,
náufrago sin barca,
a la deriva,
dejas de lado a Caronte,
estás por encima
o por debajo,
pero eres algo más
o algo menos,
no lo sabes,
pero no eres eso.
Te dejas llevar, llevar por la corriente,
por el viento, por el hielo,
por el fuego,
por el cielo y por el infierno,
te dejas llevar porque sabes, que al final,
al final no caerás, no hay precipicio,
hay tierra firme y dejarás de ser esclavo del tiempo,
esclavo sin reloj y con cadenas,
las fundirás, lo dominarás,
aunque ahora te dejes llevar,
aunque tengas que dejar el tiempo a lo suyo,
que se dedique a pasar,
al final, al final tu tirarás los granos de arena,
tú llenarás el reloj de cristal,
tú harás la tierra firme y no,
no serás tú, la tierra firme,
la tierra firme sabes dónde está.
sábado, 28 de febrero de 2015
El prospecto. 1
“Pensamientos de suicidio y empeoramiento de su depresión o trastorno de ansiedad. Si usted está deprimido y/o tiene un trastorno de ansiedad, a veces puede tener pensamientos de hacerse daño o suicidarse. Esto puede aumentar al principio de comenzar a tomar antidepresivos, debido a que todos estos medicamentos tardan un tiempo en hacer efecto, normalmente unas dos semanas pero a veces puede ser más tiempo.”
No paraba de releer una y otra vez aquel párrafo de aquel prospecto de aquellas pastillas que le había recetado el médico. Estaba tirado en el suelo, solo, con la espalda contra la pared, una mano apoyada en la cabeza, las gafas en su regazo y la caja de pastillas, en las que solo faltaba una, en su otra mano. El prospecto arropaba su pantalón y le gritaba diciéndole que su estado anímico, que al lugar donde había llegado, hoy en día se le llama depresión y si tomaba aquellas pequeñitas pastillas azules, podría salir de allí. Depresión, de-pre-sión. No era posible, no podía estar metido en esa mierda, él no, a él no le podía pasar eso. Pero ahí estaba, tirado en el suelo, sin recordar cuándo fue la última vez que se duchó o cambió de pijama. Ni siquiera le quedaban platos limpios, la nevera vacía, con medio limón de testigo. El buzón lleno, lo miraba cada día, en busca de aquella carta que le diera algo a lo que acogerse para seguir, pero nada, facturas y publicidad, ni siquiera se molestaba en sacar las cartas del buzón. Llevaba semanas, casi meses, siendo impuntual e ineficaz en el trabajo y ya le habían dado varios toque s de atención, afortunadamente siempre supo disimular muy bien y hacer lo justo para que siguiera pareciendo ante todos que no era de esa clase de personas que necesitaban esas pastillas.
Lo peor de todo era el bloqueo, el bloqueo de todo. Había decidido no destruirse. La primera opción, no recordaba cuándo, pero en el momento en que toda esa mierda comenzó, lo primero que hizo fue darse a la bebida. Se pasaba los días bebiendo y las noches cerrando los bares hasta volver a casa sabiendo que debía de tumbarse de lado porque tarde o temprano vomitaría. No era imbécil y pronto se dio cuenta de no estar solucionando nada. Fue fácil para él dejar de beber, coincidiendo con dejar de dormir. De repente las noches en la cama eran insoportables, necesitaba salir, salir y no parar de caminar. La peor noche fue aquella en la que empezó a caminar y llegó a aquel peñasco, con unas vistas increíbles, unas vistas que dejaron de ser vistas para ver solo la profundidad y que llegaran a su cabeza preguntas como qué pasaría ahora si estuviera él en el fondo del peñasco. Se lo preguntaba constantemente. Cada noche, durante tres meses, estuvo acudiendo allí, pero no supo, nunca supo encontrar una respuesta, el bloqueo seguía, estaba en un punto muerto, su problema, sin embargo, era que estaba vivo.
miércoles, 18 de febrero de 2015
Vein-ti-dós
Veintidós, vein-ti-dós. Menuda mierda más grande. Creí que no llegaría. No me gusta, no me gusta cumplir veintidós años. Y no puedo hacer nada. Hoy veintiuno y mañana el golpe. Me suena tan tremendamente mal. Solo quiero que pase, que pase… ¿Qué he hecho en estos veintidós años? Poco, poco o nada, y sin embargo demasiado. Todos lo sabemos, a veces estamos años y años, pasan cosas y más cosas, y te das cuenta, o no, simplemente pasan y ahí estás, viviendo al día, al ritmo del paso del tiempo, como toca, como tiene que ser y como es para todos. Pero otras veces… otras veces llega un segundo, o un minuto, por si me leen algunos escépticos o que me acusen de exagerado… Pero a veces, en esa milésima (que se fastidien los que piensen que soy un exagerado, sin ánimo de ofender, bueno, o con él, lo que veáis…), en esa milésima, por fin todo es diferente, por fin pasan cosas, por fin hay sentido, por fin te sientes vivo de verdad. Ya no es el que pasen más o menos cosas, es que pasa algo que de repente te hace estar vivo en un mundo… (¿mundo? No sé por qué lo he escrito, quería escribir “modo”, tampoco sé por qué lo dejo y me obligo a explicar mi fallo ante vuestros ojos)… Y aquí estáis, y aquí estoy, escribiendo como un loco, pero peor es lo vuestro, que leéis a aquel que nunca estuvo cuerdo, que pensáis que podéis encontrar algo, alguna clase de… no sé, no sé explicarlo. Empezaba a escribir porque me apetecía, pero como veis, no sabía qué ni cómo y todavía no lo sé. Llevo tiempo pensando en escribir una nota de suicidio. A ver, a lo mejor me he explicado mal… o simplemente no lo he hecho. No es que me vaya a… ni siquiera puedo decirlo. No. Escribirla, pero fingida. A ver, fingida no para fingir lo que viene siendo mi… que NO. Bueno que me imaginaba un texto que simulara una nota de suicidio pero el suicida fuera tan tonto que acabara realizando un canto a la vida. Y ahora miradme, no sabía qué escribir, pero sabía que cuando pasa alguna cosa mínimamente importante o que así la veo, pues me da por escribir algún post… no sé, algún año nuevo, algún sentimiento que no puedo aguantar ni retener dentro de mí… no sé, cualquier cosilla… Y el año pasado, si no recuerdo mal, por estas fechas también escribí un post… Se ve que veo el tener más y más años como algo lo suficientemente importante como para escribir… No tiene sentido, aunque pocas cosas lo tienen… ¿Algo lo tiene? No lo sé… Muchas veces, demasiadas… De eso os daréis cuenta con los años, tiene gracia que lo diga yo, que aún con veintiuno no puedo haber sido capaz de no sé… ver ese sentido que todo el mundo parece encontrar a todo. Y no paro de ver ahora en mi discurso algo que tiene tanto de diario… Pero yo no escribo diarios, al menos no los leeréis, mis diarios están escritos a manos. Pero espera, ¿nos está diciendo que esto verdad? Si nos cuenta algo de él que es verdad… todo lo que escribe es cierto… oh, Dios, nos está contando lo que le pasa… Cumple veintidós años y además está perdido o algo, quería escribir nosequé y… Y se acaba de dar cuenta de que él lematiza “no sé qué” aunque no es correcto… Pero… Y ahora nos quita la voz y vuelve a ser él, y nos vuelve a poner en la duda de lo que es ficción y de lo que se está inventando y ahora mismo pensaba que acabaría todo esto con un “mañana cumplo veintidós años”.
lunes, 26 de enero de 2015
Y ahora otra vez no sé que hacer
Y ahora otra vez no sé qué hacer,
sentado en el metro,
la mirada perdida,
una mirada que no mira.
Solo sé que no puedo caer,
pero si caigo, me arrastraré,
porque hay veces que no puedes vivir de pie.
¿Vivir en la depresión otra vez?
Y las voces son ruidos que rebotan,
rebotan en mí,
tan absorto en la nada.
Y mis ojos rojos sollozan,
sollozan y lloran un veneno amargo,
tan amargo y tan dulce al probarlo.
Y te viene la pregunta, la premonición,
de si todo será igual,
de si lo vas a poder soportar.
Y me bloqueo,
me ahogo congelado en el hielo,
cuando todo arde,
cuando la cabeza estalla,
el cuerpo pesa
y el corazón se para.
Y todo a mi alrededor,
todo pero no hay nada.
y lo miro y lo veo pero no hay nada.
Es todo tan aparente,
tan falso, tan injusto…
y no hay nada que duela más en el mundo,
que la incomprensión del alma,
que te hagan sentirte solo,
rodeado de gente extraña,
gente rara que parece ser lo normal,
pero gente mala,
envenenada.
Y una y otra vez te dan golpes,
en una mejilla, en la otra,
en toda la cara. ´
Y cuando no hay más que magullar,
empiezan con el resto del alma.
Y no paran,
una y otra vez,
te quieren destrozar
desde una presunta tolerancia,
de lo que llaman ser modernos,
y lo que yo pienso que es no tener valores
y critican y rechazan,
una moral que ellos llaman cristiana.
Tan idiotas que no saben que no importa la etiqueta,
cuando el amor, el sentimiento puro,
es bueno y sincero.
Que por encima de todo prima una forma de ser,
que prima una verdad.
y que yo, que creía en las personas,
me confieso descreído,
y ahora creo en los sentimientos,
en los sentimientos que me ofrecen lo vivido.
Y siento dejar de creer en vosotros,
egocéntricos de vuestro ombligo,
con valores que no entiendo,
que son en realidad tan falsos y vacíos,
y desde allí, veis los míos,
y envidiosos no reconocidos,
os burláis, me atacáis,
creéis hacerme un favor
y lo hacéis,
porque me apartáis,
me apartáis cada vez de un mundo fingido,
un mundo que llamáis real,
realidad, y sin embargo construís dejándoos llevar,
siendo el uno y el otro igual,
igual de vacíos, igual de sinsentidos,
igual de dolidos, igual de podridos.
y aún así, no sé si lloro por vosotros y por mí,
porque habéis construido ese mundo en ruinas a mi alrededor,
intentáis que crea que es real,
que pensar diferente es querer escapar.
Enhorabuena,
lo habéis conseguido:
quiero escapar, huir lejos,
encontrar mi verdadero hogar.
Hacerlo yo,
que nunca nadie más me diga que deje de soñar,
que mientras siga vivo yo,
juro y prometo,
que habrá en este mundo un soñador.
martes, 20 de enero de 2015
Un día de una vida (II parte de “Un… un…”)
—¿Cuándo?
—Mmmm.. pues tampoco lo sé.
—Sí que lo sabes, pero no te apetece decírmelo ahora porque vamos a por la tercera.
—¿A por la tercera?
—¡Jajajajaj! Increíble, lo que pagaría por haberte hecho una foto de la cara que has puesto.
—La cara que tengo, guapa.
—Y lo que a mí me gusta esa carita.
—Ñoñerías mañaneras para empezar el día con energía, ¿eh?
—El día ya lo hemos empezado con energía.
—Y ha sido mi culpa.
—¡Lo reconoces!
—Sí.
—Vale, y tú, ¿qué excusa pones cuando llegas tarde?
—¿Yo? Pues sinceramente, ninguna. Ni siquiera se dan cuenta de que no estoy creo yo.
—¿Cómo puede ser eso?
—Bueno, algo me dijeron el otro día, creo que el jefe me estaba echando una bronca increíble por haber llegado media hora tarde y…
—¿Y ahora me lo cuentas?
—Vamos a ver, tampoco me enteré mucho de la bronca.
—¿No?
—No.
—Fue la mañana de la nata.
—La mañana de la…¡Ah! ¡Jajajajaja!
—Exacto.
—Vale, perdonado entonces, perdonado, indultado, premiado y lo que quieras, porque menuda mañanita…
—¿Y la noche? Te acuerdas de la fon…
—La fondue de chocolate después de que estos se fueran.
—Madre mía menuda nochecita, esas sábanas las tiramos, ¿no?
—No nos quedó otra.
—Buf, lo que fue esa noche eh, jugamos a Michael Jackson, nos hicimos negros y luego poco a poco…
—Poco a poco volvimos a ser blancos
—¡Jajajaja! Pero mucho mejor nuestro método, más barato que la cirugía, sin anestesia, solo con nuestras…
—¡Para que hoy no vamos a trabajar al final!
—¿Y a ti no te dicen nada?
—¿A mí? Digamos que tampoco se dan cuenta, o eso o no quieren decirme nada… Saben que trabajaré para ellos y so buena, creo que ya se lo demostré lo suficiente cuando…
—Sí, cuando tuviste que ir a trabajar. Si no les quedó claro…
—¿Y tú qué hiciste? ¿Qué hiciste mientras?
—Ya lo sabes, cosillas, no parar, te lo iba contando.
—¡Es verdad! ¿Comemos juntos?
—¿En casa? Yo salgo sobre las dos y aún no sé si iré por la tarde o…
—Nos da tiempo, pero en casa no. Me apetece restaurante, de los buenos.
—Nuestros amigos se asustan cuando te oyen decir eso.
—¡Jajajaja! Ya deberían de saber que cuando digo restaurante de los buenos es uno bueno, bonito y barato, y sobre todo tranquilo.
—¿Deberían?
—Sí.
—Sí.
—Oye.
—¿Y si nos vamos?
—¿A trabajar?
—No.
—¿A por el tercero?
—No… bueno sí, también, pero…
—¿A dónde?
—Lejos.
—Lejos, como…
—Lejos.
sábado, 20 de diciembre de 2014
Un día de una vida (I partede “Un… un…”)
—¿Te acuerdas?
—Claro que me acuerdo, cada día.
—Pero, ¿sabes de lo que digo?
—Estoy pensando lo mismo que tú. Otra vez llegamos tarde.
—Es tu culpa. Siempre tardamos en salir de la cama por tu culpa.
—¿Mi culpa? Bueno… yo… es que me despierto y estás ahí… y…
—Y llegamos tarde…
—Pues sí.
—Pero entonces, ¿sabes de lo que hablaba?
—Hace un año, claro que lo sé.
—¿Un año?
—¡Exacto! Un año desde ese ascensor.
—Un año…
—¿Cómo te sientes?
—Un año…
—Y si lo dices otra vez más ya serán tres.
—¡Jajaja! Perdona, no me había dado cuenta. Sí, me refería a eso. Ya no cogemos el ascensor.
—Lo sé. ¿Para qué?
—No sé, para hablar del tiempo, para conocernos mejor, o incluso si un día se queda parado y estamos solos…
—¡Jajajajaj! Para o tendremos que volver a casa y llegaremos más tarde aún.
—Sí, mejor paro.
—¿Has dejado tú el periódico ese en la mesilla?
—¿Yo? ¿Cuál?
—Uno, abierto por una página en la que ponía algo sobre cuántas veces se hace el amor a la semana y lo que conlleva.
—No sé, ¿qué decía?
—Pues en resumen: cuanto más veces menos estrés, más inteligencia, salud y felicidad.
—Pues no lo he dejado yo, pero…
—¿Pero…?
—No sé, algo tendremos que hacer entonces.
—¡Jajajaja! Y luego dice que llegamos tarde por mi culpa.
—¡Jajajaja!
—Un año del ascensor, de ir al zoo, de tumbarse a mirar estrellas, de sorprendernos cada día, de conversaciones de locos… y de amor, mucho amor.
—Sobre todo mañanas como las de hoy.
—Y dos veces, ¡choca!
—¡Jajajajaja! ¡Idiota!
—Ya sabes que siempre lo fui, te lo advertí. Qué risa, ¿te acuerdas que me hablabas de usted?
-Vaya tela, es verdad… aunque me lo estoy replanteando…
—¿Y eso?
—¡El otro día te vi una cana!
—¡Eh! ¡Jajajajaja! Que tampoco nos llevamos tanto…
—Ni tan poco…
—…
—Te quiero.
—Y yo a ti.
—Me encanta lo bien que lo pasamos, desde el primer momento hasta hoy.
—Bueno, siempre bien…
—¿No?
—A ver…
—¿Alguna vez lo pasamos mal?
—Mal tampoco, pero…
—Madre mía, noticias frescas, a ver, ¿qué me he perdido de esta historia de peli que escribimos cada día con final feliz?
—Lo del final feliz, ya tuvimos que hablar de eso, ¿te acuerdas?
-¡Eh! No vale, esa pregunta era mía.
—Pues ahora te toca.
—Mmmmmm… no sé, ¿cuándo no lo pasamos del todo bien?
—Acuérdate, cuando…
—¿Cuando?
—…
sábado, 15 de noviembre de 2014
“Bautizos, bodas y comuniones”
anunciaba aquel jarrón
de aquel escaparate,
y entonces vi,
desordenada, una vida,
una vida por ser vivida.
Pensé que allí había una historia,
quizás un poema,
pero alejé la mirada,
seguí mi camino,
pero la vista,
una vista ya cansada,
seguía en aquellos jarrones.
Pensé todo lo que escribiría:
ese niño que nace,
o esa niña,
mejor niña,
primero será niña.
Nace y entonces,
tras mirar miles de nombres,
tras descartar millones
y quedarnos con tres o cuatro,
nace y le vemos la cara,
y tiene cara de…
Y seguimos en la tradición,
por modernas que sean nuestras ideas,
nos gusta esa celebración,
estamos los dos de acuerdo,
tomamos la decisión,
invitamos a la familia,
será algo íntimo:
un corto sermón,
algunas fotos,
quizás un llanto por el agua fría,
quizás silencio por la bendición,
y después las fotos para recordar,
y después las fotos para no olvidar.
Son las primeras que llenan el álbum,
justo después de las de su primera habitación,
y las de su cunita en el hospital,
y las de la primera noche en casa
y el cambio del primer pañal.
Esas noches en vela que tanto nos dolieron
pero con tanto placer recordamos,
porque son momentos para no olvidar.
Y luego al banquete,
que no falte nadie.
Y tiene dos padrinos
y tres hadas madrinas,
y reparten los detalles,
y encienden la traca
y pasan el libro de firmas.
Y pasa el tiempo,
le crecen los dientes,
las primeras palabras,
algunas edulcoradas,
algunas envenenadas,
otras tiernas, algunas gracias,
algunas ideas maestras
y muchas preguntas,
muchos porqués
para los que a veces no tienes respuestas.
Y te levantas,
estás llorando,
bloqueado,
no sabes como sigue el poema,
porque todo de momento es imaginado
y necesitas realidad,
aún no,
pero la necesitas ya.
Te vuelves a sentar,
sigues escribiendo esa vida.
Pero no hablarás de los paseos por el parque,
de las comidas en la trona,
de las veces que se queda con los abuelos,
de su primer viaje en coche,
su primera visita al zoo,
esa primera vez en la playa,
en la que como os hicieron a vosotros,
la llevasteis desnuda,
era demasiado pequeña para el bañador.
No hablarás de esos y de otros muchos momentos
que también estarán en ese álbum de fotos,
después de cuando lo del bautizo.
Piensas que te apetece hablar sobre las bodas,
por cercanía,
ya no piensas en esa niña,
ahora piensas en ti,
en ti y en ella,
en unas bodas que están lejos pero se acercan.
¿Cómo se lo pedirás?
¿Te lo pedirá ella?
Imposible, quieres ser tú,
quieres sorprenderla,
pero en la intimidad,
darle la más grande sorpresa
y que te la dé ella al decir sí quiero
y ofrecer su dedo para que le dibujes el anillo
un señor anillo que se borrará de su mano
pero se quedará en su corazón.
Y tendrás su mano y correrás gritando al cielo
que nadie puede ser más feliz,
y llamas a tus padres, a tu hermano,
a tus primos, a tus tíos,
a tus abuelos, a tus amigos,
a tu familia,
y lo cuelgas en Facebook,
porque eres tradicional,
pero moderno.
Y preparáis todo,
y decidís entre los dos
y será todo sencillo, más bien modesto,
pero a la vez será tan grandioso.
Y piensas que será donde las vidrieras,
y entre los dos elegís las flores,
hay muchas rosas
y pasillo de jazmines.
Y habrá una sesión de fotos
para llenar otro álbum nuevo,
y bromeas con hacer un selfie en el altar
y te mira mal, pero se ríe,
porque no os sabéis enfadar.
Y no lleváis zapatos,
lleváis converse a juego,
todo por una promesa,
algo que pensaste que sería un reto,
pero es divertido,
os hace únicos,
aunque siempre pensaste
que llevaríais zapatos en el último momento.
Y la imaginas a ella,
completamente vestida de blanco
y tú llevando tu traje,
parece que vas arreglado,
pero una barba de tres días
te da ese toque que siempre te gustó desaliñado
por mucho que siempre te llamará aseado.
Y ella nunca brilló tanto,
nunca en la vida,
solo más bella cuando está desnuda.
Preciosa sonríe,
sus ojos azules como el cielo del mediodía,
pero cuando salís de la iglesia llueve
y os reís porque siempre supisteis que llovería.
Y entre arroz y gritos,
las risas de vuestros padres,
las lágrimas de vuestras madres,
os metéis en el coche,
entre risas y os besáis.
Os lleva al banquete,
llegáis algo tarde,
ya está toda la familia
y suena el himno nupcial,
pero el vuestro
y resuenan los vivas los novios.
El menú, que tanto tardasteis en decidir,
solo lo probáis a medias,
os toca estar para todos,
sonreír y pasa la gente
y pasan las fotos
y no os dais cuenta
porque de lo felices que sois
simplemente actuáis,
no es tiempo para pensar,
para eso están las fotos,
fotos que llenarán el álbum para recordar,
ese álbum para no olvidar.
Y cambias la dirección del poema,
ahora lloras menos,
te vuelves a levantar,
esta vez para mear.
Vuelves al ordenador,
estás más sereno has hablado con ella.
Y hablabas de las bodas,
pero ya ha pasado el momento,
no escribirás de los primeros trabajos,
de cuando os fuisteis a vivir juntos,
de la luna de miel,
de la luna de paté, nata,
guaraná y todo lo que se pudiera untar.
No hablas del lugar,
lo decidisteis entre los dos,
siempre lo tuvisteis claro
y al verlo,
al tener los billetes entre las manos,
al subir al vuelo os mirabais,
asentíais sabiendo haber acertado
y mientras el avión despega
vuestros labios se pegan entre
sonrisa y sonrisa,
bailan las lenguas.
Tampoco escribirás de esos días previos de nervios
ni de esas noches de desenfrenada locura,
ni de la búsqueda de piso o la compra de muebles,
los días de hacer la compra y el reparto de tareas,
las lavadoras, las camas,
las estanterías, bajar la basura,
cambiar las bombillas…
quizás no sea apropiado para este poema.
Las comuniones,
esa tercera palabra en la que viste un poema.
Y ya no sabes cómo escribirla,
estás más bien lejos,
pero te para cerca por tus familiares pequeños.
Dos días a la semana van a catequesis
y te cuentan que si pueden,
otros tantos a misa.
En la última comunión te tocó conducir
y bebiste cerveza delante de tus padres,
tenías un examen al día siguiente.
Lo pasabas bien, pero estabas solo
y piensas en la siguiente que viene,
irás acompañado,
vestido de gala,
ella preciosa
y tú desaliñado.
Y será más familia.
Y ese niño que comulga,
que se ríe
y cuando te ve se burla,
sabe bien las oraciones,
pero mira los regalos.
Y llora quizás por las fotos
porque nunca le gustaron,
pero el caso es que los padres quieren el álbum,
quieren ese álbum para recordar,
quieren esas fotos para no olvidar.
Una bici, un balón,
una nueva consola,
una biblia, un ordenador,
la equipación de su equipo,
algún libro, ropa,
un estuche, un compás,
una tablet y un iPhone.
Y cuando la misa,
tú esperas con tu novia en el bar,
hay muchos niños,
pero solo uno es tu familiar,
entras solo al final,
cuando le dan la bendición,
y otra vez hacia el banquete
y os presentáis a todos,
anunciáis vuestra relación.
Y decidís marchar un poco antes,
no hay nadie en casa y os vais al salón,
cogéis una peli y la manta,
ni veis la peli ni usáis la manta.
Y es el momento en el que te das cuenta de que decae el poema,
de que se está acabando a cada pulsación del teclado,
te sales de la historia,
de ese cartel del escaparate
y recuerdas cuando,
hace tan solo unas horas,
le contabas a tu amor que habías leído algo increíble,
lo mejor que habías leído en tiempo,
y recuerdas ese momento en el que se lo dices:
“Bautizos, bodas y comuniones”.
Y ella se ríe
y le dices haber visto una historia,
un poema, una canción,
el paso del tiempo, algún sentimiento.
Y olvidas el tema durante toda la tarde,
pero cae la noche y no está,
y no está y es momento de escribir,
porque no le queda mucho para volver,
y le has contado que escribías
y justo ahora, en este instante,
recuerdas la broma que le hiciste mientras se reía
de tu descubrimiento en el escaparate:
¿Por qué en los entierros no se da regalo?
le insinuaste,
y quizás le pareció el chiste un poco macabro,
pero seguiste con la broma
y acabasteis riendo,
porque en el fondo lo sabéis:
no habrá regalo en vuestro entierro,
el caso es que ni siquiera habrá entierro,
porque desde hace tiempo decidisteis vivir el sueño,
seríais inmortales desde aquel primer beso.
Y sabiendo que debería acabar en el anterior verso,
sigues escribiendo,
escribes para decir que por extenso,
no has sabido retratar una vida,
no has sabido escribir en verso,
no has sabido contar la métrica,
tampoco hallar la rima,
pero te da igual, no te importa,
solo quieres que llegue a casa,
enseñarle tu poema
y que al final,
de todo lo que lea,
se quede solo
con este verso final:
te quiero.
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Es tiempo de ropa de calle…
de no arreglarse,
de esperar que todo pase.
Es tiempo de esperar,
de no sentir que pasa,
que simplemente tictac.
Es tiempo de no abrir los ojos,
es tiempo de no mirar.
Es tiempo de deambular
porque ya no hay pasear.
Es tiempo de aguantar la respiración,
es tiempo para llorar,
tiempo para no pensar.
Es tiempo de aguantar,
de no dejarse llevar,
de volcarse en la libreta;
tiempo de hablar pero callar.
Es un tiempo tan confuso,
que no sé cómo expresar.
Es tiempo de zozobra,
cuando nunca viví en el mar.
Es un tiempo entre las sombras,
esperando tu brillar.
Es un tiempo que se para,
separa y une más.
Es un tiempo eternamente fugaz.
Y volverá a ser siempre,
pues nunca dejó de serlo,
un tiempo para amar.
sábado, 1 de noviembre de 2014
Y relees.
Y relees una y otra vez la promesa que te hiciste hace tiempo en tu gastada libreta. La miras, la lees, del principio al fin, del fin al principio. Eres un traidor. Hace tanto tiempo que sabías que así no te divertías. Y parece que no te queda otra, pero claro que queda otra. Y da igual todo, que les den, porque no tienes que actuar en tu vida… Ya no puedes, ya no quieres. Vale ya, ya vale. No volverás, no volverás a caer en lo mismo. No volverás a despertar igual, infeliz contigo mismo y no por ti, porque tú sabes lo único que quieres y necesitas para ser feliz. Tú sabes lo que te gusta, lo que quieres y no tienes que hacer lo que no quieres, no tienes que actuar, simular felicidad, porque sabes dónde está la felicidad, sabes en qué cosas, en qué momentos, en qué ojos se esconde. Y por fin decides que no, que ya no más, no volverás a repetir esos momentos que todos venden y cuentan con una estúpida y falsa sonrisa. Quizás ya no te levantes, quizás pasees solo, quizás celebres para ti, pero al menos, al menos no engañarás a nadie, nadie te engañará, todo será verdad. Y sabes, que cumpliendo tu promesa, sabes que en esos momentos, serás feliz, porque haces lo que quieres.
domingo, 7 de septiembre de 2014
Princesa de cielo y tierra
Ella, princesa de cielo y tierra,
remitente de mis mensajes en botella.
Bella como la luna,
azules ardientes ojos de estrellas.
Yo, vasallo arrodillado
que cada día pide su mano.
Loco enamorado
que nada entre cielo y tierra.
En la más alta torre del más alejado castillo
estaba encerrada libre,
pues solo ella tenía la llave
del más inmortal corazón.
Era libre en una torre,
y yo, esclavo de sus besos,
prisionero sin cadenas,
anhelaba a la princesa,
reina de mis huesos,
diosa de mis rezos.
Joyas y vestidos se peleaban por tocarla,
relinchaban los caballos,
por llevarla en sus carrozas,
y los peines se morían por peinarla.
A cada brazada me sentía más cerca,
llegaba a su reino,
moría por verla.
Mojado del mar llegaba a los guardias,
medio ahogado, borracho de olas,
buscaba mi droga.
Asomaba ella por su ventana,
era ahora llena luna
con ojos azules de estrellas.
Ardía entonces mi sangre.
Su aroma helaba a los guardias.
Loco de mí,
maltrecho y malherido, pensaba en mirarla
y me sentía vivo.
Su sonrisa, una constelación,
me guío a la alto del castillo.
Estás aquí.
Estoy aquí.
¿Por qué?
Dije que siempre estaría.
¿Por qué?
Dije que te seguiría?
Nadie me ha seguido.
Yo te dije que lo haría.
¿Por qué?
Te di mi palabrita.
Lo sé.
Aquí estoy. Pareces sorprendida.
Lo estoy.
No deberías.
Nadie me ha seguido.
Lo sé.
¿Y tú?
Te dije que siempre estaría.
Solo soy princesa.
Eres mi reina.
¿Y qué?
Te sigo entre cielo y tierra.
¿Por qué?
¿Hace falta que lo diga?
¿El qué?
Que eres mi vida,
que sin ti cada día moría.
No lo entiendo.
No quiero que lo entiendas.
¿Por qué?
Quiero que lo sientas.
¿El qué?
Que contigo vuelo, que soy inmortal.
¿Por qué yo?
Porque eres mi reina
y yo solo un princeso.
Me has seguido.
Nunca me he ido.
¿Por qué?
Porque te quiero
y es lo único que tiene sentido.
Caca.
Caca.
martes, 18 de febrero de 2014
Imposible recordar…
Imposible recordar el momento en el que empezaste a mirar el pasado con un punto de nostalgia, con melancólica mirada. No hay otra forma de mirar atrás cuando los has pasado bien. No hablo ya de un tiempo lejano, ni siquiera meses, no. Hablo del día a día. Llegas a la cama, la abres, miras a la almohada y allí está ella, preparada para escucharte. Y le repasas minuciosamente cada segundo del día. A ella le da igual, pero tú necesitas contarlo, necesitas recordarlo porque aún no lo has procesado. Últimamente no piensas demasiado durante el día, simplemente lo vives, es justo lo que quieres, disfrutarlo, pero las noches… las noches siempre llegan y las conviertes en recuerdo consciente del día.
Y te ríes, te ríes solo de lo que te reíste hace unas horas acompañado. Y cuando por fin has conseguido contarle todo tu día, le cuentas cómo será el día de mañana, a veces te extiendes un poco más e intentas explicarle cómo será todo dentro de unos meses. Lo cierto es que no lo sabes, pero sabes cómo te gustaría que fuera, te haces una idea. Hace bastante que piensas que no cambias, pero eres consciente de que estás en un nuevo punto, tu cabeza funciona de otra manera, te permite relacionarte de otro modo, te has subido a una nube desde la que miras al mundo y lo ves diferente. Para nada has olvidado todo lo que sabías, no, pero lo ves de forma diferente.
Te ves viviendo, por primera vez te ves viviendo, riendo un pasado y un futuro. Antes solo creías vivirlos, reírlos, pero una vez más te das cuenta de que no. No sabes desde cuándo, no sabes el momento exacto, no sabes por qué… bueno, quizás el por qué es lo único que crees que sabes, pero no sabes el cómo. Los trucos de magia que nos impresionan y nos encogen el corazón se basan en eso mismo, no sabemos cómo. Tampoco debería importarnos, así que te conformas con creer que sabes el porqué.
Pero no te apetece pensar, ni siquiera escribir. Te apetece que mañana sea como hoy. Te apetece llegar a casa y repasar el día con tu almohada y agotarla con lo que viene. El presente ha dejado de existir en tu cama, pero lo más raro es que no te preocupa, simplemente te sientes bien y haces lo único que sabes hacer: te ríes.
domingo, 2 de febrero de 2014
El idiota
“Lluvia entre nube y nube,
tormenta de sol a sol”
Ya eran varias las semanas que estos versos encabezaban una página en blanco de mi cuaderno. ¿Por qué? No lo sé. Cuando doy con unos versos, los otros simplemente aparecen, la historia, el poema, se cuenta solo. Pero no puedo, no ahora. Soy incapaz de encontrar los versos perfectos, las restantes piezas del puzle. ¿Y si ya está? ¿Son suficientes esos dos versos? ¿Qué quieren decir? Los leo y me dicen todo, pero no puedo continuarlos, no puedo… ¿Puede llover entre nube y nube? No lo sé, pero me gustaría. Me gusta la lluvia. Me gustan las nubes. Eso sí lo sé. Tormenta de sol a sol, ¿es una tormenta que dura un día? Y la tormenta, ¿me gusta? Sí, supongo que también. Pero, ¿más o menos que la lluvia? No lo sé, es diferente.
Sé que ahora estoy contento, tengo ganas, entusiasmo. Ganas de vivir, entusiasmo por la vida. ¿No lo tenía antes? Sí, sí que lo tenía. Siempre he tendido a ser bastante feliz. Pero ahora es diferente. Miro estos versos y sigo sin poder seguirlos. No puedo continuarlos. Y el caso es que me siento más feliz y siento que cada vez lo seré más. Pero cuanto más profunda es esa sensación, más difícil veo acabar esos versos. Conforme me siento más feliz, empiezo a perder la capacidad de escribir. ¿Por qué? No lo sé. Hubo momentos en los que escribir era a causa de ser feliz. Otros en los que era la única manera de aguantar, pero ahora; ahora empiezo a no poder hablar, ni siquiera me apetece. Ahora tengo ganas de pararme en medio de la calle y mirar, fijarme en todo, respirar profundo y que no importe nada porque me sentiré feliz. Imaginar sin mirar, oír sin leer, hablar sin escribir, simplemente: sentir. Es raro, es diferente, pero solo sé que es así.