Se despertó extrañamente contento. Era uno de esos días que no paraba de cantar sin parar. En su mente no había rastro de ningún problema, de hecho no había nada. Sólo canciones. Todo un popurrí de melodías distintas que tal cual aparecían iban reproduciéndose en sus labios. Estaba simplemente contento. No sabía el porqué pero tampoco le importaba realmente. Únicamente cantaba, canción tras canción. Daba igual el tema, el tono, el idioma, no le importaba si no se sabía la letra, podía inventársela. Cantaba en todos los lugares a los que iba, cantaba a todas horas. La gente le miraba extrañada como tantas veces él había mirado sorprendido a la típica persona que va silbando por la calle… Incluso varios perros empezaron a ladrarle… pero no le importaba. Simplemente cantaba.
Cantó y cantó todo el día hasta quedarse sin voz. Cuando ya no pudo cantar más, empezó a tararear. Siguió tarareando. La gente le seguía mirando, los perros le seguían ladrando pero le daba igual. Estaba contento, no sabía el motivo ni quería saberlo. No le importaba. Sólo quería cantar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por comentar!!! Cuantas más opiniones lea mejor visión del mundo tendré (o al menos eso intentaré).