Un dolor de cabeza le invadía. No era un dolor físico sino algo más bien mental. Todo era un lío. Lo peor es que no entendía el propio motivo de tal dolor de cabeza. No comprendía nada. Recapituló lo que había hecho las 24 horas anteriores. Nada. Todo lo que encontraba eran cosas por las que debería estar más alegre, más contento de lo normal. Ese dolor infernal no tenía sentido. No le dejaba dormir, los ojos se le cerraban pero su mente seguía en marcha, sin parar. Pensaba, pensaba y volvía a pensar. No lo hacía sobre nada determinado pero ahí seguía. ¿Cuál era el motivo? Creía saberlo pero lo pensaba una y otra vez y nada, no tenía sentido. Recapituló tantas veces como pudo, buscando ese porqué, ese motivo de su locura… Sólo se le pudo ocurrir una cosa pero, no, no podía ser el motivo de tal quebradero sinsentido de cabeza, de tal lío mental. Si fuera el motivo de algo tendría que serlo de un sueño, de algo bueno y no de aquella enajenación… Era la locura, la locura que no volvía desde hace tanto tiempo, esa locura que había permanecido dormida en su cabeza, ahora, de repente, había despertado y, parece ser que el sueño le había dado energía a la locura ya que era más fuerte que nunca. Deseó poder enfrentarse a ella pero sabía que no podía, que no había solución… ¿Por qué razón era tan difícil? Tampoco lo sabía. Sólo sabía que, con el tiempo, tendría que acabar con esa locura, que tendría que enfrentarse a ella, dar la cara y, transformarla en un sueño o en una pesadilla. Estaba completamente seguro de que la transformaría en un sueño. Únicamente necesitaba tiempo, espacio y valor.
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