Y solo podía escribir cuando no
podía más, cuando estaba a punto de reventar, cuando necesitaba dejar salir
todo lo que tenía dentro y le atormentaba, cuando tenía que dejar de aparentar,
ese era el único modo de poder volver a fingir. Cansado, cansado era la
palabra. Cansado de no ser el protagonista, cansado de ser un chiste, cansado
de ser él. Quería y necesitaba cambiar, pero no sabía cómo. Se lo había
propuesto tantas veces… Tantas veces había evitado el llanto dándose esperanzas
él mismo, dándose él mismo las palmaditas en la espalda que le hicieran seguir
adelante…
Y al final, lo único que le
quedaba, cuando esas palmaditas dejaron de ser suficiente, era simplemente
escribir. Sacar todo ese sentimiento de dentro, expulsarlo, limpiarse…
Senti-miento… curiosa palabra… “Sentí-” en pasado, “-miento” en presente… ¿Por
qué no “sientomentí”? ¿Es qué no se puede sentir en presente? ¿Tenía que ser
siempre para él un lamento hablar de sentimientos? ¿Alguna vez sintió en
presente? No, no sintió en presente porque en presente se siente.
Y poco a poco fue saliendo todo
eso que algún día y tantas noches quiso decir, poco a poco se fue deshaciendo
de ello, vaciándose, vaciándose para otra vez empezar a llenarse, a llenarse
hasta no poder más, hasta estar a punto de reventar, hasta estar cansado de
vender felicidad, hasta volver a empezar… Y es que cuando vendes felicidad, se
te puede acabar.
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