—Buenos días.
—Buenos días, príncipe, ¿qué quería?
—Esto… a ver… estoy buscando a la dueña de este zapato.
—¿Por?
—Ella es mi verdadera amada.
—Creo que a mí me encajará perfectamente.
—…pues no, no vas a ser tú.
—Bueno, puede que sea una de mis hijas.
—Probemos pues…
—…
—Pues tampoco va a ser ninguna de ellas… espera, ¿y esa muchacha que está limpiando?
—¿Cenicienta? No creo, pero por probar…
— Hola, ¿qué quería?
—¿Te podrías probar este zapato?
—¿Para qué?
—Ayer conocí a la que sería mi amada y solo poseo este zapato suyo, entonces…
—¿Pero tú eres gilipollas o qué?
—¿Perdón?
—Nos pasamos toda la noche bailando, incluso me intentaste magrear, ¿y me ves la cara y no eres capaz de acordarte de mí? ¿Necesitas un puto zapato?
—Pero…
—Ni peros ni peras… Vete a tomar por culo.
—Pero soy el príncipe, yo… tú… el zapato… ser felices y comer perdices…
—Adiós he dicho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por comentar!!! Cuantas más opiniones lea mejor visión del mundo tendré (o al menos eso intentaré).