Nadie nunca escribió estos versos,
y sin embargo todos los hemos leído.
Nunca nadie pidió sus besos,
pero los robó Cupido.
Nunca nadie soñó con ella,
mas no calló en el olvido.
Nunca nadie fue más bella,
pero corrió un velo tupido.
Nadie nunca leyó estos versos,
pues nadie los ha escrito.
Nunca nadie;
siempre ella.
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