sábado, 12 de mayo de 2012

Era un día normal (II)

Las luces empezaron a parpadear, el suelo a temblar y a los lados se oía como chirriaba el roce del tren contra las vías. Cada vez parecía coger más y más velocidad. La gente empezó a chillar desesperada, temblaban y miraban hacia los lados, no sabían qué hacer. él, nervioso, empezó a mirar a los lados, el universitario se aferraba con una mano a la barra más cercana y con la otra a su lector de libros electrónicos, ¿quién en su sano juicio haría algo así? Delante de él apareció una chica con lo que parecía ser un contrabajo junto a su arco. En medio de aquel embrollo e´l no pudo evitar sonreír, en España siempre sorprende ver un contrabajo…pero no, no era el momento de pensar chistes sobre la crisis. Ella estaba asustada, se había sentado y acurrucado en el suelo, cogida a una de las barras verticales del metro.. La luz se cortó finalmente y de repente, pasados dos segundos, un gran golpe sacudió todo el metro y derrumbó a todos los pasajeros, a él incluido. Lo último que vio fue como aquel lector electrónico se abalanzaba sobre su cara…

Él empezó a abrir los ojos, lentamente, como en las películas como cuando se ven que los párpados se abren y se cierran como si fueran persianas pero, la luz era mínima. No podía moverse. Notaba una presión increíble por todo el cuerpo, como si estuviera aplastado por algo. Entonces notó el calor de un cuerpo encima del suyo. Era ella. Consiguió pronunciar unas palabras entrecortadamente:

-¿Estás bien?-dijo todavía sin poder moverse. Ella permanecía inmóvil encima de él. Ambos notaban la respiración el uno del otro en el pecho y, a pesar de ser dos desconocidos, su corazón y su respiración parecía haberse sincronizado. Finalmente pareció poder hablar.

-Sii…sí…-titubeó.

-¿Cuánto crees que nos tardarán en sacar de aquí?- preguntó él.

-No tengo ni idea, nunca me había pasado- dijo ella irónicamente. Él sonrió e intento seguir quitándole hierro al asunto.

-En mi último accidente de metro tardaron unas tres horas…Por cierto, me llamo Jack.

-Yo soy Victoria-contestó ella.

-¿No te parece raro?- preguntó él extrañado.

-¿El qué?

-No se oye a nadie más, solo tú y yo- Ella no se había dado cuenta hasta entonces pero era verdad. Él, empezando a intuir lo que pasaba sólo pudo decir una cosa.-Te quiero.-Ella sonrió y entendiendo lo que pasaba contestó.

-Y yo a ti.- Entonces una tercera voz apareció.

-¿Estáis bien?- ¿De dónde venía aquella voz? No podía ser…Entonces la oscuridad volvió y esa última voz siguió insistiendo en el estado de salud de ella y él.-¿Estáis bien? ¡Necesito ayuda!-Entonces él abrió los ojos. Esta vez de verdad.

Con la poca fuerza que le quedaba levantó la cabeza y vio cómo tenía encima a aquella desconocida que le había dejado anonadado mientras se peinaba en el reflejo del cristal de la ventana del metro. El universitario que leía en el metro era quién preguntaba por su salud y quien había pedido ayuda urgentemente. El aparato de leer libros estaba junto a su cara, posiblemente al volcar el tren él se había quedado inconsciente con aquél libro moderno sobre su cara, con una historia de la que nunca sabría el fin. Intentó moverse otra vez pero, miró bien y vio algo que le hizo cerrar los ojos para siempre. Ella estaba inconsciente sobre él y a ambos los unía el arco del contrabajo. Los había atravesado y unido para siempre. Con su último esfuerzo, le dijo al chico que les miraba y pedía ayuda cada vez más desesperado:-No me llamo Jack.- El joven quedó perplejo, no sabía que podía significar aquello, pero sabía que el final de aquél hombre trajeado que parecía que iba a vivir un día normal en la oficina se acercaba.Se limitó a sonreírle y a contestar.

-Lo sé.

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